Esta página pretende ser un punto de referencia para el análisis de la realidad política nacional desde una perspectiva católica. Está página no pretende inducir el voto de los colombianos hacia ningún candidato específico sino proveer información respecto de la postura de los candidatos frente a la moral cristiana. Esta página no tiene ningún vínculo con el Episcopado de Colombia más allá de los sacramentos recibidos por sus integrantes.
lunes, 14 de mayo de 2012
VI Marcha Nacional por la Vida en la revista Semana Católica
viernes, 11 de mayo de 2012
15 DE MAYO : DIA NACIONAL DE LA FAMILIA. ESTAS INVITADO.
Los invitamos a participar de este evento y firmar todos, la Alianza por la familia.
Padres de familia, hijos, abuelos, tíos, pronunciemos festivamente nuestro interés por promover los vínculos familiares!
Sera un momento de interés para conocer organizaciones que como la nuestra, apoyan y promueven los valores familiares.
No olvides confirmar tu asistencia al correo de la invitación a continuación: nsuarez@procuraduria.gov.co
Formación de los laicos para la política, por P. Ramiro Pellitero
Cuando nos acercamos a un sínodo sobre la nueva Evangelización, conviene tener en cuenta la importancia de los fieles laicos, los “cristianos corrientes”. Ellos están llamados a participar, según su propia condición de ciudadanos y cristianos, en la nueva Evangelización. Para eso requieren una adecuada formación.
Lo ha señalado Benedicto XVI ante un grupo de obispos estadounidenses, en el contexto de una reflexión sobre su tarea en el momento actual, concretamente para defender los principios éticos de la ley natural, como garantía de humanidad y de progreso.
“En el corazón de cada cultura –afirma el Papa-, sea o no percibido, existe un consenso acerca de la naturaleza de la realidad y el bien moral, y así acerca de las condiciones para la prosperidad humana”. Pero hoy existen corrientes culturales que erosionan esos principios éticos que, junto con otros procedentes de la tradición judeocristiana y de la fe cristiana, están en las raíces de nuestra civilización. (Y esto que está dicho para Estados Unidos, sirve también para otros muchos lugares, sobre todo de Europa y de América Latina).
Claves para la felicidad y el progreso
Respecto a los valores morales perennes, que la Iglesia propone como claves para la felicidad y el progreso, “en la medida que algunas tendencias culturales actuales contienen elementos que podrían restringir la proclamación de esas verdades, sea constriñéndolas en los límites de una racionalidad meramente científica, o suprimiéndolas en el nombre del poder político o la regla de la mayoría (esas tendencias), representan una amenaza no sólo para la fe cristiana, sino también para la humanidad misma y para la verdad profunda acerca de nuestro ser y vocación últimos, nuestra relación con Dios”.
Notemos que no se trata de una afirmación gratuita y menos de una obsesión de los católicos, sino de un argumento de experiencia al que Benedicto XVI acude con frecuencia. “Cuando una cultura intenta suprimir la dimensión del misterio último, y cerrar las puertas a la verdad trascendente, inevitablemente se empobrece y cae presa, como vio claramente en sus últimos años Juan Pablo II, de lecturas reduccionistas y totalitarias sobre la persona humana y la naturaleza de la sociedad”.
Justicia y razón abierta al espíritu
En consecuencia, continúa, la Iglesia juega un papel decisivo al oponerse a esas “tendencias culturales que, sobre la base de un individualismo extremo, intentan proponer nociones de libertad separadas de la verdad moral”. Subraya el Papa actual que “nuestra tradición no habla desde la fe ciega, sino desde una perspectiva racional que vincula nuestro compromiso por la edificación de una sociedad justa, humana y próspera, con nuestra definitiva certeza de que el cosmos posee una lógica interior accesible al razonamiento humano”. Por eso la ley natural no es una amenaza a la libertad, sino más bien un “lenguaje” que nos capacita para entendernos a nosotros mismos y la verdad de nuestro bien (diríamos, como un potente ipad que nos permite contemplar y leer, en su contexto, las maravillas de los seres que nos rodean y a nosotros mismos). De esta manera la enseñanza moral no es un mensaje de constricción sino de liberación, y la base para edificar un futuro seguro.
De ahí deduce Benedicto XVI que el testimonio de la Iglesia es por naturaleza público, y propone argumentos racionales en la plaza pública. La legítima separación entre Iglesia y Estado no debe significar que la Iglesia permanezca en silencio ante determinados temas, o que el Estado no pueda dialogar con las voces de creyentes comprometidos en la determinación de valores que configurarán el futuro de la nación.
Libertad de los laicos en las cuestiones opinables
En efecto. Todo ello es muy oportuno en el actual momento de debate ético sobre las cuestiones fundamentales que afectan a las personas y a la sociedad. El camino para todos sólo puede ser el respeto a la ley natural, que precisamente por ser natural está abierta a la verdad trascendente, y no cerrada en las realidades meramente empíricas y en las decisiones voluntaristas. Por otra parte, cabe recordar la libertad de los fieles laicos a la hora de mantener sus opiniones como ciudadanos: pueden tomar, y de hecho lo hacen, opciones diversas en los temas políticos, sociales y culturales, siempre que no estén en contra del lenguaje que la naturaleza imprime en la creación. Es claro que los fieles laicos no representan oficialmente a la Iglesia, por lo que ni sus opiniones ni sus actuaciones han de ser tomadas por las “opiniones de la Iglesia” o actuaciones de la Iglesia institucional. Los laicos hacen presente el misterio de la Iglesia en la sociedad civil, pero esto no les priva de su libertad en las cuestiones opinables, y no implica una uniformidad de pareceres o caminos concretos entre los católicos, tampoco por tanto entre los que se dedican a la política.
Con este transfondo que sin duda tiene presente, Benedicto XVI considera imperativo que los católicos se opongan al “secularismo radical” que amenaza los ámbitos político y cultural. Particularmente, dice, deben oponerse a los intentos de limitar la libertad religiosa, por ejemplo negando el derecho a la objeción de conciencia por parte de personas o instituciones respecto a la cooperación con prácticas intrínsecamente malas; o también intentado “reducir la libertad religiosa a una mera libertad de culto sin garantizar el respeto a la libertad de conciencia”.
Laicos, política y nueva evangelización
El Papa declara la necesidad de la formación de fieles laicos dotados de un “fuerte sentido crítico” frente a estos aspectos de la cultura dominante relacionados con un “secularismo reductivo”. Y señala que la preparación de líderes laicos comprometidos y la presentación de una convincente articulación de la visión cristiana del hombre y la sociedad, aparece como una tarea primordial.
