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martes, 24 de noviembre de 2020

Comentarios al margen del informe de la Secretaría de Estado sobre Theodore McCarrick


El Informe McCarrick, publicado por la Secretaría de Estado el pasado 10 de este mes de noviembre de 2020, ha sido objeto de numerosos comentarios. Algunos ponen de relieve sus lagunas, en tanto que otros lo elogian como prueba de la transparencia de Bergoglio y lo infundado de las acusaciones. Me gustaría centrarme en algunos aspectos que merecen ser tratados en profundidad y que no me afectan personalmente. Estas reflexiones no tienen por objeto, por tanto, aportar más pruebas sobre la falsedad de los argumentos expuestos contra mí, sino poner de manifiesto las incongruencias y conflictos de intereses entre el juez y el que es juzgado, que a mi juicio invalidan la investigación, el proceso y la sentencia.

IMPARCIALIDAD DEL ÓRGANO JUDICIAL

En primera lugar, a diferencia de lo que pasa en un proceso civil o penal normal, en las investigaciones  eclesiásticas hay una especie de derecho implícito a la credibilidad en los testimonios de clérigos. Me da la impresión de que ello ha permitido que se consideren pruebas los testimonios de prelados que podrían encontrarse en situación de complicidad con respecto a McCarrick y que no tendrían ningún interés en revelar la verdad, ya que no les perjudicaría a ellos ni a su imagen. En resumidas cuentas, haciendo una comparación con personajes de Pinocho, cuesta pensar que el Gato (Kevin Farrell), pueda exonerar creíblemente al Zorro (Theodore McCarrick). Y sin embargo eso es lo que ha sucedido, del mismo modo que fue posible engañar a Juan Pablo II en cuanto a la conveniencia de nombrar a McCarrick cardenal arzobispo de Washington, o a Benedicto XVI sobre la gravedad de las acusaciones que pesaban sobre el purpurado.

A estas alturas ya se entiende que en el caso del Argentino ese derecho a la credibilidad adquiere la categoría de dogma, quizás el único que no se puede poner en duda en la iglesia de la misericordia, y más cuando las interpretaciones de la realidad –que los mortales llaman prosaicamente mentiras– han sido expresadas por él mismo.

Desconcierta además que se haya dado tanta importancia al testimonio de monseñor Farrell en defensa de McCarrick –llega a dársele al obispo el título de excelentísimo– y que al mismo tiempo se omita totalmente el testimonio de James Grein, así como que prudentemente se haya preferido no deponer a los secretarios de Estado Sodano y Bertone. Tampoco se entiende por qué motivo se han considerado válidas y creíbles las palabras de Farrell en defensa del amigo y compañero de casa y no las mías, siendo no obstante arzobispo y nuncio apostólico. El único motivo que alcanzo a comprender es que mientras las palabras de Farrell confirman la tesis de Bergoglio, las mías la refutan y demuestran que el obispo de Dallas no es el único que ha mentido.

Habría que recordar igualmente que el cardenal Wuerl, sucesor de McCarrick en la sede de Washington, dimitió el 12 de octubre de 2018 presionado por la opinión pública tras su reiterada negación de haber tenido conocimiento de la conducta depravada de su compañero en el episcopado. En 2004, Wuerl tuvo que hacerse cargo de la denuncia presentada contra McCarrick por Robert Ciolek, ex sacerdote de la diócesis de Metuchen, la cual envió al entonces nuncio apostólico cardenal Gabriel Montalvo. En 2009 Wuerl dispuso su traslado del seminario Redemptoris Mater a la parroquia de Santo Tomás Apóstol de Washington. En 2010 el propio Wuerl, junto con el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Francis George, manifestó a la Secretaría de Estado que no era aconsejable felicitar a McCarrick con ocasión de su octogésimo cumpleaños. El informe cita además la correspondencia entre el nuncio Sambi y Wuerl con respecto al peligro de escándalo en torno a McCarrick. Y lo mismo se puede decir de la correspondencia del cardenal Re, prefecto de la Congregación para los Obispos, la cual confirma que Wuerl «ha favorecido constantemente a McCarrick, incluso cuando no vivía en el seminario». Por eso, resulta muy extraño que las graves sospechas que pesaban sobre el cardenal antes de mi nombramiento como nuncio, ampliamente documentadas en el informe, sean consideradas motivo de reproche contra mi persona, a pesar de que yo las notifiqué una vez más a la Secretaría de Estado, si bien no eran contra Wuerl; el cual, aun después de dimitir del cargo de arzobispo de Washington, ha mantenido sus cargos en los dicasterios romanos, incluida la Congregación para los Obispos, en la cual tiene voz y voto en el nombramiento de prelados.

Es incomprensible que los redactores del informe juzguen tan a la ligera a Juan Pablo II por haberse fiado de las palabras de su secretario en defensa de McCarrick y exoneren a Bergoglio a pesar de la tremenda pila de expedientes sobre el Tío Ted, a quien le había pedido su predecesor que procurara no llamar la atención.

Creo que ha llegado el momento de aclarar de una vez por todas la postura del cuerpo juzgante; mejor dicho, de este cuerpo juzgante con relación al acusado.

Según el derecho, un juez debe ser imparcial, y para ello no debe tener el menor interés ni el menor vínculo con el reo. En realidad, esta imparcialidad falta en uno de los procesos más sonados de la historia de la Iglesia, cuando los escándalos y delitos de que es objeto el acusado revisten tal gravedad como para ameritar la deposición del cardenalato y la reducción al estado laico.

AUSENCIA DE VERDADERA CONDENA

Es preciso destacar la extrema suavidad de la condena impuesta al reo, es más, se podría decir la falta de condena, dado que al imputado sólo se lo ha despojado su condición sacerdotal mediante procedimiento administrativo del tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ratificada por Bergoglio como cosa juzgada. No obstante, habría sido posible condenarlo a una pena de arresto, como se hizo con el consejero en la nunciatura en Washington, que en 2018 fue condenado a cinco años de prisión en el Vaticano por posesión y difusión de pornografía infantil.

Lo cierto es que el hecho de despojarlo del estado clerical manifiesta la esencia del famoso clericalismo –tan deplorado de palabra– que poco menos que considera el estado laico un castigo en sí, cuando tendría que ser motivo de imposición de una sanción penal. Entre otras cosas, al no haber sido condenado a una pena de cárcel, o al menos de arresto domiciliario, McCarrick tiene una libertad de movimiento y de acción que mantiene inalterada su situación. Ello le permite cometer nuevos delitos y seguir ejerciendo sus actividades delictivas tanto en el ámbito eclesial como en el político.

Por último, hay que recordar que el proceso canónico no afecta las causas penales instruidas contra el ex purpurado en tribunales de EE.UU, los cuales, curiosamente, se eternizan en el máximo secreto, demostrando una vez más el poder político y la influencia mediática de McCarrick, no sólo en el Vaticano sino también en los Estados Unidos.

CONFLICTOS DE INTERESES Y OMISIONES

Cuesta fijarse en el juez de esta causa sin tener en cuenta que puede estar en deuda con el imputado y sus cómplices. Es decir, que se encuentre en un evidente conflicto de intereses.

Si Jorge Mario Bergoglio debe su elección a la conjura de la llamada Mafia de San Galo, integrada por cardenales ultraprogres en trato constante y asiduo con McCarrick; si el apoyo de McCarrick al candidato Bergoglio tuvo eco en los electores del cónclave y en los que tienen capacidad persuasiva en el Vaticano, por ejemplo, el famoso caballero italiano al que aludió el cardenal estadounidense en una conferencia pronunciada en la Universidad Vilanova; si la renuncia de Benedicto XVI fue de algún modo provocada o favorecida por intromisión de la iglesia profunda y el estado profundo, es lógico suponer que Bergoglio y sus colaboradores no tienen la menor intención de que salgan a la luz en el informe ni los nombres de los cómplices de McCarrick ni los de quienes lo han apoyado en su cursus honorum eclesiástico, ni tampoco sobre todo quienes ante una eventual condena podrían vengarse, por ejemplo, revelando la participación de personalidades destacadas de la Curia Romana, por no decir el propio Bergoglio.

Contradiciendo descaradamente la declarada afirmación de transparencia, el informe se abstiene de dar a conocer las actas del proceso administrativo. Cabe, por tanto, preguntarse si la defensa de McCarrick pactó la condena de su cliente a cambio de una pena irrisoria, que de hecho deja en total libertad al imputado de tan graves delitos, e impidió que las víctimas recusasen al juez y exigieran una justa compensación. Esta anomalía salta a la vista incluso para quien no está versado en el derecho.

INTERESES COMUNES ENTRE LA IGLESIA PROFUNDA Y EL ESTADO PROFUNDO

En esta red de complicidades y chantajes se evidencian los vínculos entre el juez y el imputado incluso en el terreno político, en particular con el Partido Demócrata, con la China comunista y en general con los movimientos y partidos mundialistas. Que en 2004 McCarrick, a la sazón arzobispo de Washington, se empeñara en bloquear la difusión de la carta del entonces Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, cardenal Josef Ratzinger, al episcopado estadounidense sobre la prohibición de administrar la Comunión a políticos partidarios del aborto constituye indudablemente un respaldo a los políticos demócratas que se dicen católicos, desde John Kerry a Joe Biden. Este último, convencido abortista, se ha ganado el apoyo prácticamente unánime de la jerarquía, pudiendo gracias a ello contar con votos que en caso contrario habrían estado destinados a Trump. Curiosa coincidencia, a decir verdad: por un lado, el estado profundo ha golpeado a la Iglesia y a Benedicto XVI con la intención de elegir como papa a un representante de la iglesia profunda; por otro, la iglesia profunda ha golpeado al Estado y a Trump con miras a elegir a un representante del estado profundo. Juzgue el lector si los planes de los conjurados han logrado el fin que se habrían propuesto.

