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martes, 30 de junio de 2026

La división en la Iglesia no nace con la FSSPX


La Iglesia está dividida y no es por la FSSPX. Las fracturas internas dentro de la Iglesia no han hecho más que acumularse durante los últimos años, y tras la muerte del Papa Francisco, se sabía que el principal desafío del siguiente pontífice sería precisamente el mantener la unidad de la Iglesia. Así además ha sido interpretada la elección del Cardenal Robert Prevost como pontífice 267 de la Iglesia: Era el único candidato aceptable para ambos sectores, progresistas y conservadores, del colegio cardenalicio.

La Iglesia ya se encuentra en un estado de división tal que muchos comentaristas lo han denominado “cisma de facto”, veamos algunos ejemplos:

  • Amoris Laetitia (2016): El Papa Francisco publicó esa exhortación apostólica postsinodal, en la cual, tras muchos rodeos y de manera un tanto solapada, se abría la puerta a que los católicos que vivían en público adulterio pudieran comulgar. Debido a su ambigüedad, el documento fue interpretado de diversas formas, algunas diametralmente opuestas, y así, mientras la Conferencia Episcopal Alemana implementó de inmediato la comunión de los divorciados “vueltos a casar”, la Conferencia Episcopal Polaca reafirmó que no podrían comulgar sin dejar el adulterio, de forma que la disciplina moral de la Iglesia, en un aspecto esencial, parecería cambiar con el cruce de la frontera.
  • Traditionis Custodes (2021): El Papa Francisco publicó este Motu Propio, en el cual contradice abiertamente a su predecesor Benedicto XVI, no sólo en la decisión de permitir a cualquier sacerdote la celebración de la misa según el Misal de 1962, sino que en la parte motiva se niega que el Vetus Ordo y el Novus Ordo Missae sean dos formas del mismo rito romano, o que la misa tradicional no pueda ser prohibida por hacer parte de la Tradición de la Iglesia. El documento establece una “pastoral de sospecha” que ataca de forma indiscriminada a un sector de los fieles dentro de la propia Iglesia, y que ha llevado incluso a que en algunas diócesis, como en Puerto Rico o Costa Rica, se prohíba incluso introducir en la celebración con el misal de 1970 cualquier cosa que recuerde a la liturgia preconciliar.
  • Fiducia Supplicans (2023): Con esta declaración, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha pretendido establecer la licitud de una bendición para las parejas homosexuales. El documento no sólo contradice abiertamente un Responsum de la misma Congregación publicado hacía dos años antes, sino que tras su publicación obtuvo la reprobación directa de numerosas Conferencias Episcopales, incluyendo a la de todo el continente africano, que rechazaron la declaración y dijeron explícitamente que no se aplicaba en sus diócesis.

Podría citar algunos otros casos más de divisiones abiertas dentro de la Iglesia, pero he elegido estos tres, no sólo por tratarse de los que mayor escándalo suscitaron, al punto de llegar a enfrentamientos abiertos entre altos prelados y miembros de la jerarquía, sino por el hecho de que los tres documentos publicados siguen vigentes el día de hoy. No ha habido hasta ahora ningún otro pronunciamiento por parte del Papa o La Santa Sede, que permita asumir que el documento ha sido abrogado, así sea sólo de facto, por lo que podemos decir que aunque la hemorragia haya cesado, la herida sigue abierta.

Se sabía, por tanto, que quienquiera que fuera elegido en el pasado cónclave, recibiría en sus manos una papa caliente, y tendría que dedicar sus primeros años de pontificado a apagar los múltiples incendios dejados por el predecesor. El problema: ¿Tendría como hacerlo? En varias ocasiones el Papa Francisco expresó su intención de volver irreversibles sus reformas, y algunas medidas, como la manga ancha al camino sinodal alemán con su correspondiente Sínodo sobre la sinodalidad en Roma, apuntaban a quitarle al siguiente papa los medios para hacerlo.

Estas consagraciones episcopales por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X constituyen el segundo “bautizo de fuego” del pontificado de León XIV, siendo el primero la conclusión del Camino Sinodal Alemán, con el cual se pretende crear una “Conferencia Sinodal” como nueva cabeza de la iglesia en Alemania. En el primer caso se trata de ordenar obispos sin mandato pontificio, algo que ya ha ocurrido, por ejemplo en China, y a los cuales la Santa Sede les ha aprobado a posteriori, después de meses tratando infructuosamente de ser recibidos por el Papa León XIV. En el segundo caso, se trata de una subversión radical de la estructura jerárquica de la Iglesia.