La formación de los laicos para la política, entiende Benedicto XVI, debe considerarse como “un componente esencial de la nueva evangelización”. Por tanto ha de “configurar el enfoque y las metas de los programas catequéticos en todos los niveles” (léase: para todas las edades, no sólo para los niños y jóvenes, sino también para los adultos, y en cualquiera de los ámbitos de la formación: escuela y familia, parroquia, grupos y realidades eclesiales, etc.).
Insiste el Papa en la formación de los laicos, especialmente los que se dedican a la política, en lo que se refiere a los grandes temas morales de nuestro tiempo: “el respeto por el don divino de la vida, la protección de la dignidad humana y la promoción de los derechos humanos auténticos”. Teniendo en cuenta la libertad en lo temporal y el respeto a una justa autonomía de la esfera secular, subraya que “no hay ningún ámbito de los asuntos humanos que pueda ser retraído del Creador y su dominio” (cf. GS 36).
Conviene tomar nota de esta llamada de atención para la formación de los laicos, que implica a toda la comunidad cristiana, comenzando por sus pastores. Éstos deben impulsar, en efecto, una educación que prepare a todos, en concreto, para los desafíos éticos de nuestro tiempo.
jueves, 10 de mayo de 2012
El Papa Benedicto XVI nombra Obispo para Buga
Reiteran invitación para que Benedicto XVI visite Colombia
miércoles, 9 de mayo de 2012
Santo Padre destaca la Jornada por el Derecho a la Vida que se realizará mañana
| Embajador Velásquez entrega al Santo Padre libro conmemorativo de la visita de Juan Pablo II a Colombia / Foto: Cortesía Embajada de Colombia en el Vaticano |
| Algunos momentos de la Jornada Nacional por la Vida de 2011 |
martes, 8 de mayo de 2012
El anti-Evangelio, por Germán Mazuelo-Leytón
Las acciones del Presidente de los Estados Unidos respecto del aborto, los «derechos sexuales y reproductivos» y temas anejos, se encaminan hacia un enfrentamiento abierto con la Iglesia Católica en comunión con el Papa. En una política abiertamente inquisitorial, también otros estados con la presión y el financiamiento de diversos lobbies, están implementando leyes y desarrollando acciones que tratan de impedir la predicación del Evangelio, con argumentos calificados como «antidiscriminatorios», que resultan ser más bien un atentado a la libertad religiosa.
Desde hace ya muchos años, estamos viviendo un período de gran apostasía en la que los gobiernos toman decisiones sin contar con los preceptos divinos. Está anunciado en las Escrituras que una apostasía generalizada ha de preceder a la victoria definitiva del Reino de Cristo.
El 18 de abril próximo pasado, la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo pública la intervención a la Leadership Conference of Women Religious (LCWR), una asociación de la que forman parte la mayoría de las superioras religiosas norteamericanas, y en la que «militan monjas que hicieron posible que el presidente Obama pudiera financiar abortos con dinero público».
Desde 2008, la Santa Sede, ha venido evaluando la actuación de la LCWR y ha llegado a la conclusión de que «la situación doctrinal y pastoral actual de la LCWR es grave, y una cuestión de gran preocupación». La agenda cuestionada por la Santa Sede se refiere a los vínculos de la LCWR con las organizaciones afiliadas, y las posturas doctrinales de la entidad supra-congregacional que constituyen «un rechazo de la fe» y son «una grave fuente de escándalo». La LCWR disiente también con la Iglesia entre otros aspectos acerca de la ordenación mujeres. «Si bien estas religiosas son grandes defensoras de temas de justicia social, se han mantenido en silencio sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, que para los católicos debe ocupar un lugar de privilegio en el debate público».
A sus discípulos Cristo les presenta dos caminos: el verdadero, el del Evangelio, que se recorre con la cruz y que lleva a la vida, y el sendero falso de un falso Evangelio, que intenta eludir la cruz y que lleva a la muerte: «Ahí están los dos bandos con los que a diario nos encontramos: el de Jesucristo y el del mundo» (Montfort, Carta a los amigos de la Cruz). También en estos tiempos marcados por la confusión, la indisciplina, la división y la persecución.
Cuando miramos al hombre de hoy y su actuación, todo nos indica que Dios ya no está en el corazón de las personas, y por tanto, tampoco en el de la familia ni puede permanecer en la sociedad, y donde no está Dios, comienza el infierno, porque lo bueno sólo puede germinar del bien, y sólo Dios es bueno.La expulsión de Dios de los corazones de las personas, del mundo que las rodea y de la sociedad, genera un espacio vacío, desierto y sin sentido, que muchas veces vienen a llenarlo el ocultismo, las sectas, las ideologías, que convierten a las personas en parásitos de la fe, «porque de creyentes sólo tienen la apariencia externa, mientras que interiormente son ateos».
Algunas sectas y corrientes han surgido a la sombra del Cristianismo, pero se fueron deslizando cada vez más hacia una aparente religiosidad, como es el New Age (Nueva Era). Ninguna amenaza religiosa para la Verdadera Fe es más seductora que este movimiento. La Nueva Era es la religión del Nuevo Orden Mundial, que coloca al hombre en el centro del Universo, al hombre como deidad, con la misma mentira de siempre: «serás como dios» (Génesis 3, 5).
San Juan alerta a los fieles contra el Seductor que pretende alejarnos de la Sana Doctrina: «Si alguien llega a ustedes y no trae esta doctrina, no lo reciban en su casa ni siquiera le saluden. Porque el que lo saluda se hace cómplice de sus malas obras» (2 Jn, 10). Las dificultades no provienen sólo de la debilidad en la fe de una comunidad, sino también de lo que San Pablo llama «el misterio de la iniquidad, que ya está actuando» (2 Tes 2), encarnado en el cuerpo político dotado de inmensos poderes.
El principal deseo de Satanás es alejarnos de Dios. «¿Existen señales, y cuáles, de la presencia de la acción diabólica? –se preguntaba Pablo VI–. “Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios se hace radical, sutil y absurda; donde la mentira se afirma, hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1 Cor 16,22; 12,3); donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde se afirma la desesperación como última palabra» (15-XI-1972).
El discípulo de Cristo renuncia deliberadamente a apoyarse en los medios materiales humanos –las «armas carnales»- y acude a las«armas de Dios», las únicas eficaces en el combate apostólico y cristiano. Por eso, los cristianos no tenemos miedo a nada, ya que vivimos «bajo el amparo del Altísimo» (Salmo 90).
sábado, 5 de mayo de 2012
Católicos en la vida política, por la USCCB
Reproduzco la carta “Católicos en la vida política” de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
Nos dirigimos a ustedes como obispos, como maestros de la fe católica y de la ley moral. Tenemos la obligación de enseñar sobre la vida humana y la dignidad, el matrimonio y la familia, la guerra y la paz, las necesidades de los pobres y las exigencias de la justicia. Hoy continuamos nuestros esfuerzos de enseñar sobre un asunto singular e importante que ha surgido recientemente como fuente de preocupación tanto para católicos como para otras personas.