Esta colusión con la izquierda internacional es la consecuencia inevitable de un proyecto más amplio, en el que las quintas columnas de la disolución en el seno de la Iglesia colaboran con el estado profundo siguiendo un mismo guión y bajo una misma dirección: los protagonistas de este drama representan papeles variados pero escenifican una misma trama en el escenario.

ANALOGÍAS CON LA PANDEMIA Y EL FRAUDE ELECTORAL

Bien mirado, también la pandemia y los pucherazos de EE.UU. muestran inquietantes analogías con el caso McCarrick y con todo lo que pasa en la Iglesia. Los encargados de decidir si hay que quedarse en casa o hay que vacunar a toda la población se valen de medios poco confiables, precisamente porque con ellos pueden falsificar los datos con la complicidad de los grandes medios de difusión. Da igual que el virus tenga un índice de mortalidad parecido al de una gripe estacional o que el número de fallecidos se ajuste al de años anteriores; alguien ha decidido que hay una pandemia y que es necesario derribar la economía mundial para sentar las bases del Gran Reinicio. Los argumentos racionales, las evaluaciones científicas y la experiencia de los científicos serios empeñados en la cura de los pacientes no valen nada al lado del guión que se exige seguir a los actores. Y lo mismo pasa con las elecciones de EE.UU.: ante las pruebas de fraude, que va adquiriendo las características de un auténtico golpe de estado tramado por unas mentes criminales, los medios informativos se obstinan en presentar a Joe Biden como el vencedor, mientras los dirigentes internacionales –la Santa Sede incluida– se apresuran a reconocer su victoria, desacreditar a sus adversarios republicanos y presentar a Trump como un prepotente solitario que está a punto de ser abandonado por los suyos y por la propia primera dama. Da igual que aparezcan en internet numerosos videos presentando las irregularidades cometidas durante el escrutinio, o que surjan centenares de testimonios de fraude; los demócratas, los medios y todo el elenco de actores repiten que Biden es el presidente electo y Trump tiene que irse. Porque en la tierra de la mentira, si la realidad no se ajusta al discurso dominante, lo que hay que corregir y censurar es la realidad. Y así, los millones de personas que se manifiestan en las calles protestando contra el confinamiento o contra los fraudes electorales no existen, simplemente porque no se los muestra en televisión y se los censura en internet, y lo que los medios denuncian como bulos hay que considerar acríticamente que en efecto lo son.

SOMETIMIENTO DE PARTE DE LA JERARQUÍA

No es de extrañar que la  Conferencia Episcopal de EE.UU., puntualmente seguida por la agencia Vatican News y por una afectuosa llamada telefónica de Bergoglio a Biden, se apresura a demostrar su fidelidad al sistema: esos eclesiásticos están metidos de lleno en el asunto y tienen que seguir meticulosamente el papel que se les ha confiado. Hicieron lo mismo a nivel mundial secundando las restricciones por el Covid: cerraron iglesias, ordenaron suspender la liturgia e invitaron además a los fieles a obedecer a las autoridades civiles. El arzobispo de Washington se ha tomado la libertad de criticar la visita oficial del Presidente y su esposa al santuario de San Juan Pablo II, y junto a otros obispos y sacerdotes se ha declarado a favor del movimiento Black Lives Matter. Tanta entrega a la causa les ha valido púrpura cardenalicia hace pocos días. Y no es casual la adhesión al plan mundialista por parte de personajes comprometidos en apoyar el movimiento LGTB, empezando por Cupich, Tobin, Wuerl, McElroy y Stowe. Es significativo, por otra parte, el estruendoso silencio por parte de la Santa Sede y de los obispos de todo el mundo ante los problemas éticos que plantean las vacunas de inminente distribución, hechas con células de fetos humanos abortados. No permita Dios que la especulación sobre la pandemia de las compañías farmacéuticas vea cómo la Iglesia es igualmente objeto de generosos donativos, como ya sucedió con el acuerdo China-Vaticano.

Los vicios y la corrupción unen la iglesia profunda y el estado profundo en una cloaca de delitos y pecados repugnantes en la que los indefensos y los niños son víctima de abusos y violencia cometidos por personajes que al mismo tiempo promueven el aborto, la ideología de género y la libertad sexual para los menores, incluida la de cambiar de sexo.

Igualmente, la inmigración clandestina –promovida para desestabilizar las naciones y anular su identidad– encuentra acuerdo entre la izquierda y la Iglesia de Bergoglio, a pesar de su estrecha relación con el tráfico de menores, el aumento de la criminalidad y la destrucción del tejido social. Es más, se promueve precisamente por ese motivo, del mismo modo que se promueve el enfrentamiento político de cara a las elecciones en EE.UU., la crisis económica debida a la gestión criminal de la pandemia y posiblemente hasta la guerra religiosa con los atentados de matriz islámica y la profanación de iglesias por toda Europa.

NECESIDAD DE UNA VISIÓN DE CONJUNTO

Causa también gran desconcierto que en este panorama perfectamente coherente haya muchos prelados –por no decir la totalidad– que se limiten a analizar los sucesos que tienen que ver con la Iglesia como si sólo tuvieran que ver con ella y no guardaran la menor relación con los acontecimientos sociales y políticos que tienen lugar en todo el mundo. Hay obispos que tímidamente toman posición ante las palabras de Bergoglio que piden la legalización de las parejas de hecho, o ante la incongruencia y las falsedades que se perciben en el informe McCarrick. Pero ninguno de ellos, ni siquiera animado por buenas intenciones, se atreve a denunciar la evidencia, es decir, la existencia de un pacto de iniquidad entre la parte desviada de la jerarquía –la propia iglesia profunda– y la parte desviada del estado, el mundo de la alta finanza y la información. Y sin embargo es tan obvia que debería ser objeto de análisis por muchos intelectuales, en su mayoría seglares.

PÉRDIDA DE CREDIBILIDAD

Es preciso denunciarlo pregonándolo a los cuatro vientos: el informe de la Secretaría de Estado es una vergonzosa y torpe tentativa de dar una semblanza de credibilidad a una pandilla de pervertidos y corruptos al servicio del Nuevo Orden Mundial. Resulta surrealista que esta operación de descarado engaño no la haya realizado el imputado, sino quienes lo debían juzgar, y paradójicamente, junto con él deberían juzgarse también a sí mismos, a sus colegas, sus amigos y todos los que les han garantizado impunidad y los han promovido en su trayectoria.

La credibilidad que merecen los redactores del informe se puede ver en la débil condena de un prelado orgánico al sistema, al que Bergoglio mismo envió como interlocutor de la Santa Sede con la dictadura comunista china y al mismo tiempo desempeñaba cargos oficiales para el Departamento de Estado estadounidense y tenía trato frecuente con los Clinton, Obama, Biden y los demócratas. Esa credibilidad se puede confirmar por el hecho de que a un corrupto homosexual, abusador de menores y corruptor de sacerdotes y seminaristas se han limitado a despojarlo de su dignidad cardenalicia y del estado clerical sin aplicarle la menor pena de arresto ni excomulgarlo por los delitos con que se ha manchado, incluida la solicitatio ad turpia en la confesión, que es uno de los delitos más odiosos que puede cometer un sacerdote. En este proceso tan sumario como lleno de omisiones brilla por su ausencia la dimensión espiritual de la culpa: no se ha excomulgado al culpable, cuando la excomunión es una sanción eminentemente medicinal en orden a la salvación eterna, y tampoco se lo ha exhortado a la penitencia, la enmienda pública y la reparación.

UNA COMISIÓN INDEPENDIENTE

Cuando después de la Segunda Guerra Mundial se celebraron los juicios de Nuremberg contra los criminales nazis, el tribunal estaba presidido por un magistrado ruso encargado de juzgar la invasión de Polonia que, como sabemos, Alemania se repartió con Rusia. No veo mucha diferencia con lo que estamos viendo ahora con la tentativa de achacar las responsabilidades del caso McCarrick a Juan Pablo II, a Benedicto XVI y al que suscribe. El único que queda libre de sospecha en el relato de la Secretaría de Estado, así como de acusaciones siquiera indirectas y de la menor sombra de encubrimiento, es el Argentino.

Sería conveniente constituir una comisión independiente, como esperaba el episcopado estadounidense en noviembre de 2018 pero fue firmemente impedido por la Congregación de los Obispos por orden de Begoglio, que investigase este caso libre de influencias externas y sin ocultar pruebas decisivas. Con todo, dudo que se hiciera caso de unas improbables esperanzas de la Conferencia Episcopal de EE.UU., dado que entre los purpurados del próximo consistorio está el arzobispo de Washington, ejecutor de las órdenes de Santa Marta, junto a los fidelísimos siervos Cupich y Tobin.

Si realmente se arrojara luz sobre todo el asunto, se derrumbaría el castillo de naipes levantado en los últimos años, y se revelaría así la complicidad de altísimos miembros de la Jerarquía, así como la relación con el Partido Demócrata y con la izquierda internacional. Se confirmaría, en suma, lo que muchos no se atreven todavía a admitir: cuál es la labor desempeñada por la iglesia profunda desde la elección de Juan XXIII, sentando las bases teológicas y el clima eclesial que permitiría subordinar la Iglesia al Nuevo Orden Mundial y sustituir al Papa por el falso profeta del Anticristo. Si no ha sucedido aún del todo, no podemos sino dar gracias a la Providencia.

