La Iglesia está dividida y no es por la FSSPX. Las fracturas internas dentro de la Iglesia no han hecho más que acumularse durante los últimos años, y tras la muerte del Papa Francisco, se sabía que el principal desafío del siguiente pontífice sería precisamente el mantener la unidad de la Iglesia. Así además ha sido interpretada la elección del Cardenal Robert Prevost como pontífice 267 de la Iglesia: Era el único candidato aceptable para ambos sectores, progresistas y conservadores, del colegio cardenalicio.
La Iglesia ya se encuentra en un estado de división tal que muchos comentaristas lo han denominado “cisma de facto”, veamos algunos ejemplos:
- Amoris Laetitia (2016): El Papa Francisco publicó esa exhortación apostólica postsinodal, en la cual, tras muchos rodeos y de manera un tanto solapada, se abría la puerta a que los católicos que vivían en público adulterio pudieran comulgar. Debido a su ambigüedad, el documento fue interpretado de diversas formas, algunas diametralmente opuestas, y así, mientras la Conferencia Episcopal Alemana implementó de inmediato la comunión de los divorciados “vueltos a casar”, la Conferencia Episcopal Polaca reafirmó que no podrían comulgar sin dejar el adulterio, de forma que la disciplina moral de la Iglesia, en un aspecto esencial, parecería cambiar con el cruce de la frontera.
- Traditionis Custodes (2021): El Papa Francisco publicó este Motu Propio, en el cual contradice abiertamente a su predecesor Benedicto XVI, no sólo en la decisión de permitir a cualquier sacerdote la celebración de la misa según el Misal de 1962, sino que en la parte motiva se niega que el Vetus Ordo y el Novus Ordo Missae sean dos formas del mismo rito romano, o que la misa tradicional no pueda ser prohibida por hacer parte de la Tradición de la Iglesia. El documento establece una “pastoral de sospecha” que ataca de forma indiscriminada a un sector de los fieles dentro de la propia Iglesia, y que ha llevado incluso a que en algunas diócesis, como en Puerto Rico o Costa Rica, se prohíba incluso introducir en la celebración con el misal de 1970 cualquier cosa que recuerde a la liturgia preconciliar.
- Fiducia Supplicans (2023): Con esta declaración, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha pretendido establecer la licitud de una bendición para las parejas homosexuales. El documento no sólo contradice abiertamente un Responsum de la misma Congregación publicado hacía dos años antes, sino que tras su publicación obtuvo la reprobación directa de numerosas Conferencias Episcopales, incluyendo a la de todo el continente africano, que rechazaron la declaración y dijeron explícitamente que no se aplicaba en sus diócesis.
Podría citar algunos otros casos más de divisiones abiertas dentro de la Iglesia, pero he elegido estos tres, no sólo por tratarse de los que mayor escándalo suscitaron, al punto de llegar a enfrentamientos abiertos entre altos prelados y miembros de la jerarquía, sino por el hecho de que los tres documentos publicados siguen vigentes el día de hoy. No ha habido hasta ahora ningún otro pronunciamiento por parte del Papa o La Santa Sede, que permita asumir que el documento ha sido abrogado, así sea sólo de facto, por lo que podemos decir que aunque la hemorragia haya cesado, la herida sigue abierta.
Se sabía, por tanto, que quienquiera que fuera elegido en el pasado cónclave, recibiría en sus manos una papa caliente, y tendría que dedicar sus primeros años de pontificado a apagar los múltiples incendios dejados por el predecesor. El problema: ¿Tendría como hacerlo? En varias ocasiones el Papa Francisco expresó su intención de volver irreversibles sus reformas, y algunas medidas, como la manga ancha al camino sinodal alemán con su correspondiente Sínodo sobre la sinodalidad en Roma, apuntaban a quitarle al siguiente papa los medios para hacerlo.