Desde un principio, la Iglesia Católica ha enseñado, basada en su entendimiento del testimonio de su Señor respecto a la santidad de la vida humana, que el dar la muerte a una criatura por nacer es siempre algo intrínsecamente perverso y nunca puede ser justificado. Si las personas que practican un aborto y las que cooperan voluntariamente en esa acción están totalmente conscientes del objetivo malévolo de su actuar, están cometiendo un pecado grave y, por consiguiente, están separándose ellas mismas de la gracia de Dios. Esta es la enseñanza constante y recibida de la Iglesia. Esta es también la convicción de muchas personas de buena voluntad.
Legalizar esta acción que es intrínsecamente perversa es en sí algo malo. Este es un punto que recientemente se ha enfatizado más en la enseñanza católica oficial. Se puede decir que tal sistema legal coopera con esa maldad cuando no protege la vida de aquellos que no tienen protección alguna, excepto bajo la ley. En los Estados Unidos de América, el aborto solicitado se ha convertido en un derecho constitucional por medio de una decisión de la Corte Suprema. El no proteger la vida de los miembros inocentes e indefensos de la raza humana es pecar contra la justicia. Por lo tanto, aquellos que formulan las leyes tiene una obligación de conciencia de trabajar para rectificar leyes defectuosas en lo moral, para que no sean culpables de cooperar en esa maldad y pecar contra el bien común.
Así como ha insistido nuestra Conferencia en Ciudadanos Comprometidos, los católicos que viven sus convicciones morales en la vida pública no son una amenaza a la democracia o al pluralismo, más bien los enriquecen al igual que a la nación. La separación entre la iglesia y el estado no exige una división entre la creencia y la acción pública, entre los principios morales y las opciones políticas, más bien protege los derechos de los creyentes y de los grupos religiosos a practicar su fe y a vivir sus valores en la vida pública.
En estos momentos, nuestra obligación como obispos es enseñar claramente. Es con solicitud pastoral hacia todos aquellos involucrados en el proceso político que también aconsejaremos a los funcionarios públicos católicos que su apoyo consistente al aborto solicitado les pone en riesgo de hacerles colaboradores de esta maldad de una manera pública. Insistiremos en nuestro deber de dar consejo, con la esperanza que el escándalo de su cooperación en esa maldad pueda ser resuelto con la adecuada formación de su conciencia.
Habiendo recibido un extenso informe interino del Grupo de Trabajo sobre Obispos Católicos y Políticos Católicos, y esperando recibir el informe completo, destacamos varios puntos del informe interino que sugieren algunas directrices para nuestro esfuerzo:
Necesitamos continuar enseñando claramente y ayudar a otros líderes católicos a enseñar claramente sobre nuestro inquebrantable compromiso por la protección legal de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Nuestra enseñanza sobre la vida y dignidad humana deberá reflejarse en nuestras parroquias y en nuestros ministerios dedicados a la educación, al cuidado de la salud, y a los servicios sociales. Debemos hacer mucho más para persuadir a todos que la vida humana es preciosa y que la dignidad humana debe ser defendida. Esto requiere de un diálogo y de un compromiso más eficaz con los funcionarios públicos, especialmente con los funcionarios públicos católicos. Acogemos gustosos todo diálogo iniciado por los propios líderes políticos. Los católicos necesitan vivir y apoyar estos principios y políticas en la vida pública. La transformación del mundo es la vocación especial de los laicos. Debemos animar esta vocación y esforzarnos más para que todos los creyentes participen en esta misión. Como obispos, no apoyamos ni nos oponemos a ningún candidato. Más bien, queremos formar la conciencia de nuestro pueblo para que todos analicen la posición de los candidatos y hagan su selección basados en la enseñanza moral y social católica. La comunidad católica y las instituciones católicas no deben honrar a aquellos que toman acciones que desafían nuestros principios morales básicos. No debería dárseles premios, honores o plataforma alguna que pudiese sugerir un apoyo a sus acciones. Nos comprometemos a mantener la comunicación con los funcionarios públicos que son los que diariamente toman las decisiones que afectan asuntos de la vida y la dignidad humanas.La Eucaristía es la fuente y cumbre de la vida católica. Por lo tanto, como toda generación católica que nos precedió, debemos ser guiados por las palabras de San Pablo: “Por lo tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor 11:27). Esto quiere decir que todos deberán hacer un examen de conciencia para ver si son dignos de recibir el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor. Este examen incluye fidelidad a la enseñanza moral de la Iglesia en su vida pública y en su vida privada.
La pregunta planteada es si es necesario negarles la Santa Comunión a algunos católicos que están en la vida pública debido a su apoyo al aborto solicitado. Dado el número de circunstancias que involucra el llegar a un juicio prudencial sobre un asunto tan serio, reconocemos que ésta es una decisión que deberá hacer cada uno de los obispos de acuerdo con los principios canónicos y pastorales establecidos. Los obispos pueden, en forma legítima, hacer un juicio diferente sobre el camino más prudente de acción pastoral. Sin embargo, todos compartimos el compromiso inequívoco de proteger la vida y la dignidad humana y de predicar el Evangelio en tiempos difíciles.
Las tendencias polarizantes y politizadas de un año electoral pueden crear circunstancias en las que la enseñanza católica y la práctica sacramental pueden ser manipuladas con fines políticos. El respeto por la Sagrada Eucaristía, de manera especial, exige que sea recibida dignamente y que sea vista como la fuente de nuestra misión común en el mundo.
viernes, 4 de mayo de 2012
Advierten sobre “plan B” que permitiría a gays adoptar en Colombia
Según señala el diario, la demanda fue presentada por Sergio Estrada Vélez, Karen Patricia Ramírez Arcila, Maria Camila Soto Moreno, David José Hernández Hoyos y Allan David Rodríguez contra la expresión "moral" del artículo 68 de la Ley 1098 que exige que quien quiera adoptar "haya cumplido 25 años de edad, tenga al menos 15 años más que el adoptable, y garantice idoneidad física, mental, moral y social suficiente".
El texto, admitido en marzo, reconoce que la Corte Constitucional ya declaró exequible ese apartado en el 2001. Sin embargo, para los demandantes el fallo excluyó la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan adoptar y no acepta otras nociones de familia, algo que sí ocurrió con un fallo del 2011. En esta sentencia, el tribunal expresó que "es difícil entender que el único modelo de familia que quería proteger el constituyente era el derivado del matrimonio" y es necesario "interpretar el artículo 42 de manera amplia a efectos de aceptar otros modelos de familia".