HONRADEZ INTELECTUAL

Supongo que los moderados –tan callados hoy con relación al Covid 19 como para denunciar los fraudes electorales o la farsa del informe McCarrick– se horrorizarán al ver que se pone en tela de juicio el Concilio Vaticano II. También se horrorizan los demócratas cuando se critican las leyes por las que Estados Unidos ha contrariado la voluntad de los votantes. Se horrorizan igualmente los sedicentes expertos cuando se rebaten sus afirmaciones que contrastan con la verdad científica y la evidencia epidemiológica. Se horrorizan los partidarios de la acogida a los inmigrantes ilegales cuando se les hacen ver las estadísticas de homicidios, violaciones, actos violentos y robos cometidos por inmigrantes irregulares. Y se horrorizan los partidarios del lobby gay cuando se pone de manifiesto que los delitos penales de abuso cometidos por sacerdotes son obra de un elevado porcentaje de homosexuales. Ante este rasgado general de vestiduras, me gustaría recordar que bastaría un poco de honradez intelectual y un poco de juicio crítico para reconocer la evidencia por dolorosa que sea.

RELACIÓN ENTRE HEREJÍA Y SODOMÍA

Esta relación intrínseca entre desviación doctrinal y desviación moral se ha hecho evidente con motivo del enfrentamiento con los encubridores del caso McCarrick; los implicados son casi siempre los mismos, tienen los mismos vicios contra la Fe y la moral. Se defienden, se encubren y se promueven unos a otros porque forman parte de un verdadero lobby, o sea, un grupo de poder capaz de influir para su propia ventaja en la acción de los legisladores y en las decisiones del Gobierno y de los máximos órganos de administración.

En el terreno eclesiástico, el lobby se ocupa de eliminar la condena moral de la sodomía, haciéndolo ante todo en su propio provecho, ya que está compuesto en su mayoría de sodomitas. Se adapta al proyecto político de legalizar las aspiraciones de los movimientos LGTB promovidos por políticos no menos viciosos. Es también evidente el papel que ha desempeñado en las últimas décadas la Iglesia Católica –mejor dicho, su parte desviada moral y doctrinalmente– abriendo la ventana de Overton con la homosexualidad, de manera que el pecado contra natura que siempre condenó dejara de ser reconocido en los cada vez más frecuentes escándalos. Si hace cuarenta años causaba horror la noticia de los abusos cometidos por un sacerdote contra un muchacho, desde hace unos años la prensa informa de la irrupción de la policía vaticana en el apartamento del secretario del cardenal Coccopalmerio en el Palacio del Santo Oficio, donde se celebraba una orgía de sacerdotes con drogas y prostitutas. De ahí sólo habrá un paso a la legalización de la pedofilia que desean algunos políticos. El terreno se ha abonado con la teorización de presuntos derechos sexuales de los menores, la imposición de la educación sexual en la escuela primaria por recomendación de la ONU y los intentos de legislar en los parlamentos para reducir la edad de consentimiento, que van todos en una misma dirección. Algún ingenuo –suponiendo que todavía se pueda hablar de ingenuidad– dirá que la Iglesia jamás podrá estar a favor de la corrupción de menores porque ello contradiría el perenne Magisterio católico; pero me limitaré a recordar lo que hace apenas unos años se decía de los supuestos matrimonios homosexuales, la ordenación de mujeres, el celibato eclesiástico y la abolición de la pena de muerte y todo lo que hoy se dice impunemente ante el aplauso del mundo.

LA TRAMA McCARRICK

Lo que señala el informe no es tanto su contenido como lo que calla y oculta tras una montaña de documentos y testimonios, por espeluznantes que sean. Muchos periodistas, y muchísimos eclesiásticos, tenían conocimiento de la escandalosa vida del hombre del capelo rojo, y aun así lo consideraban, maquiavélicamente, útil para los intereses del Partido Demócrata, expresión del estado profundo y del progresismo católico de la iglesia profunda. En el Washingtonian se pudo leer en 2004: «Con un católico polémico en la carrera por la presidencia (John Kerry), el cardenal está considerado por muchos el hombre del Vaticano en Washington, y podría cumplir un papel importante en la selección del próximo papa» (ver aquí). Papel orgullosamente reivindicado en discurso pronunciado el 11 de octubre de 2013 en la Universidad Vilanova y que hoy, con el cardenal Farrell ascendido a camarlengo de la Santa Romana Iglesia por nombramiento de Bergoglio podría concretarse una vez más. Teniendo en cuenta las relaciones de fidelidad que se consolidan entre los miembros de la mafia rosa, es razonable pensar que McCarrick esté todavía en situación de poder intervenir en la elección del Pontífice no sólo mediante la red de amigos y cómplices, algunos de ellos cardenales electores, sino también de participar activamente en el cónclave y en su preparación.

No debemos extrañarnos de que después de constatar el fraude en la elección del presidente de los EE.UU. alguno tratara de manipular también la elección del Sumo Pontífice. No olvidemos que, como ya han señalado varias fuentes, en la cuarta votación del segundo día del último cónclave apareciera una irregularidad en el cómputo de los votos, que se solucionara con una nueva votación, anulando lo previsto en la constitución apostólica Universi Dominici gregis promulgada por Juan Pablo II en 1996.

Es significativo, sin embargo, que si por un lado McCarrick ha sido relevado de sus funciones y reside en un lugar desconocido (donde puede proseguir sin problemas sus funciones paradiplomáticas por cuenta del estado profundo y la iglesia profunda bajo las anónimas vestiduras de laico), por otro todos los que gracias a McCarrick han hecho carrera en la Iglesia siguen en su puesto y hasta han sido ascendidos. Todos estos personajes a los que ha promovido en razón de un modo de vida común y unas mismas intenciones. Todos son chantajeables y chantajistas gracias a los secretos que han llegado a conocer desde su posición. Algunos podrían tal vez ser obligados a obedecer al Sr. McCarrick si él los pone entre la espada y la pared o puede corromperlos con las ingentes cantidades de dinero que tiene a su disposición, aunque ya no sea príncipe de la Iglesia.

La trama urdida por este cardenal está como vemos en condiciones de interferir y actuar en la vida de la Iglesia y de la sociedad, con la ventaja de haber cargado sobre un conveniente chivo expiatorio todas las culpas de la mafia rosa y de que está pareja ajena a las acusaciones de abuso. Pero basta con traspasar la cancela de la Puerta Angélica para toparse con personajes impresentables, algunos de los cuales han sido llamados al Vaticano para sustraerlos a las investigaciones que pendían sobre ellos en el extranjero. Otros son, además, asiduos a la Casa Santa Marta, o cumplen funciones directivas, consolidando la trama de connivencias y complicidades bajo la mirada consentidora del Príncipe. Por otro lado, el hincapié en la labor moralizadora de Bergoglio se estrella contra la cruda realidad de que nada ha cambiado tras la Muralla Leonina en vista de la protección de que gozan entre otros Peña Parra y Zanchetta.

NO SE HA CONDENADO LA SODOMÍA

Algunos comentaristas han señalado con razón un dato desgarrador: que los delitos por los que se ha juzgado a McCarrick sólo tienen que ver con los abusos de menores, mientras que las relaciones contra natura cometidas con adultos con mutuo consentimiento se aceptan y toleran como si tal cosa, como si tan deplorables actos inmorales y sacrílegos de sodomía realizados por sacerdotes no merecieran condena, sino sólo la imprudencia de no haber sabido mantenerlo en el secreto de las cuatro paredes domésticas. A su debido tiempo también habrá que pedir cuentas a los responsables. Sobre todo teniendo en cuenta la cada vez más patente voluntad de Bergoglio de aplicar un enfoque pastoral laxista, según el método experimentado con Amoris laetitia, derogando la condena moral de la sodomía.

LOS CULPABLES Y LAS VÍCTIMAS DE LOS ESCÁNDALOS

La paradoja que surge de los escándalos del clero es que lo que menos preocupa al círculo mágico de Bergoglio es hacer justicia a las víctimas, no sólo compensándolas (cosa que tampoco hacen los culpables; lo han hecho las diócesis con el dinero de los fieles) sino también castigando de modo ejemplar a los culpables. Y no sólo habría que castigar los delitos reconocidos en el código penal por las leyes de los estados, sino también los delitos morales a causa de los cuales personas mayores de edad han sido inducidas por ministros sagrados a cometer pecados graves. ¿Quién curará las heridas del alma, quién lavará las manchas de impureza de tantos jóvenes, entre los que hay seminaristas y sacerdotes? Parece por el contrario sólo se consideran verdaderas víctimas los que han sido sorprendidos y expuestos a la vergüenza pública; se sienten afectados en sus intereses, en sus intrigas, en tanto que sólo se considera culpables a quienes han denunciado los escándalos, quienes han pedido justicia y verdad, empezando por sacerdotes que han sido alejados o privados de la cura de almas por haber tenido la osadía de informar a su obispo de las perversiones de uno de sus hermanos.

LA SANTA IGLESIA ES VÍCTIMA DE LOS DELITOS DE SUS MINISTROS

Hay, además, otra víctima completamente inocente de estos escándalos: la Santa Iglesia. La imagen de la Esposa de Cristo ha sido cubierta de fango, ultrajada, humillada y desacreditada porque quienes han cometido esos delitos disfrutaban de la confianza que despertaba el hábito que vestían, valiéndose de su posición de sacerdote o prelado para atrapar y corromper almas. De ese descrédito de la Iglesia son también culpables cuantos en el Vaticano, en las diócesis, los conventos, las escuelas católicas y las diversas organizaciones religiosas –pensemos en los Boy Scouts– no han extirpado de raíz esa plaga y la han ocultado y negado. Es ya evidente que esta invasión de homosexuales y pervertidos ha sido programada y prevista; no se trata de un hecho fortuito debido a una falta de control, sino de un plan concreto de infiltración sistemática de la Iglesia para demolerla desde dentro. De ella tendrán que responder al Señor aquellos a los cuales había confiado el gobierno de su Esposa.

