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miércoles, 15 de octubre de 2014

Católico ex gay explica cómo la «relatio» daña a los homosexuales al usar términos de ideología gay

Católico exgay explica cómo la «relatio» daña a los homosexuales al usar términos de ideología gay

(P.J. Ginés / ReL) Joseph Sciambra, nacido en 1969, dejó una vida gay extrema en San Francisco desde 1988 hasta 1999, se entregó a Dios y hoy intenta vivir en castidad y critica el lenguaje de la “relatio” del Sínodo de los Obispos porque detrás de lo que parece ser un lenguaje “acogedor” para los homosexuales hay una aceptación de la ideología gay que en la vida real dañará a las personas con atracción por el mismo sexo.

Joseph Sciambra ha estado en lo más oscuro del submundo gay, ha sido actor porno amateur, acompañante sexual profesional y declara que tuvo más de mil parejas sexuales. Después de una orgía especialmente violenta que le llevó al hospital experimentó una visión de la condenación y también notó la cercanía de Dios y con ayuda de su madre y gente de Iglesia cambió de vida.

Él está convencido de que la Iglesia ha de ser acogedora y amable con las personas que experimentan AMS (atracción por el mismo sexo) pero a la vez ha de serclara en la necesidad de abandonar la práctica homosexual.

¿Acoger y escuchar? Sí, es el principio

“Vi a muchos hombres y mujeres gays infelices y lejos de la fe a causa de un exceso de celo cristiano que les mostraba condena, pero no amor. Después descubrí que cuando una persona está pensando en dejar el estilo de vida gay a menudo sólo quiere un amigo desinteresado, es decir, alguien que no le pida o quiera algo de él, alguien que les escuche. No necesitan que les den catequesis o dogma en ese momento, sólo necesitan saber que son apreciados. Una vez establecida la relación, llega el momento de decidir cuándo y cómo transmitir la verdad del plan de Jesucristo. Hay que recordar que ellos están profundamente heridos, sufren y necesitan simpatía, compasión y oraciones”, explicaba en una entrevista en LifeSiteNews.

Quieren cambiar a la Iglesia

Sciambra critica el lenguaje de la "relatio" del Sínodo porque no ayuda a las personas con AMS a cambiar y salir de la ideología gay. Al contrario, Sciambra señala que activistas gays contrarios a la castidad pero que hacen lobby en ambientes católicos, como Francis DeBernardo, del lobby Bew Ways Ministry, condenado oficialmente en 1999 por Doctrina de la Fe, alababa la "relatio" asegurando: "un cambio en el lenguaje empieza una reacción en cadena; traerá un cambio en la práctica pastoral y eso traerá un cambio en la enseñanza". Los gays militantes no quieren cambiar ellos: quieren que cambie la Iglesia para aceptar su estilo de vida dañino.

Sciambra explica la base psicológica que enmarca esto. "Lo que pocos fuera del mundo homosexual entienden es que la mentalidad gay es muy susceptible a la manipulación y a cierto tipo de pensamiento grupal monolítico. Explicado en breve: la inmensa mayoría de los homosexuales fuimos dañados de niños, sintiendo la ausencia de padre, o dañados por abusos de una figura de autoridad adulta. Al crecer, si no sanamos, arrastramos esto a  la vida adulta. Por eso los varones gay desconfiamos de las figuras paternas, y al mismo tiempo desearíamos su amor y aprobación. La Iglesia Católica, con su jerarquía masculina y su liderazgo superior (el Papa) siempre agitará y fascinará a los varones gay. Queremos que la Iglesia, que está en el lugar de nuestro padre natural, nos acepte... pero con nuestras condiciones".

Sciambra, que lleva muchos años como misionero anunciando el Evangelio y su mensaje de castidad y transformación en ambientes gays, dice que al menos en EEUU ya hay multitud de grupos, "ministerios, misiones, comunidades de fe y organizaciones" que ofrecen a los gays espiritualidad sin castidad, sin animarles al cambio de vida, "no importa lo dañina que sea esa vida para su cuerpo, mente y espíritu". Por eso la Iglesia Católica no debe equipararse a esos grupos y ha de anunciar la verdad.

Lo que Sciambra ha visto como misionero es que a los gays lo que les atrae de su testimonio es precisamente su castidad, su renuncia a las relaciones sexuales. La Iglesia, para atraer y ayudar a los gays, ha de mantener su propuesta retadora y exigente. "Es la verdad sin filtrar del catolicismo lo que cautiva, no ha de ser reempaquetada", insiste.