Ante esto, la Procuraduría envió un documento a la Corte Constitucional solicitándole que se inhiba ante esta nueva demanda, pues ya se pronunció en el 2001 y por tanto se trata de una cosa juzgada. Según indicó este jueves el Tiempo, la Procuraduría señaló que "la acción de constitucionalidad no puede perseguir que la Corte Constitucional fije políticas públicas o simplemente cambie de postura sobre un precedente que tiene fuerza de cosa juzgada". Advirtió que "si se eliminara la expresión demandada del artículo 68, entonces obviamente deberá entenderse que todas las personas podrían adoptar independientemente de su conducta moral, lo cual significaría desconocer el derecho a la integralidad moral de los niños, niñas y adolescentes y no resolvería, en forma alguna, los problemas de los niños en condiciones de adoptabilidad de nuestro país".
Este recurso aparece cuando la Corte aún no ha decidido si otorga a una pareja de lesbianas la tutela de una niña, concebida por inseminación artificial por una de las mujeres, y que de aprobarse abriría la puerta a la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Esto es rechazado por organizaciones pro-familia y por la Iglesia, que han recordado que el objetivo de la adopción es el desarrollo integral del menor, algo que no sería favorecido en un ambiente homosexual.
jueves, 3 de mayo de 2012
Por la Libertad de Educar a nuestros hijos, Carta a la Ministra de Educación.
Reproduzco la carta que envía la Red Familia Colombia a la Ministra de Educación Nacional. Para firmar, aquí: http://www.peticiones24.com/porlalibertaddeeducaranuestroshijos
Abril 16 de 2012
Señores
Ministerio de Educación Nacional
Atn: Dra. María Fernanda Campo
Ministra
Asunto: Derecho de Petición en interés general, respecto al Programa Nacional de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía
Respetada Señora Ministra:
Los abajo firmantes, todos mayores de edad, identificados como aparece al pie de nuestras firmas, en nuestra condición de ciudadanos y padres de familia, respetuosamente nos dirigimos a Usted, en ejercicio del derecho de petición consagrado en el artículo 23 de la Constitución Política, y regulado por el artículo 5º del Código Contencioso Administrativo, a fin de solicitarle lo siguiente:
1. Objeto de la petición
Respetuosamente solicitamos a su Despacho que adopte las decisiones que corresponda a fin de que la aplicación y uso del Programa Nacional de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía sea suspendido inmediatamente, por cuanto con dicho programa vulnera y pone en riesgo los derechos fundamentales de nuestros hijos menores, quienes se encuentran en edad escolar, y también vulnera nuestros derechos fundamentales como padres de familia en lo que concierne a la educación que queremos inculcar a nuestros hijos.
2. Fundamentos de la petición
El Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía vulnera o amenaza vulnerar los derechos fundamentales de nuestros hijos menores, los cuales prevalecen sobre los derechos de los demás (Art. 44 Constitución Política), y nuestros derechos fundamentales como padres, por las siguientes razones:
2.1. El Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía tiene como propósito fundamental el de educar a los niños y adolescentes en la sexualidad, pero orientada hacia los aspectos estrictamente físicos y genitales de la misma, y no como parte de su integralidad como seres humanos en proceso de educación, no está fundada en valores individuales ni colectivos, como debería ocurrir en el marco de la Constitución Política.
2.2. El artículo 44 de la Constitución Política establece que son derechos fundamentales de los niños, entre otros “tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y el amor, la educación y la cultura.” Agrega la norma que “La familia, la sociedad y el Estado tiene la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos.” Esta norma obliga al Estado a respetar los derechos de los padres y/o de los responsables de los niños, en el marco de la familia, de ser educados para lograr su desarrollo armónico e integral. El Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía, al enfocarse exclusivamente en el ámbito físico o genital de la educación sexual de los niños y adolescentes, vulnera directamente el artículo 44 de la Constitución Política.
2.3. De acuerdo con dicho Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía, el Estado se despojaría del deber de garantizar el servicio público de educación en consonancia con el derecho de la persona como individuo, a impartir una instrucción que desconoce las libertades fundamentales de los padres y de los educandos, en este caso, menores de edad, con lo cual vulneraría el artículo 67 de la Constitución Política.
2.4. La anterior situación sería violatoria de la Convención sobre los Derechos del Niño, incorporada a la legislación nacional mediante Ley 12 de 1991, y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos conocido como el Pacto de San José de Costa Rica (Ley 16 de 1972), las cuales forman parte del llamado “bloque de constitucionalidad”, entre otros tratados sobre derechos humanos ratificados por Colombia y que protegen los derechos fundamentales de los niños y de los adolescentes
2.5. En efecto, el artículo 5º de la Convención sobre los Derechos del Niño expresa lo siguiente:
“Los Estados partes respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres o, en su caso, de los miembros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre local, de los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño, de impartirle, en consonancia con la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas para que el niño ejerza los derechos reconocidos en la presente convención.” (el subrayado no es del texto)
2.6. Por su parte, el numeral 1 del artículo 18 de la Convención sobre los Derechos del Niño, expresa lo siguiente:
“Los Estados partes pondrán el máximo empeño en garantizar el reconocimiento del principio de que ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño. Incumbirá a los padres o, en su caso, a los representantes legales la responsabilidad primordial de la crianza y el desarrollo del niño. Su preocupación fundamental será el interés superior del niño.”
2.7. En consonancia con las precitadas normas de la Convención sobre los Derechos del Niño, que establecen con claridad el límite del Estado para interferir frente a los padres en la educación que quieren inculcarle a sus hijos, el artículo 29 del mismo tratado expresa lo siguiente:
“Los Estados partes convienen en que la educación del niño deberá ser encaminada a:
a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y las capacidades mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades; (…)
c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, el país del que sea originario y de las civilizaciones distintas de las suyas.” (Los subrayados no son del texto)
La indebida intervención del Estado en la educación sexual de los menores al escindir los aspectos físicos y genitales de la educación en valores individuales y colectivos, aún religiosos para quienes profesan alguna confesión o credo, vulnera las disposiciones preicitadas de la Convención.
2.8. Para nadie es desconocido que el fundamento de este programa corresponde a una ideología, a un sistema de pensamiento muy claro, y la educación no se puede poner al servicio de ninguna ideología, a riesgo de convertirse en adiestramiento.