Con todo, nuestros adversarios olvidan que la Iglesia no es una agrupación de personas sin rostro que obedecen ciegamente a mercenarios, sino un Cuerpo vivo con una Cabeza divina, Nuestro Señor Jesucristo. Pensar que se pueda matar a la Esposa de Cristo sin que intervenga el Esposo es una locura que sólo Satanás puede creer posible. De hecho, él mismo se dará cuenta al crucificarla y cubrirla de esputos y latigazos así como crucificó al Salvador hace dos mil años, está sellando su derrota definitiva. O mors, ero mors tua; morsus tuus ero, inferne.

+Carlo Maria Viganò, arzobispo

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

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viernes, 3 de abril de 2020

La prueba es tiempo de gracia: Consagración Personal, Familiar y Nacional al Sagrado Corazón de Jesús


El Mundo está en tiempo de prueba y castigo. No importa si el virus chino apareció por evolución natural en los murciélagos o si fue fabricado en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan (En donde, desde 2007 se investigaba con el virus del SARS y el Coronavirus de Murciélago), si se escapó por equivocación del laboratorio chino, o si fue liberado intencionalmente en lo que constituiría la primer arma biológica de destrucción masiva. Nada ocurre en el mundo sin que la Divina Providencia lo prevea y permita, y así como la Santísima Virgen en Fátima predijo la Segunda Guerra Mundial y la amenaza del Comunismo como un castigo que Dios envía al mundo para movernos al arrepentimiento de nuestros pecados, y este virus ha puesto a todos los países, ricos y pobres, ante la perspectiva segura de la muerte y la vanidad de las seguridades temporales.

Por lo mismo, no podemos menos que celebrar que el presidente Iván Duque haya dicho en su alocución del 25 de marzo "que Colombia se encomiende a nuestra Virgen de Chiquinquirá, esa patrona de Colombia, al Sagrado Corazón de Jesús" y esperamos que ese mensaje sea síntoma de que este gobierno se ha arrepentido de sus múltiples ofensas a Dios, como su promoción de la Ideología de género entre los niños, o su pretensión de liberalizar el aborto y criminalizar a los grupos provida. En todo caso, lo consideramos un acierto y reclamamos que en coherencia el presidente Iván Duque debería renovar de forma oficial, no privada sino en calidad de Jefe de Estado, la Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús.

De todas formas la situación es apremiante, y más al quedar los católicos privados de los sacramentos, no por disposición pública, sino por abandono por parte de los pastores. Conviene pues que cada persona y hogar se consagre también al Sagrado Corazón de Jesús.
"Me hizo ver, que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación, y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en el, su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción." Santa Margarita María de Alacoque, 1673.
Por eso, ponemos a su disposición la Consagración Personal, Familiar y Nacional al Sagrado Corazón de Jesús:

Consagración Personal al sagrado Corazón de Jesús

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.
Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.
Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Consagración del Hogar al Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús, que manifestaste a Santa Margarita María el deseo de reinar en las familias cristianas, hoy queremos reconocer públicamente Tu dominio absoluto sobre nuestra familia.
Deseamos, de ahora en adelante, vivir con Tu vida; deseamos dejar que esas virtudes se arraiguen y prosperen entre nosotros, por medio de las cuales Tú has prometido la paz aquí abajo; desterraremos lejos de nosotros ese espíritu del mundo que Tú maldijiste
Gobierna, por lo tanto, sobre nuestras mentes a través de la simplicidad de nuestra fe y sobre nuestros corazones a través del amor genuino con el cual arderán por Ti, cuya llama se mantendrá viva a través de la frecuente recepción de la Divina Eucaristía
¡Dígnate, oh Divino Corazón, presidir nuestras asambleas, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, disipar nuestras preocupaciones, santificar nuestras alegrías y aliviar nuestros sufrimientos.
Si alguno de nosotros tuviera en algún momento la desgracia de afligirte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que eres bueno y misericordioso con el pecador penitente.
Y cuando llegue la hora de la separación, cuando venga la muerte a echar la tristeza en medio de nosotros, haremos todo, tanto los que se van como los que se quedan, para estar resignados a tus decretos eternos.
Nos consolaremos con el pensamiento de que llegará un día en que toda la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar para siempre Tu gloria y Tu misericordia.
Que el Inmaculado Corazón de María y el glorioso Patriarca San José te presenten esta consagración y la mantengan en nuestras mentes todos los días de nuestra vida.
Toda la gloria al Corazón de Jesús, nuestro Rey y Padre
Amén.

Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús

Señor Jesús, nuestro Redentor y Salvador: venimos ante Tí en este día de acción de gracias.
Tuyos somos y tuyos queremos ser y, para manifestar públicamente nuestra fidelidad, queremos en este día renovar como colombianos nuestra consagración a Tí: esa consagración que hicimos el día de nuestro bautismo.
Señor, necesitamos que renueves en nuestra patria la fuerza de la fe, sabemos que muchos aun no te han conocido, otros han rechazado tu evangelio y otros han renegado de tí. Te pedimos que, con la fuerza de tu Espirítu, los atraigas todos al amor de Padre, manifestado en tu divino corazón.
Señor, ejerce tu reinado de amor no sólo sobre aquellos que nunca se han alejado de Tí, sino también sobre aquellos que te han abandonado o viven una fe sin sentido: haz que todos vuelvan, como el hijo pródigo, a la casa paterna.
Mira, Señor, con amor a nuestra amada patria Colombia que consagramos orgullosos una vez mas a tu patrocinio, desde el océano atlántico hasta el océano pacifico, desde la Guajira hasta el Amazonas, desde Nariño hasta Arauca, desde san Andrés y Providencia hasta el Vaupés, todo el nuestro territorio quede marcado con la insigne imagen de tu corazón.
Tú sabes que la han invadido muchas semillas de maldad, de odio, de violencia. Tú  conoces que la idolatría de la riqueza y la corrupción han ahogado la verdad y la justicia. Concede a esta tu tierra colombiana por fin la tan anhelada paz que solo tu puedes traernos, y a nosotros, tus hijos, ayudanos a ser auténticos testigos de tu reino.
Concedenos igualmente, Señor Jesús, la gracia de que en Colombia se mantenga siempre viva la fe en tí y en tu Iglesia.
Finalmente te consagramos, Señor, nuestras familias, fundamento de la sociedad y de la Iglesia. Con el don de tu Espíritu fortalece y reanima nuestros hogares, para que cada uno sea de veras pequeña y primera comunidad cristiana, por la fe, la oración y el testimonio. Y que de ellas salgan legiones de hombres y mujeres que queriendo llevar una vida consagrada a tu servicio puedan saciar la inmensa sed de amor de tu adorable corazón.
Que la bandera tricolor baile gloriosa con el viento en este día de júbilo para todo nuestro pueblo, pues sabemos que el Rey y Señor ha estado grande con nosotros y sus proezas se conocen de extremo a extremo del mundo. Su corazón santísimo ha sido fuente inagotable de amor y bendición para nuestra tierra y lo seguirá siendo mientras levantemos con fe y humildad nuestros corazones al cielo.
Que en el mundo reine para siempre tu adorable corazón, Jesús dulce maestro, que llegue a nosotros tu Reino, el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la justicia, el amor y la paz.
Amén.
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domingo, 8 de marzo de 2020

Sres. Obipos: los billetes y monedas sí transmiten virus, la eucaristía no.