Estas consagraciones episcopales por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X constituyen el segundo “bautizo de fuego” del pontificado de León XIV, siendo el primero la conclusión del Camino Sinodal Alemán, con el cual se pretende crear una “Conferencia Sinodal” como nueva cabeza de la iglesia en Alemania. En el primer caso se trata de ordenar obispos sin mandato pontificio, algo que ya ha ocurrido, por ejemplo en China, y a los cuales la Santa Sede les ha aprobado a posteriori, después de meses tratando infructuosamente de ser recibidos por el Papa León XIV. En el segundo caso, se trata de una subversión radical de la estructura jerárquica de la Iglesia.
No es difícil aventurar que la FSSPX haya visto en la experiencia del camino sinodal alemán una lección acerca de cómo funcionan las cosas en Roma: A pesar de las advertencias por parte de las autoridades en Roma, los alemanes han seguido la vía de los hechos consumados y posteriormente han acabado siendo validados por Roma. Recuérdese que la controversia en torno de la bendición de parejas homosexuales comenzó en 2021 como un acto de rebeldía por parte de clérigos alemanes en contra del Responsum de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y fue luego aprobado por la Conferencia del Camino Sinodal en marzo de 2023, lo cual recibió como respuesta de la Santa Sede la publicación de Fiducia Supplicans en diciembre del mismo año.
En los meses que lleva de pontificado, León XIV ha expresado que “no estamos de acuerdo con la bendición formal de parejas, en este caso, parejas homosexuales”, y ha evitado toda mención explícita a Fiducia Supplicans. Sin embargo, el documento sigue ahí, sin ser formalmente abrogado, y tampoco se ha tomado absolutamente ninguna medida en contra de los obispos alemanes que han expedido guías para la realización de tales bendiciones.
En el caso de la FSSPX, el Papa ha enviado, a unas horas de la ceremonia de ordenación, una carta al superior P. Davide Pagliarani, en la que les dice “les ruego y les pido de todo corazón: ¡por favor, recapaciten! Les insto a que consideren cuidadosamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que están a punto de emprender los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los Sacramentos, que ellos aman y buscan para su santificación.” Y más adelante les dice “Ruego por ustedes, porque rasgar el manto inmaculado de Cristo es un pecado de suma gravedad.”
Sorprende que este lenguaje nunca haya sido escuchado para con el Camino Sinodal alemán, para con los obispos chinos, para con James Martin, para con el propio Cardenal Víctor Manuel Fernández. En las redes sociales se ha hecho notar la apertura y palabras bondadosas del nuevo pontífice para con representantes de iglesias cismáticas. Más aún, dentro de la carta del Papa se encuentra el siguiente fragmento:
La Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a esta Sociedad. Esto motivó la actitud de atención y benevolencia que mis predecesores manifestaron constantemente hacia ustedes.
El cual, expresa una benevolencia que difícilmente guarda relación alguna con la realidad. No sólo tuvo el papa un año para responder a las solicitudes presentadas por la FSSPX, sino que tal reconocimiento, atención y benevolencia se contradice abiertamente con el hecho de mantener vigente Traditionis Custodes y permitir la persecución abierta que muchos obispos han emprendido contra los católicos que buscan la liturgia tradicional en plena comunión con el Papa. Resultan poco creíbles las invitaciones al diálogo que hace el pontífice en su carta, cuando los presbíteros y congregaciones que mantienen el rito tradicional dentro de la plena regularidad canónica, han tenido que sufrir toda clase de obstáculos y prohibiciones.
Lamentablemente, los pronunciamiento pontificios sobre la bendición a parejas homosexuales dan la impresión de que el asunto puede ser superado si no le prestamos atención, que se puede mantener las formas y dejar que el tiempo cierre las heridos. Empero, no se puede esconder un incendio bajo la alfombra, y el asunto de las ordenaciones episcopales de la FSSPX es apenas una de las formas posibles como cualquiera de las múltiples divisiones abiertas le pudo haber estallado en las manos. En estos momentos, León XIV tiene en sus manos una decisión de la cual depende que se pueda restablecer la unidad entre los fieles católicos, y que marcará el signo sobre cómo podemos esperar que se aborden las otras divisiones ya existentes.