2.9. En el marco de una democracia participativa como la colombiana (Artículo 1º de la Constitución Política), un instrumento de educación tan poderoso como puede ser el Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía, su contenido debería consultado a los padres de familia y adoptado en consenso o con participación activa de éstos, no tratándose de una asignatura, sino de una educación a la cual subyace una concepción antropológica que debe corresponder a los criterios de los responsables de la educación de los menores y de nadie más, y es una garantía constitucional que no puede desconocer el Estado so pretexto de impartir el Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía.
2.10. Otros derechos vulnerados con la adopción y aplicación del Programa Nacional de Educación Sexual y Construcción de Ciudadanía son , entre otros, el derecho y presupuesto fundamental de la libertad dentro de un marco democrático y participativo establecido en el preámbulo de la Constitución Política de Colombia (C.P.), el derecho a escoger el tipo de educación para nuestros hijos (art. 68 Constitución Política “C.P.”), el respeto a la libertad en la formación de los hijos de acuerdo a los principios y valores de nosotros como padres (artículo 4, numeral 14 de la Ley 1361 de 2009 (Ley de Protección Integral a la Familia), el derecho a la libertad de conciencia (el artículo 18 de la C.P.), el art. 39 de la Ley 1098 de 2006 – Ley de Infancia y Adolescencia-), el artículo 26.3. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948 que dispone que “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”, el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) que señala que “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, los artículos 64 y 67 de la C.P. que refieren que el Estado es quien debe garantizar el derecho fundamental de la educación, pero no tiene el derecho a imponer sus contenidos en un estado social de derecho, como el nuestro, y al artículo 1 de la Ley General de Educación –Ley 115 de 1994, que señala que la libertad de enseñanza, y el artículo 7 de dicha ley que refiere que la familia es el primer responsable de la educación de los hijos.
3. Notificaciones
Agradezco remitir su respuesta a esta solicitud así como cualquier comunicación relacionada con este asunto a la dirección que aparece al pie de página, esto es, a la Cra. 11B No. 135 C- 41 de la ciudad de Bogotá, a través de la cual será recibida por todos los padres de familia que firmamos el presente derecho de petición.
Agradezco su atención,
Ana María Ramírez
Directora
Red Familia Colombia
C.C. No. ________________ C.C: Procuraduría General de la Nación
Para firmar la carta, aquí: http://www.peticiones24.com/porlalibertaddeeducaranuestroshijos
Atala: una sentencia inicua, por Iván Garzón Vallejo
Columna del profesor Iván Garzón Vallejo en El Mundo.
Qué pensaría Usted, amable lector, si le contaran esta historia: una mujer, madre de tres niñas, se separa de su esposo luego de 9 años de matrimonio. Su trabajo de jueza no le deja mucho tiempo para dedicarse a ellas. Él, por el contrario, las cuida con esmero –así lo reconocen tres empleadas del hogar–. Cuando descubre que su ex esposa llevó a vivir a su casa a una mujer que es su pareja, acude a los tribunales para que le otorguen la custodia de las niñas, pues teme que éstas se confundan y desestabilicen más. La Corte Suprema reconoce que él está en mejores condiciones para cuidar a las niñas. Pero cuando el caso llega a los estrados internacionales, comienza el mundo al revés: aunque el padre es el representante legal de las niñas, no es escuchado por los jueces que parecen tener tomada la decisión de antemano. Sólo por cumplir, los jueces interrogan a dos de las niñas. La madre, que no está arrepentida por no haber cumplido a cabalidad con sus deberes familiares, reclama que le quitaron la custodia simplemente porque era lesbiana. No es que las quiera recuperar: busca reivindicación, y bueno, algo de dinero. La Corte Internacional le da lo uno y lo otro con creces. Y declara responsable de todo al Estado.
Este es el resumen del tristemente célebre caso Atala, fallado recientemente por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el que se condena al Estado chileno, entre otras cosas, a reconocer públicamente que sus órganos judiciales –incluida su Corte Suprema– ejercieron prácticas discriminatorias hacia la juez Karen Atala por su orientación sexual.
El problema no está en que, como podría pensar algún incauto, con esta sentencia la CIDH corrigió la injusta discriminación que ciertamente sufren algunos homosexuales. Luego de leer la sentencia se concluye que este pretende ser un caso emblemático para que el activismo homosexual y la ideología de género puedan avanzar en sus propósitos. Cuesta creer que un grupo de altos jueces se hayan prestado para ello, más aún, a costa de vulnerar la tranquilidad y la estabilidad emocional de unas niñas.
Es previsible el resultado de un juego de dados cargados. Todas las irregularidades familiares y disciplinarias de la juez fueron tomadas por la CIDH con sospechosa benevolencia. Mientras tanto, las conductas del Estado fueron juzgadas con severidad: a la Corte no le basta que reconozcan su competencia para fallar situaciones en las que haya podido haber una violación de los derechos humanos. Quiere determinar la legislación y las políticas públicas de los Estados.
Que los dados estaban cargados se comprueba desde la forma como la CIDH expone el caso, los peritos y testigos a los que se les confiere credibilidad, las pretensiones concedidas, las solicitudes que fueron desechadas, aun con escandalosos vicios procesales. También queda patente cuando la CIDH elude el problema central del caso: ¿cuál de los padres puede velar mejor por el bienestar de las menores? Por ello, aunque reitera que no se pronunciará sobre ello, toda la argumentación abunda en razones –y sofismas– que justifican la presunta discriminación a la juez por ser lesbiana.
Si los Estados del sistema americano no hacen algo por limitar el poder de la CIDH, se encontrarán cada vez más con que el destino de sus naciones se decidirá desde los escritorios de un puñado de jueces. Es decepcionante que los derechos humanos sirvan para legitimar ideologías hambrientas de poder, a las que ni siquiera les interesa presentar buenos argumentos para defender sus causas. Si cuentan con jueces obsecuentes, ¿para qué se molestarían en hacerlo?
Que ya no nos confunda más Anselm Grün, por F. Nelson Medina
Columna de Fray Nelson Medina en InfoCatólica
[Nota previa de Fr. Nelson Medina: Soy consciente de que algunos de los puntos aquí expuestos son materia de discusión. Precisamente para que haya un diálogo amplio y equitativo, expongo con claridad y de manera abierta mi posición, que en todo quiere ser fiel a nuestra Iglesia Católica.]
Isabel Gómez, representante de la Editorial San Pablo en Colombia, afirmó sobre el monje alemán Anselm Grün: “Es el escritor más famoso de espiritualidad que tenemos actualmente…” A juzgar por la presencia de las obras de este benedictino, es así. He visto con mis propios ojos librerías católicas que tienen estantes llenos de títulos suyos. Se trata de un autor prolijo, de enorme acogida y por lo tanto, de notable influencia.