El pasado viernes se anunció por parte del Ministerio de Salud la confirmación del primer caso de detección del Coronavirus en Colombia, por lo cual llamó a medidas de higiene y prevención del contagio. La Conferencia Episcopal, siguiendo el ejemplo de otros países ha expedido un comunicado en el que ordenan sacrílegamente que "la comunión debe recibirse en la mano".
7. La comunión eucarística debe recibirse en la mano. Los sacerdotes han de instruir a los fieles sobre la forma de hacerlo, especialmente sobre la necesidad de que quien comulga se lleve a la boca inmediatamente la hostia consagrada a la vista del ministro.
 Ante la instrucción episcopal, que en absoluto se compadece con prevenir el contagio del Coronavirus y por el contrario más parece una excusa para implantar la desacralización de la Eucaristía que en Colombia jamás ha sido aceptada por los fieles, nos permitimos recordar algunos hechos para su consideración:
  1. El número de casos de Coronavirus reportados a lo largo del mundo está más relacionado con el número de pruebas practicadas y menos con la real expansión del virus. Así mismo, la letalidad del Coronavirus no está muy lejos de la Gripe común, y la mayoría de personas que han muerto por el virus eran mayores de 70 años o tenían antecedentes respiratorios o cardiovasculares. Visto lo anterior, es muy probable que mucha gente ya haya incubado y transmitido el Coronavirus sin distinguirlo de una gripa común y corriente. El pánico mediático ha llevado a sobreestimar los efectos de la pandemia y a exagerar las medidas preventivas.
  2. Las manos son la parte del cuerpo más expuesta a transmitir el virus, dado que con las manos tocamos todo lo que está en contacto con otra gente, y por lo tanto es mucho más contagioso recibir las formas en la mano y luego llevarlas a la boca. El sacerdote se ha lavado las manos durante el Ofertorio, los fieles no sólo no tienen cómo hacerlo durante la misa, sino que en ese mismo instante están tocando billetes y monedas para la limosna, lo cual hace que durante la comunión sus manos estén seguramente sucias y representen un grave peligro de contagio. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus, deberían ordenar que la comunión sólo se reciba en la boca.
  3. El número de personas repartiendo la comunión sí que puede aumentar el riesgo de Coronavirus. Si el sacerdote teme estar contagiado del Coronavirus bien puede abstenerse de celebrar la misa y encargársela a otro, pero si además del sacerdote hay otras cinco y ocho personas repartiendo la comunión, es mucho más probable que alguna de ellas sea portadora del Coronavirus sin saberlo, y termine transmitiéndolo a toda la comunidad parroquial. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus deberían suspender el uso de Ministros "extraordinarios" de la Comunión durante las eucaristías. 
  4. La OMS ha encontrado que los billetes y monedas son uno de los principales mecanismos de transmisión del Coronavirus. Algo que no ha hecho más que confirmar la sabiduría popular al respecto: Los billetes van de mano en mano y son uno de los mayores transmisores de enfermedades y bacterias. Durante las eucaristías, es mucho más probable que una persona sea contagiada por el contacto con dinero durante las ofrendas, que por la recepción de la comunión. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus, deberían suspender temporalmente la recepción de la limosna durante las eucaristías. 
  5. En 2009 la Sagrada Congregación para el Culto Divino fue consultada acerca de la posibilidad de prohibir la comunión en la boca a causa de una epidemia de gripe en los Estados Unidos. La respuesta de la Congregación fue negativa, pues “cada uno de los fieles tiene siempre el derecho a recibir la Santa Comunión en la lengua” (Redemptionis Sacramentum, 92), y no es lícito negar la Sagrada Comunión a ningún fiel cristiano a quien no impida la ley recibir la Sagrada Eucaristía”. Los obispos no tienen la potestad de ordenar la comunión en la mano, máxime cuando la norma establece que la comunión debe recibirse en la boca, y el recibirlo en la mano corresponde una excepción a la norma.
En conclusión, si tu párroco dice que por el temor ante el Coronavirus sólo se va a distribuir la comunión en la mano, recuérdale y a los demás fieles, que el contacto de las manos con billetes es mucho más insalubre y representa mayor riesgo de contagio que el contacto con la eucaristía, y que por su salud y la de los demás fieles, deberían abstenerse de llevar dinero a las eucaristías mientras pasa el temor ante la epidemia.
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lunes, 7 de enero de 2019

ALERTA: Respuesta de la CDF sobre histerectomía es un Caballo de Troya para cambiar la postura sobre el aborto

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El pasado 3 de enero, la Oficina de Prensa de la Santa Sede comunicó la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a una duda (dubium) sobre la validez de la histerectomía (extirpación del útero) en los casos en que el emabarazo podría concluir en aborto espontáneo. La respuesta de la CDF fue aprobada por el Papa Francisco el 10 de diciembre de 2018.

Según la nota explicativa que acompaña la respuesta, el caso presentado difiere de los casos resueltos por la CDF en 1993, en los cuales se rechazó tanto la extirpación del útero como la ligadura de trompas como forma de prevenir un embarazo riesgoso, por tratarse de un caso de esterilización directa, condenada por la Iglesia, en tanto que según la CDF ya no puede hablarse de esterillización si la procreación no es posible. No obstante, considerar que no hay procreación cuando el embarazo terminará en aborto espontáneo, implica negar que la vida en gestación es ya la de una persona humana, y por lo tanto, la de un hijo. Por esta vía, siguiendo la misma premisa que usa la CDF, podría llegarse a una aprobación del aborto eugenésico en los casos que el embarazo nunca podrá llegar a término.

A continuación, el texto completo de la respuesta de la CDF:

Respuesta a una duda sobre la legitimidad de la histerectomía en algunos casos

El 31 de julio de 1993, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó las Respuestas a las preguntas presentadas sobre el «aislamiento uterino» y otras cuestiones. Estas respuestas, que conservan toda su validez, consideran la extirpación del útero (histerectomía) moralmente lícita cuando el mismo constituye un grave peligro actual para la vida o la salud de la madre, y consideran ilícitas, en cuanto se configuran como una modalidad de esterilización directa, la extirpación del útero y la ligadura de las trompas (aislamiento uterino) con el fin de imposibilitar un posible embarazo que pudiera implicar algún riesgo para la madre.

En los últimos años, se han presentado algunos casos a la Santa Sede, bien circunstanciados, también relacionados con la histerectomía, que se presentan sin embargo como un caso diferente del que fue examinado en 1993, porque se refieren a situaciones en las que en ningún caso es posible la procreación. La duda y la respuesta, acompañadas de la Nota ilustrativa, que ahora se publican, se refieren a este nuevo caso y completan las respuestas dadas en 1993.

Duda: Cuando el útero se halla de forma irreversible en un estado tal que ya no puede ser idóneo para la procreación, y médicos expertos han alcanzado la certeza de que un posible embarazo conducirá a un aborto espontáneo, antes de que el feto pueda alcanzar el estado de viabilidad. ¿Es lícito extirparlo (histerectomía)?

Respuesta: Sí, porque no se trata de esterilización.

Sigue la nota ilustrativa publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe:

***

Nota ilustrativa

La duda se refiere a algunos casos extremos, recientemente presentados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que constituyen un caso diferente de aquel al que se dio respuesta negativa el 31 de julio de 1993. El elemento que hace esencialmente diferente la pregunta actual es la certeza alcanzada por médicos expertos de que, en caso de embarazo, el mismo se detendría espontáneamente antes de que el feto alcance el estado de viabilidad. Aquí no se trata de dificultades o riesgos de mayor o menor importancia, sino de una pareja para la cual no es posible procrear.

El objeto propio de la esterilización es impedir la función de los órganos reproductores, y su malicia consiste en el rechazo de la prole: es un acto contra el bonum prolis. En el caso contemplado en la presente duda, se sabe con certeza que los órganos reproductivos no son capaces de custodiar a un concebido hasta su viabilidad, es decir, no son capaces de llevar a cabo su función procreativa natural. La finalidad del proceso procreativo es dar a luz a una criatura, pero aquí el nacimiento de un feto vivo no es biológicamente posible. Por lo tanto, no estamos ante un funcionamiento imperfecto o arriesgado de los órganos reproductores, sino ante una situación en la que la finalidad natural de dar a luz a una prole viva es imposible.

La intervención médica en cuestión no puede juzgarse como anti-procreativa, porque se está en presencia de un contexto objetivo en el que ni la procreación ni como resultado la acción anti- procreativa son posibles. Excluir un aparato reproductivo que no es capaz de llevar a término un embarazo no puede por lo tanto calificarse como esterilización directa, que es y sigue siendo intrínsecamente ilícita como fin y como medio.

El problema de los criterios para evaluar si el embarazo pueda o no prolongarse hasta el estado de viabilidad es una cuestión médica. Desde el punto de vista moral, hay que pedir que se alcance todo el grado de certeza que se puede alcanzar en medicina, y en este sentido, la respuesta dada es válida para la duda tal como, en buena fe, ha sido propuesta.

Además, la respuesta a la duda no dice que la decisión de practicar la histerectomía sea siempre la mejor, sino solo que, en las condiciones mencionadas anteriormente, es una decisión moralmente lícita, sin excluir por ello otras opciones (por ejemplo, recurrir a los períodos de infertilidad o a la abstinencia total). Corresponde a los esposos, en diálogo con los médicos y con su guía espiritual, elegir el camino a seguir, aplicando a su caso y circunstancias los criterios normales de gradualidad de la intervención médica.

El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha aprobado la mencionada respuesta y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 10 de diciembre de 2018.

Luis F. Card. Ladaria, S.I.

Prefecto

+ Giacomo Morandi

Arzobispo titular de Cerveteri

Secretario

Como se puede ver, la premisa de la que parte la CDF en su respuesta es que “los órganos reproductivos no son capaces de custodiar a un concebido hasta su viabilidad, es decir, no son capaces de llevar a cabo su función procreativa natural.”, y de ahí que “La intervención médica en cuestión no puede juzgarse como anti-procreativa, porque se está en presencia de un contexto objetivo en el que ni la procreación ni como resultado la acción anti- procreativa son posibles.”.  En otras palabras, se parte de que “el nacimiento de un feto vivo no es biológicamente posible” para afirmar que “no es posible procrear”, igualando la procreación con el nacimiento del feto vivo.

Se está afirmando pues, que si el proceso procreativo no llegó a término, entonces jamás hubo procreación. Dicho de otro modo, si la mujer quedó embarazada y perdió al bebé, nunca tuvo un hijo. Este cambio de términos atenta contra la doctrina católica que afirma que desde el instante de la concepción se está ante una persona humana en su fase de gestación. Por eso es que Pío XI habla de la “prole ya concebida y aún no dada a luz”, cuando condena el aborto:

Todavía hay que recordar, Venerables Hermanos, otro crimen gravísimo con el que se atenta contra la vida de la prole cuando aun está encerrada en el seno materno. Unos consideran esto como cosa lícita que se deja al libre arbitrio del padre o de la madre; otros, por lo contrario, lo tachan de ilícito, a no ser que intervengan causas gravísimas que distinguen con el nombre de indicación médica, social, eugenésica. Todos ellos, por lo que se refiere a las leyes penales de la república con las que se prohíbe ocasionar la muerte de la prole ya concebida y aún no dada a luz, piden que las leyes públicas reconozcan y declaren libre de toda pena la indicación que cada uno defiende a su modo, no faltando todavía quienes pretenden que los magistrados públicos ofrezcan su concurso para tales operaciones destructoras; lo cual, triste es confesarlo, se verifica en algunas partes, como todos saben, frecuentísimamente. (Casti Connubii, 23)

Afirmar, como hace la Congregación para la Doctrina de la Fe, que no hay procreación sólo porque es imposible llevar a término el embarazo, es un error gravísimo, cuyas premisas llevarían a aceptar la posibilidad del aborto eugenésico, cuando fuera inviable la vida extrauterina del nasciturus, pues ahí se verificaría la misma situación en que “el nacimiento de un feto vivo no es biológicamente posible”. Por esta razón, tal cambio de conceptos debería preocupar a todas las organizaciones provida en general, y a todos los católicos en particular, pues representa un Caballo de Troya para provocar un cambio en la postura de la Iglesia hacia el aborto.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

Una oportunidad de curación para la Iglesia, por Francisco José Contreras

Reproducimos el siguiente artículo escrito por el abogado y escritor español Francisco José Contreras y publicado originalmente en el sitio web de Libertad Digital.