No es difícil aventurar que la FSSPX haya visto en la experiencia del camino sinodal alemán una lección acerca de cómo funcionan las cosas en Roma: A pesar de las advertencias por parte de las autoridades en Roma, los alemanes han seguido la vía de los hechos consumados y posteriormente han acabado siendo validados por Roma. Recuérdese que la controversia en torno de la bendición de parejas homosexuales comenzó en 2021 como un acto de rebeldía por parte de clérigos alemanes en contra del Responsum de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y fue luego aprobado por la Conferencia del Camino Sinodal en marzo de 2023, lo cual recibió como respuesta de la Santa Sede la publicación de Fiducia Supplicans en diciembre del mismo año.

En los meses que lleva de pontificado, León XIV ha expresado que “no estamos de acuerdo con la bendición formal de parejas, en este caso, parejas homosexuales”, y ha evitado toda mención explícita a Fiducia Supplicans. Sin embargo, el documento sigue ahí, sin ser formalmente abrogado, y tampoco se ha tomado absolutamente ninguna medida en contra de los obispos alemanes que han expedido guías para la realización de tales bendiciones.

En el caso de la FSSPX, el Papa ha enviado, a unas horas de la ceremonia de ordenación, una carta al superior P. Davide Pagliarani, en la que les dice “les ruego y les pido de todo corazón: ¡por favor, recapaciten! Les insto a que consideren cuidadosamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que están a punto de emprender los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los Sacramentos, que ellos aman y buscan para su santificación.” Y más adelante les dice “Ruego por ustedes, porque rasgar el manto inmaculado de Cristo es un pecado de suma gravedad.”

Sorprende que este lenguaje nunca haya sido escuchado para con el Camino Sinodal alemán, para con los obispos chinos, para con James Martin, para con el propio Cardenal Víctor Manuel Fernández. En las redes sociales se ha hecho notar la apertura y palabras bondadosas del nuevo pontífice para con representantes de iglesias cismáticas. Más aún, dentro de la carta del Papa se encuentra el siguiente fragmento:

La Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a esta Sociedad. Esto motivó la actitud de atención y benevolencia que mis predecesores manifestaron constantemente hacia ustedes.

El cual, expresa una benevolencia que difícilmente guarda relación alguna con la realidad. No sólo tuvo el papa un año para responder a las solicitudes presentadas por la FSSPX, sino que tal reconocimiento, atención y benevolencia se contradice abiertamente con el hecho de mantener vigente Traditionis Custodes y permitir la persecución abierta que muchos obispos han emprendido contra los católicos que buscan la liturgia tradicional en plena comunión con el Papa. Resultan poco creíbles las invitaciones al diálogo que hace el pontífice en su carta, cuando los presbíteros y congregaciones que mantienen el rito tradicional dentro de la plena regularidad canónica, han tenido que sufrir toda clase de obstáculos y prohibiciones.

Lamentablemente, los pronunciamiento pontificios sobre la bendición a parejas homosexuales dan la impresión de que el asunto puede ser superado si no le prestamos atención, que se puede mantener las formas y dejar que el tiempo cierre las heridos. Empero, no se puede esconder un incendio bajo la alfombra, y el asunto de las ordenaciones episcopales de la FSSPX es apenas una de las formas posibles como cualquiera de las múltiples divisiones abiertas le pudo haber estallado en las manos. En estos momentos, León XIV tiene en sus manos una decisión de la cual depende que se pueda restablecer la unidad entre los fieles católicos, y que marcará el signo sobre cómo podemos esperar que se aborden las otras divisiones ya existentes.

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miércoles, 24 de junio de 2026

Editorial: Razones para el escepticismo frente al nuevo gobierno

“¡Viva Cristo Rey!” fue una de las últimas exclamaciones con que Abelardo de la Espriella cerró su discurso triunfal tras conocerse los resultados de las elecciones presidenciales de segunda vuelta. Como es de esperarse, una expresión tal ha despertado múltiples reacciones de entusiasmo y alegría entre los católicos colombianos, que anhelan un gobierno católico tras décadas del secularismo más agresivo. Sin embargo, cuando se examina el contenido completo del discurso del presidente electo, de inmediato saltan a la vista múltiples expresiones que nos llevan a desinflar tal entusiasmo.