Es un personaje polémico también, que ha llegado a nuestro país [Colombia] precedido por señales ambiguas. En efecto, quedó claro, ya entonces, que sus libros son leídos y traducidos ampliamente pero que su doctrina no da total confianza. Después de examinar los hechos, y de orar yo mismo, vi que era mi deber recomendar a la gente que no asistiera a las actividades que se habían preparado en torno a su visita. Comprendo perfectamente que es una medida hasta cierto punto extrema, y también un planteamiento que pudo resultar seriamente antipático o agresivo para algunos. Pero, ¿qué alternativa había, si hasta la Conferencia Episcopal de Colombia parecía dar su “placet” a la predicación de este monje?
Dificultades ya visibles antes de la llegada de Grün a Colombia
Si una persona con la influencia de Grün dice: “Debemos evitar ver la homosexualidad como un pecado,” ¿qué consecuencias tiene eso, cuando es clara la agenda del lobby gay en tantos de nuestros países? En el momento en que Colombia debate la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, ¿se puede traer a un autor que claramente niega lo que enseña la Iglesia? Esto dice el catecismo de la Iglesia, en el número 2357:
La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
¿Es ese el catecismo de Grün? En el mismo link señalado, Grün dice: “Me veo en general en concordancia con la tradición católica.” ¿Es eso todo lo que se puede pedir de un predicador que es escuchado en decenas de países, traducido a muchas lenguas, y que es referencia de espiritualidad para miles y miles de personas? Para que alguien reciba el aval de la Conferencia Episcopal de Colombia, y para que se presente en el Canal Cristovisión (que se llama “el canal de la Iglesia”) basta con estar “en general en concordancia con la tradición católica”? Cuando yo veo que hay papás que luchan por ayudar a sus hijos e hijas a clarificar su identidad como personas y como seres sexuados, ¿el servicio que les prestamos es traer a este hombre para quien es suficiente concordar “en general” con la Iglesia?
Hay otro punto, que ya entonces me parecía muy preocupante. Grün viene de la meditación zen y del mundo del psicoanálisis de Carl G. Jung. Es verdad que autores no cristianos pueden usarse, como Santo Tomás utilizó tantas categorías y estructuras de pensamiento de Aristóteles, pero por más intensa que fue mi búsqueda, no pude encontrar una sola referencia en que Grün se deslindara de las conocidas posturas “arquetípicas” o panteístas tan propias de Jung. Para que se sepa de qué hablamos aquí, tómese este pensamiento de Jung, a quien Grün reconoce como alguien que le ha animado y guiado en su espiritualidad: “Si era el Logos y el Cristo eternamente viviente, nosotros no lo sabemos. De todas formas no tiene importancia, ya que la imagen del hombre-Dios está viva en cada uno de nosotros…” No importa Cristo, su carne, su historia, su sacrificio: importa que hay una idea (una gnosis, de hecho) que nos inspira, nos sosiega, nos mueve a obrar. Veremos que eso exactamente es lo que propone Grün. Basta la idea. Si la idea tiene efecto para tu terapia, con eso es suficiente.
Hasta aquí he expuesto por qué veía, y sigo viendo, en Grün un caso de lobo con piel de oveja, y por qué pedí que no se asistiera a nada suyo. En asuntos tan serios como la sexualidad humana o la historicidad de la carne de Cristo no se espera que tengamos un acuerdo “general” con la Iglesia. Se espera de ti, Anselm, que seas claro en proclamar la verdad del que murió en la cruz para perdón de nuestros pecados.
Necesitamos vigilar más lo que emiten los canales católicos
En el mismo canal Cristovisión se dio amplio espacio a toda la agenda de Grün en Colombia. Es algo que lamento y lamentaré en público, porque el daño se hizo en público.
El mismo canal ha publicado videos que nos ayudan a precisar qué tipo de daño puede venir de una persona tan culta, tan amable, con un lenguaje tan respetuoso y un tono de bondad tan cercano y cálido. No digo que sea una persona hipócrita; eso sólo Dios lo sabe. Digo que su apariencia cautiva pero su enseñanza desvía, o por lo menos no apunta con decisión en la dirección de la fe de la Iglesia.
En amplia entrevista con el P. Ramón Zambrano, fundador y director de Cristovisión, y a quien ciertamente considero mi amigo personal, podemos ver en más detalle por qué preocupa Grün.
¿Por qué ese lenguaje tan ajeno a nuestra fe?
Voy a lo concreto: En 45 minutos de entrevista, con preguntas serias y profundas hechas por el P. Zambrano, ¿oyó alguno de ustedes que el monje mencionara, siquiera una vez, alguno de los siguientes términos: pecado, redención, arrepentimiento, conversión, Cruz de Cristo, Sangre de Cristo, gracia, perdón (de Dios), sacramentos, magisterio, cielo, infierno? Pregunto: ¿cuántos párrafos puedo leer de San Pablo, de Santa Teresa, de San Agustín o de Santa Catalina de Siena sin que aparezcan uno o muchos de esos términos, que son el alfabeto en que se escribe el mensaje del Evangelio? Si alguien de veras representa la espiritualidad cristiana, y no necesita de ninguno de esos términos para presentar su mensaje, ¿no es ello demasiado extraño? ¿Qué diría usted de un matemático que hablara 45 minutos sin mencionar una sola ecuación, un solo teorema, una sola conjetura, un solo axioma? Esto lo comento porque no es un criterio superficial. Lectores todos: si un predicador no menciona pronto el amor de Cristo hasta el extremo de la sangre, y no menciona con gozo que esa efusión es la fuente de nuestra salvación, ¡cuidado! Probablemente estamos ante alguien que no necesita más que la “idea” de Cristo.
Con honestidad de su parte, Grün comenta que la tradición de la Iglesia no le resultaba suficiente; aunque asegura que posteriormente logró vincular la psicología, la filosofía y los Padres de la Iglesia.
Una confusión inexplicable
Algo muy extraño sucede en el minuto 6 de ese video, donde la traductora,Carolina Salamanca, dice literalmente, y como traducción de lo expresado por Grün:
Para la teología siempre ha sido importante estar en contacto con la filosofía, con la psicología, con las otras ciencias. Y eso lo hizo también, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, quien no citó nunca a ningún autor cristiano sino que citó a Aristóteles, que no era cristiano.
Yo no logro entender cómo esa frase fue emitida al aire, y cómo no fue corregida ni por el P. Ramón, ni por Carolina, que además de traductora es filósofa, ni por el mismo P. Grün, que recibió todas las preguntas en español–prueba de que sí entiende nuestra lengua. Alguien con buen conocimiento del alemán podrá explicar qué sucedió ahí porque yo me niego a creer que este monje haya dicho que Tomás de Aquino “no citó nunca a ningún autor cristiano” Aún así, me duele que semejante frase no haya sido contestada o corregida de inmediato.