Resultado de imagen para francisco jose contrerasMe ha costado mucho escribir este artículo. "No hay que perturbar la fe de los sencillos" (ya está perturbada: en Irlanda cayó veinte puntos el porcentaje de católicos tras el escándalo de los abusos sexuales). "Los trapos sucios se lavan en casa" (imposible en la era de internet). "No hay que desacreditar públicamente a la Iglesia" (pero nada desacredita más que el silencio encubridor).

De hecho, casi tenía decidido no escribirlo. Pero entonces conocí un detalle del terrible –y rigurosamente fundamentado– informe del Gran Jurado de Pensilvania: los sacerdotes pervertidos marcaban con determinadas medallitas piadosas a los jóvenes que sabían accesibles, a fin de que pudieran ser identificados y usados por otros clérigos de la red maldita (pues de una red organizada se trataba, con una sección especializada, por ejemplo, en la producción de pornografía infantil). Las gotas que colman el vaso suelen ser así de triviales.

Los católicos hemos desarrollado todo un repertorio de excusas para desviar la mirada del horror de los abusos sexual-clericales. "Todos somos pecadores". Cierto, pero no todos somos corruptores de menores que arrastran por el fango la dignidad de la Iglesia. "La prensa, mayoritariamente anticristiana, usa un doble rasero". Y sí, es verdad que, según determinados estudios, en otros gremios que trabajan con adolescentes se dan porcentajes de abuso sexual comparables a los del clero, con una atención mediática mucho menor. Pero un maestro o un entrenador deportivo no consagran diariamente el cuerpo y la sangre de quien dijo: "Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar" (Mt, 18,6).

Otro subterfugio es: "Los sacerdotes corruptos son una minoría". ¡Claro que sí! Claro que hay una mayoría de sacerdotes virtuosos y fieles a su ministerio. Pero los malos constituyen una minoría poderosa, infiltrada en todos los niveles de gobierno de la Iglesia, capaz de desactivar los ya tantas veces prometidos esfuerzos de prevención y limpieza. La dura realidad es la que ha enunciado descarnadamente el blog católico The Wanderer: hay incrustada en la Iglesia "una mafia de homosexuales que la ha utilizado para conseguir efebos a fin de satisfacer sus pasiones y dinero para vivir cómodamente".

Cuando se conoce la abyección a la que han llegado esos sacerdotes y obispos indignos, sólo cabe concluir que perdieron hace mucho la fe, si es que alguna vez la tuvieron. Pero, en lugar de colgar los hábitos, permanecen en la institución, que garantiza seguridad económica y una provisión siempre renovada de potenciales víctimas. Moralmente es una estafa; jurídicamente es un delito; teológicamente es un sacrilegio, pues esos sacerdotes celebran los sacramentos sin creer en ellos. Usan la Iglesia de Cristo como lupanar.

HOMOSEXUALIDAD Y CLERO

Determinados opinadores progresistas apenas disimulan el regocijo que les produce esta bancarrota moral de la Iglesia. La mala noticia para ellos es que la crisis de los abusos sexuales es también, fundamentalmente, un problema de homosexualidad clerical, como ha afirmado con valentía la reciente carta de monseñor Viganò:

"Estas redes homosexuales, que ahora son ya extensas en muchas diócesis, seminarios, órdenes religiosas, etc., se sirven del secreto y la mentira: estrangulan víctimas inocentes y vocaciones sacerdotales, y están estrangulando a la Iglesia entera".

Hubo un tiempo en que los deslices eróticos del clero concernían al sexo opuesto: el cura con barragana es un clásico de nuestra literatura, como saben los lectores del Arcipreste de Hita. Pero también existía en la Iglesia una ética sexual inequívoca que conceptuaba esos deslices como pecados que ponían en peligro la salvación del alma. En los años 60 y 70, sin embargo, los vientos de liberación que soplaban en la sociedad penetraron en la propia Iglesia; surgió entonces un sector de teólogos progresistas (Charles Curran y otros) que reclamaban una revisión de la moral sexual católica, y especialmente de la prohibición de las relaciones homosexuales, secularmente condenadas como pecado de sodomía. El desconcierto moral-doctrinal coincidió en el tiempo con la desbandada de secularizaciones del post-concilio: muchos curas heterosexuales abrumados por el celibato entablaron entonces relaciones con mujeres y colgaron los hábitos para casarse. Pero los que patinaban en la otra dirección se quedaron dentro. El porcentaje de sacerdotes homosexuales aumentó sustancialmente.

La dimensión específicamente homosexual de la crisis de abusos es camuflada mediante el uso general del término pedofilia, que lleva al público a creer que los curas pervertidos corrompen a niñas de siete años. Y puede haber algún caso. Pero la gran mayoría de los abusos se refieren a adolescentes varones: sería más exacto hablar de efebofilia. El estudio "The Nature and Scope of Sexual Abuse of Minors by Catholic Priests and Deacons in the United States from 1950-2002", realizado en 2004 por el John Jay College of Criminal Justice por encargo de la Conferencia Episcopal norteamericana, revelaba en su epígrafe 4.2 que más del 80% de los abusos habían tenido por objeto a "adolescentes y hombres jóvenes". A la vista del informe, Paul McHugh, antiguo director de Psiquiatría del Johns Hopkins Hospital, no dudó en hablar en un artículo de 2006 de "una crisis de depredación homosexual de la juventud católica norteamericana".

Pero esto significa que, cuando el mundo exige simultáneamente a la Iglesia un giro gay friendly en su moral sexual y la erradicación de los abusos, le está pidiendo un imposible. Habrá que escoger entre ambas cosas.

A esa conclusión parecía haber llegado también Benedicto XVI, que impulsó en 2005, como una de las primeras medidas de su pontificado, la "Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas", que establecía que la Iglesia "no puede admitir al seminario y a las órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay". La aplicación de la Instrucción, sin embargo, tropezó con el abierto boicoteo del sector clerical progresista, que consideró "homófobo" el estricto criterio introducido por un Ratzinger que en el Vía Crucis del Viernes Santo de 2005 había sorprendido al mundo con una enigmática alusión a la "podredumbre escondida en la Iglesia". El padre Robert Scullin, S. J., provincial de la Compañía de Jesús en Detroit, declaró desafiantemente: "Seguiremos invitando [a considerar la vocación sacerdotal] a jóvenes de toda orientación sexualque deseen llevar una vida religiosa célibe".

Lo que estaba diciendo Scullin es que el Papa erraba al presuponer en los hombres con inclinación homosexual una mayor probabilidad de abuso que en los heterosexuales. Lo mismo alegó el padre Thomas Reese, S. J.: "El Vaticano ha olvidado cuántos sacerdotes son homosexuales, y cuán fielmente observan el celibato, y qué bien desempeñan su ministerio".

Y bien, sin duda muchos sacerdotes con tendencia homosexual respetan el celibato. Pero los porcentajes de éxito no son los mismos. La atmósfera de opresiva corrección política hace ya casi imposible decir esto, pero múltiples estudios sexológicos certifican que la propensión a la promiscuidad es mucho más elevada entre los homosexuales, como también lo es la incidencia de la pederastia. En un artículo de 2006, el gran Richard John Neuhaus concluía:

"Roma ha hecho un juicio prudencial: al conceder a muchos candidatos al sacerdocio [con tendencia homosexual] el beneficio de la duda, se adoptaron en el pasado demasiados riesgos. Ahora debe darse prioridad a la protección de la integridad del sacerdocio. Con la reciente normalización de la homosexualidad en la cultura general, y con la aceptación de dicha normalización por muchos sacerdotes y no pocos obispos, y con consecuencias tales como los escándalos de abusos sexuales, la Iglesia simplemente no puede permitirse seguir asumiendo el riesgo".

LAS REVELACIONES DE MONSEÑOR VIGANÒ

Lo que parece bloquear la capacidad de reacción eficaz de la Iglesia frente a la interminable crisis de abusos sexuales sería, pues, una sinergia objetiva entre el lobby abiertamente gay-corrupto, de dimensiones desconocidas, y el sector eclesial progresista que, sin ser necesariamente homosexual, sí presiona constantemente para conseguir una revisión de la posición oficial de la Iglesia sobre la homosexualidad, el matrimonio, la familia, los anticonceptivos, el aborto y otras cuestiones morales. La guerra civil entre conservadores y progresistas planeó explosivamente, por ejemplo, sobre el pasado Sínodo de la Familia. Con el papa Francisco apoyando poco disimuladamente a los segundos.