La relatio no acoge personas, sino ideología

La relatio del Sínodo de los obispos no está respondiendo a esto, porque en vez de acoger a las personas, acoge la ideología gay.

Sciambra, en su web www.josephsciambra.com, alaba algunas frases hermosas y poéticas de la relatio, como la que dice “la Iglesia debe acompañar a sus hijos e hijas más frágiles, los marcados por la herida y el amor perdido, con atención y cuidado, restaurando en ellos la confianza y la esperanza como la luz de un faro en el puerto”.

Pero critica muchas otras. Por ejemplo, la frase que dice “los homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”.

La palabra "homosexual" ya es tramposa

“Para empezar, me preocupa el uso del término ‘homosexual’ como una categoría para todos los que sufren, o han sufrido, AMS. Es como los que tienen cáncer, o lo han vencido:no les identificamos por su enfermedad; tienen nombres, se llaman Joe o Mary. Son personas que resulta que tienen o han tenido cáncer. Ellos no son su enfermedad. De igual forma, la homosexualidad es sólo una condición, un desorden mental que puede ser tratado y, sí, curado”, asegura Sciambra que renunció a la vida gay en 1999.

¿Dones y cualidades que aportan los gays?

Sobre los “dones y cualidades” de las personas con AMS, sólo admite que al tratarse de personas que sufrieron (“el sufrimiento que padecimos fue lo que generó la AMS, para empezar”) es cierto que “he encontrado que muchas personas con tendencias homosexuales son enormemente empáticas con los sufrimientos de otros, sobre todo por lo que hemos sufrido en nuestra infancia, debido a abusos o abandono”. También es cierto que “en épocas pasadas” algunos homosexuales sublimaban sus tendencias dirigiéndolas al arte, como es el caso “del supremamente casto Miguel Ángel”.

Pero si no es por esos dos aspectos “no soy consciente de ningún otro don peculiar que se dé especialmente en gays”.

Después, Joseph critica como “lo más preocupante” que se hable de “aceptar” y “valorar” la orientación homosexual en cierto párrafo que pregunta: “¿Son nuestras comunidades capaces de ofrecer un hogar acogedor, aceptando y valorando su orientación homosexual, sin comprometer la doctrina católica del matrimonio y la familia?”

“Exactamente, ¿qué hay de valor en la homosexualidad? Nada. Porque la homosexualidad es intrínsecamente desordenada”, afirma Joseph citando el punto 2358 del Catecismo que encaja con lo que él vivió en el mundo gay desde los 19 años.

Mi vida en el estilo de vida homosexual era un dolor que no se acababa, un deseo de sexo que me consumía. En esa época lo aceptaba y valoraba, pero como a todos los que estaban como yo, esa rendición nos hundía más y más en un mundo de materialidad puramente física que resultaba cada vez más alienado de cualquier cosa relacionada con Dios. El cuerpo era nuestra deidad suprema. Por esa razón los hombres gays siguen arriesgando sus vidas, inclinándose ante el único poder superior que conocen. Mientras todos los otros grupos de población han visto descender sus tasas de infección del sida, los informes en EEUU señalan que los hombres gays son el 63% de las nuevas infecciones de sida, y son el 75% de los que contraen la sífilis”, detalla. [Hay que recordar que los hombres gays oscilan entre el 2 y el 3% de la población como mucho].

Joseph pide a la Iglesia que “nunca” acepte la orientación homosexual: “al contrario, debe ser combatida, porque los únicos resultados de la fantasía homosexual son la desesperación y la muerte”.

Recuerda el caso de un amigo suyo que murió de sida, demacrado, vestido en el hospital sólo con sus pañales de adulto. “Joe, no valía la pena”, le dijo. Aunque Joseph había tenido una formación católica en la infancia, salió a la calle desesperado y sabía que no podía ir a la parroquia que conocía, en San Francisco, porque allí seguían la ideología gay y le dirían que todo estaba bien. No tenía amigos cristianos. Pensaba que sólo existía el mundo gay, y que allí moriría, y se fue a buscar sexo para ahogar sus penas.

Por eso, él dice que una parroquia acogedora es la que dice la verdad: que la práctica homosexual es desordenada, dañina, que la orientación no es algo aceptable y que con Cristo es posible una vida nueva.

Esto temo yo de las palabras del Sínodo: que animen a algunos a adentrarse en este estilo de vida, que haga que otros se sientan más cómodos en él y que quite opciones a los que están ahora deseando salir de él. Además, individuos bienintencionados pero desinformados en la Iglesia usarán estas declaraciones para apoyar su agenda anticatólica y pro gay”.

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