Algunos puntos positivos
Es de alabar, por el contrario, la claridad con que Grün dice que “es importante el diálogo con las otras religiones, pero no podemos mezclarlas.” Dice seguidamente que está escribiendo un libro con una maestra budista. Como él mismo aclara que el budismo lleva al vacío, mientras que el cristianismo lleva al amor, un amor que es más que sentimiento, uno no entiende qué utilidad tiene crear la impresión de que un monje budista y uno cristiano están en lo mismo, puesto que escriben una misma obra.
Hablando de lo positivo, incluyo que Grün expresa con sencillez la tentación que todo consejero puede tener de creerse capaz de cambiar al ser humano. El papel del consejero o del terapeuta puede ser acoger, escuchar, sugerir, pero no cargar con los problemas del otro, ni menos suplantar a Dios. Debe en cambio orar, y ofrecer en su oración lo que conoce de los problemas de quienes se acercan.
Otra idea importante: la psicología ayuda a ver lo que hay que sanar pero es Jesús quien viene a transformar.
Uno quisiera que todo fuera así de sano y claro, pero no es así. Lo cierto es que, aun en un programa relativamente corto, hay varios puntos doctrinales seriamente errados.
Enseñanza gravemente insuficiente sobre la sexualidad
Al referirse a la sexualidad, Grün enfatiza dos peligros: adicción y represión. Son límites extremos para evitar, como creo que estaremos de acuerdo todos, pero además de ellos, y mucho antes de llegar a ellos, hay mucho más que la Iglesia ha dicho. Lamentablemente Grün no da un criterio claro sobre qué puede ser bueno o malo; la puerta al subjetivismo queda abierta de par en par. Habla él de “humanizar” la sexualidad. De acuerdo, pero ¿basta eso como criterio? Por ejemplo: ¿está “deshumanizada” la sexualidad en el hombre que deja su matrimonio, que le parece muy conflictivo, para “rehacer” su vida con una nueva esposa? Ese hombre, ¿qué entiende o saca de las palabras del benedictino? Casándose de nuevo, por la Iglesia o sin la Iglesia, él no está ni muy adicto, ni muy reprimido, ni muy deshumanizado.
Otro caso: los jóvenes que fornican sin vínculo de matrimonio, pero que tienen, por decir algo, dos o tres relaciones a la semana, ¿se sentirán adictos? ¿Se sentirán reprimidos? ¿No quedan entonces autorizados para seguir en lo que están? Quien se masturba pero “no demasiado,” según su propio criterio, ¿qué entiende de la perspectiva del conocido monje? Y pregunto yo: ¿no son las cámaras de la televisión una oportunidad magnífica para dar esperanza y consuelo, pero a la vez, para mostrar una dirección y para elevar el estándar moral de nuestra cultura? Personalmente me sentí muy decepcionado no por lo que Grün dijo sobre este tema, sino por lo muchísimo que dejó de decir, complaciendo tácitamente al espíritu de este mundo.
Confusión Jungiana en cuanto al demonio y al pecado
Lo que Grün dice sobre el diablo, o sobre los demonios, no es la enseñanza de la Iglesia. El benedictino afirma que la teología dogmática [¿según los dogmas de quién?] enseña esto: “el diablo y los demonios son poderes personales pero no son personas; impiden mi desarrollo personal; pertenecen como a mi lado oscuro; pero el diablo no es persona como Dios es persona o como un ser humano es persona; pero el diablo es una imagen de la dimensión profunda del mal.” Ahí tienen ustedes a Jung: el arquetipo de la maldad no existe más que como arquetipo, o eso piensa Grün.
¿Cuál es la “teología dogmática” esa, que está por encima de lo que se lee claramente en tantos pronunciamientos del Magisterio de la Iglesia? Leemos, por ejemplo, en el Catecismo, números 2850 a 2852:
La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno” (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el “nosotros”, en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. [...] En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (diá-bolos) es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo. “Homicida [...] desde el principio [...] mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44), “Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota toda la creación entera será “liberada del pecado y de la muerte” (Plegaria Eucarística IV, 123: Misal Romano).
¿Por qué entonces dice Anselm Grün que el diablo no es una persona sino “una imagen de la dimensión profunda del mal”?
Una grave consecuencia de identificar el tema bíblico de los demonios con las partes oscuras de la personalidad humana es algo que aparece al final de la entrevista con el P. Zambrano. Según Grün, uno debe aprender a tener “paz” con esa parte oscura de uno mismo. Es decir: el mal no es para vencerlo sino para aprender a negociar y convivir con él. Según él, el pecado es algo que siempre va a estar, y lo que yo debo lograr es que los enemigos se vuelvan amigos, algo así como que están pero sin poder.
Se ve que de la negación del demonio se pasa a la negación de la realidad del pecado, visto ingenuamente como una “parte oscura” con la que yo aprendo a vivir en paz. De hecho, Grün omite del todo la palabra “pecado.” Por eso mismo, el ser humano no necesita propiamente ser redimido, sino sólo ser iluminado, para que acepte su parte oscura.
¿Qué puede ser la fe en semejante esquema tan distorsionado? En la Biblia y en el Catecismo la fe es siempre “respuesta.” En el n. 154 se la describe como “depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas.” Por contraste, en el planteamiento de Grün, la fe queda reducida a una “fuerza interior,” de modo que el gran consejo para superar las crisis es este: “Confía en tu fuerza interior.” No veo yo distancia alguna con el gnosticismo típico de la Nueva Era.
¿Y por qué la Iglesia no se ha pronunciado sobre estos errores de Anselm Grün?
Esa es una gran pregunta. El P. Martín Sepúlveda, Paulino, dijo en un magazín de Cristovisión que no hay ninguna condena oficial sobre Grün. Tiene razón el P. Sepúlveda. Espero yo, sin embargo, que lo que se ha dicho aquí, y lo que puede leerse en otros lugares, mueva a las autoridades no a condenar a Grün sino los errores de su enseñanza. El primero que será beneficiado, y que un día podrá agradecerlo será el mismo monje.
Fray Nelson Medina, OP
martes, 1 de mayo de 2012
Seminario en Cúcuta sobre “Defensa de la Vida y Protección a la maternidad”
La fundación Educares, la Pastoral por la Dignidad de la Mujer de la Diócesis de Cúcuta, la Pastoral Social diocesana y el Centro de Ayuda a la Embarazada (CAM), son las entidades que se encuentran apoyando dicho seminario que tiene como propósito hacer que los habitantes de esta zon de frontera amen más la vida y la defiendan adecuadamente.