Aquí es donde entran en juego las estremecedoras declaraciones de monseñor Viganò. No sabemos si son verdaderas. Sí parecen verosímiles. Porque su versión hace encajar muy lógicamente todas las piezas. No reconstruiré todos los detalles, ya conocidos. Viganò puede acreditar su constante beligerancia, a partir del año 2000, en la denuncia por vía interna de las andanzas pederastas del cardenal McCarrick. Explica que la interferencia de Sodano, Levada y Bertone impidió probablemente que los informes llegaran al Papa. La insistencia de Viganò consiguió, sin embargo, que en 2009 Benedicto XVI tomase por fin cartas en el asunto e impusiese a McCarrick el cese radical de su ministerio público y la "retirada a una vida de oración y penitencia", con prohibición expresa de pisar los seminarios (su territorio de caza preferido).

Y la escena clave es el momento en que Viganò se encuentra en Roma en 2013 a un McCarrick triunfante que le dice: "Me he entrevistado con el Papa [Francisco] y mañana me voy a China [en misión oficial]". Invitado por Francisco a exponer su opinión sobre McCarrick, Viganò asegura haberle dicho: "Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y el papa Benedicto le impuso retirarse a una vida de oración y penitencia". "El Papa no hizo el mínimo comentario a mis graves palabras (…) y cambió enseguida de tema".

Tratándose de una conversación privada, corresponde al Papa reconocerla o desmentirla. Viganò pone solemnemente a Dios por testigo, empeñando su salvación en el envite. Lo que sí puede demostrarse es que, a partir de 2013, McCarrick retomó su actividad pública, lo cual indica un levantamiento de las sanciones por el Papa. Basta consultar la edición del Huffington Post del 17 de junio de 2014, que, bajo el titular "McCarrick está trabajando más duro que nunca", nos explica:

"McCarrick es uno de los eclesiásticos que habían sido más o menos puestos fuera de la circulación durante el pontificado de Benedicto XVI. Pero ahora el Papa es Francisco, y prelados como Walter Kasper (un viejo amigo suyo) y el propio McCarrick están de nuevo en primera línea, y más activos que nunca. McCarrick, en particular, está que se sale desde hace un año [has been on a tear in the past year], viajando a Filipinas para consolar a las víctimas del tifón y visitando puntos geopolíticos estratégicos como China e Irán para conducir delicadas conversaciones sobre libertad religiosa y proliferación nuclear". (…) "¡Mala hierba nunca muere!", le dijo jocosamente Francisco cuando le volvió a ver".

Ross Douthat razona que Francisco no tiene por qué haber encubierto cínica y fríamente a un cardenal pederasta. Que quizás intentó autoengañarse diciéndose que eran sólo habladurías. Quizás pensó que, a sus 83 años, McCarrick ya no estaba en condiciones de corromper a nadie más. Sería la explicación más piadosa.

Lo que parece incuestionable es que Francisco antepone la búsqueda de aliados en su guerra civil contra el sector ortodoxo/conservador a la lucha contra los abusos sexuales (mientras se llena la boca con una retórica de tolerancia cero). Por eso invitó al Sínodo de la Familia al cardenal belga Godfried Danneels, que fue grabado mientras intentaba convencer a una víctima de abuso sexual de que no denunciase al culpable, el obispo de Brujas Roger Vangheluwe (Danneels es una figura clave del progresismo eclesial y, según se dice, uno de los muñidores de la elección de Francisco en el cónclave de 2005). Por eso mantiene en su G9 –consejo privado de asesores "para la reforma de la Curia"– a varios cardenales salpicados por escándalos de abusos: se acusa a Maradiaga de haber encubierto al obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda, y de haber hecho caso omiso de las llamadas de socorro de los seminaristas hondureños que denunciaban las descaradas presiones homosexuales en el seminario; Pell y Errazuriz tampoco están libres de sospecha; en la diócesis del cardenal O’Malley, Boston, también se han revelado nuevos casos de abuso.

El progresismo eclesial –y el que podríamos llamar "sector oficialista", que era conservador con Benedicto, progresista con Francisco y concibe el catolicismo como obediencia perruna a la autoridad pontificia– ha salido en tromba a desacreditar a Carlo Maria Viganò. Dicen que Viganò miente y que todo se debe expectativas profesionales frustradas. Como si a los 77 años se pudiera pensar en carrera eclesial alguna, en lugar de en el Juicio cercano.

Sí, podría ocurrir que lo de Viganò no haya sido más que una gran calumnia (genialmente ensamblada, pues, como decíamos, las piezas encajan demasiado bien). Pero, entonces, el calumniado debe refutar las imputaciones con la misma terrible solemnidad con que Viganò las formuló ("si callo, Dios me pedirá cuentas"), y a continuación aplicarle las más duras sanciones previstas por el Derecho canónico, además de denunciarle a las autoridades civiles. Todo indica, sin embargo, que la actitud de Francisco va a consistir en esperar que escampe, mientras el oficialismo-progresismo utiliza la técnica del calamar. Sería cerrar la crisis en falso y agudizar el descrédito moral de la Iglesia.

Pero monseñor Jean-François Lantheaume, que fuera consejero de la nunciatura en Washington en la etapa de los hechos, ha declarado escuetamente: "Viganò dice la verdad". Y el cardenal Daniel Di Nardo, presidente de la Conferencia Episcopal de EEUU, ha afirmado: "Las cuestiones planteadas por Viganò merecen respuestas que sean concluyentes". Y monseñor Vigneron, arzobispo de Detroit, dice que la carta de Viganò es "camino seguro hacia la purificación y la reforma de la Iglesia". Y monseñor Olmsted, obispo de Phoenix, pide que el testimonio de Viganò sea "tomado en serio por todos". Y uno de los intelectuales católicos más prestigiosos, George Weigel, ha declarado:

"El arzobispo Viganò es un valiente reformador, y fue removido del Vaticano por sus inmediatos superiores porque estaba determinado a enfrentarse a la corrupción financiera en el Governatorato, la administración del Estado vaticano. (…) Viganò es, según mi experiencia, un hombre honrado. Hablamos sobre cuestiones grandes y pequeñas, y nunca tuve la impresión de que me estuviese transmitiendo otra cosa que lo que él en conciencia creía que era la verdad".

Viganò concluye su alegato pidiendo la dimisión del Papa. Hay quien sostiene que dos renuncias papales en cinco años, y probablemente motivadas por el mismo asunto (pues muchos conjeturan que la verdadera causa del desaliento de Benedicto fue su impotencia frente a la hidra de los abusos y el lobby gay eclesial) serían demasiado para la Iglesia.

Habría una alternativa mejor: que Francisco pidiese perdón y estuviese por fin a la altura de su ministerio, cortando las cabezas que sean necesarias, restableciendo la Instrucción de 2005 y convirtiendo la limpieza de la Iglesia en su verdadera prioridad. Como han señalado varios comentaristas, esta tribulación puede ser una oportunidad de oro para una sanación en profundidad. Comprender que uno tiene un tumor y no un resfriado es el primer paso para aplicar una terapia efectiva. Recordando siempre que la insumergibilidad de la barca está garantizada por el propio Cristo. Pese a los hombres.

Exsurge, Domine, et iudica causam tuam.

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martes, 21 de agosto de 2018

Feminista pro-LGBT Carolina Sanín ahora defiende la pedofilia como “deseo no-punible”

screenshot-twitter.com-2018.08.21-08-58-02Desde hace años las organizaciones que defendemos la familia frente a la agenda homosexual venimos denunciando que el relativismo intrínseco de las reclamaciones homosexuales implica una disolución del orden moral tal, que bajo los mismos presupuestos, toda clase de aberraciones, como la pederastia, el bestialismo o el canibalismo, deberían ser aceptadas y normalizadas siempre y cuando sean “consentidas”. Por otra parte, importantes líderes del movimiento homosexual, desde Alfred Kinsey, Harry Hay, o Peter Singer, el sueco Stefan Johannson, los británicos James Rennie o Matthew Sephton como parte de una red mucho más extensa, y aquí en Colombia el activista gay y ex candidato por el Partido Verde, Sergio David Torres, han estado implicados en abuso sexual a menores o pornografía infantil.

Ahora, la feminista Carolina Sanín ha incendiado las redes sociales al comentar en Twitter: “La pedofilia no es un crimen. Es un crimen el actuar sobre ella, es decir, el abuso sexual a menores. Pero ningún deseo es punible en tanto deseo, ni es tampoco bueno o malo. Así que reaccionemos contra los violadores de niños, no contra los pedófilos. No es lo mismo.” Con esto, Sanín se adhiere a una línea de argumentación aparecida en una serie de importantes diarios extranjeros, como The Guardian en el Reino Unido, o el New York Times, que defienden que habría un grupo de pedófilos inofensivos, los cuales sólo reclamarían el no ser estigmatizados por sus “gustos sexuales” y afirmarían jamás atentar contra los niños.

¿No es acaso la misma línea de argumentación con la que comenzó la defensa de la homosexualidad en los años 60’s? Primero se habló de “desestigmatizar a los homosexuales”, luego se pasó a la normalización de la homosexualidad y su igualación con la heterosexualidad. Como si fuera poco, los gobiernos, siguiendo la agenda impuesta desde el UNFPA y UNICEF, han ido introduciendo una erotización agresiva de los menores de edad en los programas de Educación Sexual, procurando una iniciación en la vida sexual cada vez más temprana, así como la confusión de su identidad gracias a la Ideología de Género. En efecto, si el Estado acredita que un hombre de 40 años en realidad es una niña de 6 ¿Qué actitud va a tomar cuando ese “niña de seis años” afirme estar enamorado de un niño de 7?