Ya desde la campaña, desconfiamos del discurso provida y pro-familia del candidato De la Espriella. Se le conocían múltiples intervenciones en espacios públicos, en las cuales se había declarado como ateo, y se había pronunciado en favor de la adopción de menores por parejas del mismo sexo. Se decía ahora que en años pasados había tenido una profunda conversión religiosa y sus convicciones habían cambiado radicalmente, por lo que ahora era un férreo opositor al aborto y a la ideología de género.

Habiendo ya escuchado ese mismo guion con Iván Duque en 2018, la experiencia invita a la desconfianza respecto de esas “conversiones preelectorales”. Aún así, no queriendo entrar a discutir inútilmente sobre su experiencia religiosa particular, basta con examinar en detalle su programa de gobierno para ver que no existe ni una sola propuesta concreta para aterrizar tales eslóganes provida y pro-familia en avances reales. Por el contrario, cuando se le ha preguntado en medios al candidato acerca de su postura frente al aborto o las uniones homosexuales, ha expresado su rechazo para luego señalar las decisiones de la Corte Constitucional como un hecho jurídico que debe respetar.

Y ese es precisamente el tono del discurso del pasado domingo. Una de las afirmaciones de apertura, y a la cual le dio un énfasis particular, fue:

Colombianos, hoy reafirmo mi solemne compromiso de lealtad absoluta con la Constitución de 1991. Juro, juro defender la Constitución con extrema coherencia para evitar que la destruyan. Juro protegerla de aquellos que pretenden cambiar el estado de derecho por la tiranía, y juro honrarla frente a quienes usurpando el nombre del pueblo le quieren arrebatar sus libertades.

No es fortuito que haya iniciado el discurso de esa forma: El plan de gobierno tiene como primer punto, el “Patriotismo constitucional”, insistiendo en esa idea de la “lealtad con la constitución” bajo la afirmación de que “la democracia sólo será posible si la Constitución vuelve a ser el límite del poder y el consenso central de la República”.

Y ahí es cuando todos los eslóganes grandilocuentes de campaña quedan vacíos de contenido, pues todo apunta a que estamos, en el mejor de los casos, a una interrupción temporal de la agenda progresista, una retirada estratégica para arremeter luego con mayores fuerzas. Sorprende la absoluta amnesia de los votantes católicos, que celebran como si todos los males que se observan en el país hubieran sido creación del gobierno Petro, y no los frutos podridos de esa misma constitución de 1991, que el electo presidente promete defender.

Fue la Constitución de 1991 la que desconoció el catolicismo de la nación colombiana, y bajo la cual se estableció el mantra del “Estado laico”, bajo el cual, desde el 91, se ha emprendido una secularización acelerada y forzosa de la sociedad colombiana, apuntando a extinguir todo rastro de catolicismo en nuestro país. Esa misma constitución, a la que de la Espriella le profesa lealtad incondicional, será usada para sancionarle por haber dicho “¡Viva Cristo Rey!”.

Fue esa misma constitución la que estableció como principio fundamental el pluralismo, y el derecho al libre desarrollo de la personalidad, en virtud de los cuales se ha disuelto todo principio de unidad nacional, se ha anulado la autoridad de los padres sobre los hijos, de los maestros sobre los alumnos, incluso la propia autoridad de la fuerza pública. No ha sido la izquierda, sino ese mismo orden constitucional el que se ha convertido en arma jurídica en manos de la delincuencia, el crimen organizado y los grupos ilegales para imposibilitar el restablecimiento del orden y la justicia en nuestro país.

Es la propia Constitución de 1991 la que creó la Corte Constitucional, esa caja de Pandora de la cual provienen todas las plagas que destruyen a la sociedad colombiana, el aborto, la eutanasia, las uniones homosexuales, el alquiler de vientres, la ideología de género, la promoción de la transexualidad incluso en niños. La propia Corte avaló la incorporación a la constitución de los acuerdos de 2016 con las FARC, de los cuales el gobierno Petro no es más que la aplicación y prolongación natural.

¿Cómo planea de la Espriella mantener su lealtad a la Constitución de 1991 y a la vez combatir todos sus ponzoñosos frutos? ¿Cómo puede gritar “¡Viva Cristo Rey!” y al mismo tiempo defender a la Constitución que pretendió destronarle y negar la consagración nacional a su Sagrado Corazón? “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo.” (Mt 6, 24)

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