La directora de la CAM, Sonia Castilla Trigos, manifestó que se presentarán herramientas en términos legales para la protección a la maternidad; además de orientaciones, desde la psicología, para mujeres que se encuentra pasando por situaciones difíciles en el embarazo o en el post aborto.
Informes e inscripciones cel: 316-49-30-250
Donación: $ 10.000
Familia y trabajo, por Juan Manuel de Prada
Columna de Juan Manuel de Prada en Religión en Libertad
La festividad de San José Obrero, instituida por Pío XII, nos viene de perlas para reflexionar sobre la íntima conexión existente entre familia y trabajo. Desde hace algunos años, recibo desde ciertos ámbitos (seudo)católicos reproches por tratar en mis artículos asuntos de orden económico; y exhortaciones a tratar cuestiones de orden moral. Pero, como nos recordaba Pío XI (Quadragesimo Anno, 42), «aun cuando la economía y la disciplina moral, cada cual en su ámbito, tienen principios propios, es erróneo que el orden económico y el moral estén distanciados y ajenos entre sí»; y Juan XXIII (Mater et Magistra, 222) insistía en lo mismo, afirmando que «la doctrina social de la Iglesia es inseparable de la doctrina que la misma enseña sobre la vida humana». Y es que, en efecto, poco sentido tendría defender la vida y la familia si al mismo tiempo no se defendiera una concepción del trabajo que permita a las personas criar dignamente a sus hijos y cuidar de sus familias; pues el trabajo, según nos recordaba Juan Pablo II, «es una condición para hacer posible la fundación de una familia» (Laborem Exercens,10). Que hoy se puedan denunciar las lacras que destruyen la familia sin denunciar al mismo tiempo las relaciones económicas inicuas nos demuestra que —como ya nos advirtiera Chesterton— las viejas virtudes cristianas se han vuelto locas.
Esta íntima conexión entre familia y trabajo la recordaba Pío XI, al afirmar (Quadragesimo Anno, 71) que al trabajador «hay que fijarle una remuneración que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia»; y Juan Pablo II llegaba todavía más lejos (Laborem Exercens, 19), abogando por la introducción del «salario familiar», o en su defecto de subsidios y ayudas a la madre que se dedica exclusivamente a la familia. Y, puesto que la tendencia ha sido exactamente la contraria (es decir, salarios de miseria que apenas si sirven para mantener a quien lo percibe, obligando a los demás miembros de su familia a trabajar a su vez, a cambio de otros salarios de miseria), hemos de concluir que las relaciones laborales existentes son las que primeramente conspiran contra la unidad familiar, obligando a cada uno de sus miembros a ganarse malamente el sustento fuera de su casa; y las que, consecuentemente, fomentan el divorcio y la baja natalidad (con su inevitable secuela de abortos a troche y moche), al ligar la percepción de un salario a la subsistencia puramente individual, nunca a la cobertura de las necesidades familiares. Así, puede concluir Pío XI (Quadragesimo Anno, 132) que las «bajas pasiones» que han favorecido estas relaciones laborales inicuas son «raíz y origen de esta descristianización del orden social y económico, así como de la apostasía de gran parte de los trabajadores que de ella se deriva».
La restauración de un orden social y económico cristiano sólo podrá lograrse, nos recuerdan incansablemente los Papas, a través de una «reforma de las costumbres». Pero tal reforma debe realizarse en un doble plano, personal e institucional: pues de poco vale que las personas se esfuercen en formar familias cristianas si las instituciones jurídicas y políticas favorecen unas relaciones económicas descristianizadas, fomentando un régimen de trabajo que «crea obstáculos a la unión y a la intimidad familiar» (Quadragesimo Anno, 135). Denunciar una doctrina económica apartada de la verdadera ley moral es, en fin, tan obligatorio para un católico como denunciar las agresiones a la familia; entre otras razones porque ambas denuncias son la misma. A no ser, claro está, que queramos convertirnos en católicos esquizofrénicos que enarbolan virtudes que se han vuelto locas. Que San José Obrero nos libre de esa tentación.







Qué pensaría Usted, amable lector, si le contaran esta historia: una mujer, madre de tres niñas, se separa de su esposo luego de 9 años de matrimonio. Su trabajo de jueza no le deja mucho tiempo para dedicarse a ellas. Él, por el contrario, las cuida con esmero –así lo reconocen tres empleadas del hogar–. Cuando descubre que su ex esposa llevó a vivir a su casa a una mujer que es su pareja, acude a los tribunales para que le otorguen la custodia de las niñas, pues teme que éstas se confundan y desestabilicen más. La Corte Suprema reconoce que él está en mejores condiciones para cuidar a las niñas. Pero cuando el caso llega a los estrados internacionales, comienza el mundo al revés: aunque el padre es el representante legal de las niñas, no es escuchado por los jueces que parecen tener tomada la decisión de antemano. Sólo por cumplir, los jueces interrogan a dos de las niñas. La madre, que no está arrepentida por no haber cumplido a cabalidad con sus deberes familiares, reclama que le quitaron la custodia simplemente porque era lesbiana. No es que las quiera recuperar: busca reivindicación, y bueno, algo de dinero. La Corte Internacional le da lo uno y lo otro con creces. Y declara responsable de todo al Estado.
La festividad de San José Obrero, instituida por Pío XII, nos viene de perlas para reflexionar sobre la íntima conexión existente entre familia y trabajo. Desde hace algunos años, recibo desde ciertos ámbitos (seudo)católicos reproches por tratar en mis artículos asuntos de orden económico; y exhortaciones a tratar cuestiones de orden moral. Pero, como nos recordaba Pío XI (Quadragesimo Anno, 42), «aun cuando la economía y la disciplina moral, cada cual en su ámbito, tienen principios propios, es erróneo que el orden económico y el moral estén distanciados y ajenos entre sí»; y Juan XXIII (Mater et Magistra, 222) insistía en lo mismo, afirmando que «la doctrina social de la Iglesia es inseparable de la doctrina que la misma enseña sobre la vida humana». Y es que, en efecto, poco sentido tendría defender la vida y la familia si al mismo tiempo no se defendiera una concepción del trabajo que permita a las personas criar dignamente a sus hijos y cuidar de sus familias; pues el trabajo, según nos recordaba Juan Pablo II, «es una condición para hacer posible la fundación de una familia» (Laborem Exercens,10). Que hoy se puedan denunciar las lacras que destruyen la familia sin denunciar al mismo tiempo las relaciones económicas inicuas nos demuestra que —como ya nos advirtiera Chesterton— las viejas virtudes cristianas se han vuelto locas.