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viernes, 3 de agosto de 2018

Editorial: ¿Tiene un Papa la autoridad para cambiar la Doctrina de la Iglesia?

papa_francisco_0En diciembre del año pasado, se levantó en Colombia una efímera controversia acerca de la posibilidad de revivir la pena de muerte, según una propuesta lanzada por un candidato presidencial. En su momento muchos afirmaron que defender la pena de muerte sería contrario a la Fe Católica, y para ello recordaron algunas declaraciones del Papa Francisco en ese sentido. En aquel entonces explicamos por qué la pena de muerte es permitida en la Doctrina de la Iglesia, y por qué es un error creer que se oponen.

Hoy ha salido la noticia de que el Papa ha ordenado que se modifique el Catecismo para eliminar la doctrina tradicional de la Iglesia y en su lugar declarar “inadminisble” la práctica de la pena de muerte. A continuación una comparación entre la redacción del numeral 2266 del Catecismo de la Iglesia Católica bajo Juan Pablo II y la reforma hecha por el Papa Francisco:

Catecismo de Juan Pablo II

Catecismo de Francisco

La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy [...] rara vez [...], si es que ya en realidad se dan algunos» (EV 56)

Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.

Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.

Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona»1, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

Como explicamos en diciembre, la licitud de la pena de muerte puede encontrarse como una enseñanza constante de la Iglesia Católica a lo largo de toda su historia, que se remonta al mismo Evangelio, pues Jesús ante Pilato le recordó que la autoridad para sentenciar a muerte le había sido dada “de lo alto” (Jn 19, 11), y ya en la cruz, San Dimas reconoció que su condena muerte, a diferencia de la de Cristo, era justa y merecida (Lc 23, 41). Recordamos pues, algunos de los ejemplos más notables de reafirmación de esta doctrina infalible.

Haz el bien y recibirás sus alabanzas; de hecho, la autoridad es un ministro de Dios para bien tuyo; pero si haces el mal, teme, pues no en vano lleva la espada; ya que es ministro de Dios para aplicar el castigo al que obra el mal. (Romanos 13, 1-4).

Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes. (San Agustín. La Ciudad de Dios. Libro I, c. 21)

Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida. (Pío XII, Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso. Los límites morales de los métodos médicos, n. 28, en 13 de septiembre de 1952)

En este horizonte se sitúa también el problema de la pena de muerte, respecto a la cual hay, tanto en la Iglesia como en la sociedad civil, una tendencia progresiva a pedir una aplicación muy limitada e, incluso, su total abolición. El problema se enmarca en la óptica de una justicia penal que sea cada vez más conforme con la dignidad del hombre y por tanto, en último término, con el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad. En efecto, la pena que la sociedad impone « tiene como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta » (CCE 2266). La autoridad pública debe reparar la violación de los derechos personales y sociales mediante la imposición al reo de una adecuada expiación del crimen, como condición para ser readmitido al ejercicio de la propia libertad. De este modo la autoridad alcanza también el objetivo de preservar el orden público y la seguridad de las personas, no sin ofrecer al mismo reo un estímulo y una ayuda para corregirse y enmendarse (cf. CCE 2266). Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo. (Juan Pablo II. Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 56, a los obispos, a los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, a los fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad, sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, 25 de marzo de 1995)

Se ha afirmado que el rechazo a la pena de muerte era también la postura de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, sin embargo, valga mencionar que ambos estuvieron directamente involucrados en la última edición del Catecismo de la Iglesia Católica y es notorio como la redacción de este parágrafo refleja fielmente su pensamiento: Particularmente, la cita de la Evangelium Vitae, deja ver que Juan Pablo II tenía el parecer, como un juicio prudencial, opinable, de que en la situación actual del mundo la pena de muerte se había vuelto innecesaria, sin negar por ello que la enseñanza tradicional de la Iglesia admitía el recurso lícito a la pena de muerte. En el primer caso, el papa Juan Pablo II matiza su propia opinión y la somete a los principios perennes de la Iglesia, mientras en el segundo, el papa Francisco pretende modificar la enseñanza de la Iglesia para amoldarla a su propia opinión.

En efecto, esto nos lleva a la verdadera gravedad del asunto. En realidad, la pena de muerte no es un asunto de especial relevancia práctica el dia de hoy. La Ley Moral Natural, bajo la confrmación de la Revelación, afirma como admisible la pena de muerte, y al hacerlo sólo la declara como no prohibida. Así pues, moralmente es permitida la pena de muerte, y cada país puede hacer un juicio prudencial y considerar si la contempla en su legislación penal positiva o no. Hoy en día, la gran mayoría de países prohiben la pena de muerte, así que el juicio de la Iglesia al respecto no parece tener mayores repercusiones.

En realidad, mucho más grave que el juicio sobre la pena de muerte en sí, es el hecho mismo de que un Papa pretenda tener la autoridad para cambiar el Catecismo en contra de lo que la Iglesia siempre ha afirmado y que por lo tanto tiene el carácter de enseñanza infalible. Este modus operandi va absolutamente en contravía de la naturaleza del ministerio papal según lo definido por el Concilio Vaticano I:

Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos». (CVI, Pastor Aeternus)

Dicho de otro modo, con esta modificación al Catecismo se pretende que la autordidad papal está por encima del contenido de la Fe Católica, y no al servicio de ésta. Si aceptamos que el Papa Francisco afirme que la Iglesia ha estado equivocada sobre la pena de muerte, mañana podría el Papa decir que la Iglesia se ha equivocado sobre el aborto, la homosexualidad, la anticoncepción, el celibato, la ordenación de mujeres etc., que Cristo no es Dios, que no resucitó verdaderamente, que María no era Virgen. Por eso, precisamente, es que el Papa San Pío X, afirmaba que el Modernismo era “el colector de todas las herejías” porque al afirmar que la Fe Católica puede cambiar con el tiempo, se abre la puerta de par en par a negar todos y cada uno de los artículos de Fe.

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viernes, 23 de febrero de 2018

Antonio Spadaro, asesor del Papa, quiere interdicción para EWTN hasta que expulsen a Raymond Arroyo

Pope_Francis-AntonioSpadano(1)_810_500_55_s_c1El jesuita Antonio Spadaro, director de La Civiltá Cattolica, medio oficial de la Compañía de Jesús, y asesor muy cercano del Papa Francisco, ha compartido, vía Twitter, su deseo de que EWTN sea puesta bajo Entredicho, una sanción canónica cercana a la excomunión, hasta que no expulsen de su planta al presentador Raymond Arroyo. No sería el primer caso de un canal católico de televisión en ser sancionado por criticar la agenda del Papa Francisco, pues aquí en Colombia tuvimos con Teleamiga un caso análogo.

La semana pasada, el P. Antonio Spadaro S.J. impartió una conferencia titulada “La visión global del Papa Francisco y su trabajo por un mundo más justo y pacífico” en la cual expuso el nuevo abordaje del Papa Francisco hacia las relaciones diplómáticas, que se han revelado incluso en perjuicio de la propia Iglesia Católica en varios países. En su programa The World Over del 15 de febrero, junto con Robert Royal y el P. Gerald Murray, Arroyo criticaron el relativismo afirmado por Spadaro y su reflejo en la nueva Ostpolitik que el Vaticano ha emprendido con China, ordenando el sometimiento de la Iglesia al régimen comunista.

En efecto, Spadaro habló específicamente del caso chino, diciendo que “Francisco está caminando en la misma vía de Juan Pablo II y Benedicto XVI, tratando de encontrar una vía para dialogar efectivamente con las autoridades chinas”, y añadió que “La Iglesia no quiere perder la autoridad de ordenar obispos. La historia de la Iglesia es la historia de encontrar acuerdos con las autoridades políticas sobre el nombramiento de obispos.” Arroyó lo refutó recordando que no es válido comparar a los reinos de la cristiandad medieval, que reconocían la Fe y la Iglesia Católica, con el régimen comunista ateo de China que odia a la Iglesia y quiere controlarla para destruirla. Por eso Juan Pablo II y Benedicto XVI nunca cedieron en condenar las ordenaciones cismáticas del régimen chino y dar alientos a la Iglesia clandestina que seguía fiel en la persecusión.

El P. Murray y Royal hicieron notar además que mientras la Santa Sede muestra una cara amable y de diálogo con las autoridades comunistas, a los obispos clandestinos de China se les ordenó la renuncia de forma autoritaria y sin siquiera escucharlos, tal como denunció el Cardenal Zen. Parecería haber una indulgencia particular hacia los regímenes anticristianos como China, Cuba o Venezuela, mientras en la Santa Sede no pierden oportunidad para atacar a Donald Trump, o los gobiernos católicos en Polonia y Hungría.

Arroyo recordó además que Spadaro, junto con un pastor protestante amigo del Papa, escribieron un artículo acusando de “ecumenismo de odio” a los católicos y protestantes que se unían para luchar contra el aborto y la agenda LGBT en Estados Unidos. “Es muy ofensivo decir que cuando los católicos y los protestantes cooperan para tratar de promover la ley moral, lo hacen basados en el odio. Es exactamente lo opuesto. Es basado en el amor para todos, especialmente nuestro prójimo más vulnerable, los no nacidos y los débiles.”

Luego del programa, Spadaro retuiteó un tweet de Tony Annett que decía: “No se confundan, tales ataques contra @antoniospadaro y @CardinalBCupich representan una ‘guerra total’ contra el Papado del Papa Francisco. Hora de poner Interdicto a @EWTN hasta que se libren de @RaymondArroyo”

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El Entredicho o Interdicto es una sanción canónica que implica la imposibilidad de acceder a los sacramentos y de recibir sepultura cristiana. Se diferencia de la excomunión en que el Entredicho no implica la expulsión de la Iglesia, aunque sus efectos prácticos y temporales sean casi los mismos. El Entredicho puede ser aplicado tanto a personas como a lugares, prohibiendo la celebración de sacramentos en un territorio determinado.

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