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lunes, 27 de marzo de 2017

Editorial: No podemos quedarnos impasibles ante la toma del pais

Los asistentes al Teatro Colón tributaron una ovación luego de la firma del Nuevo Acuerdo de Paz por parte del Presidente Juan Manuel Santos y el máximo líder de las Farc, Rodrigo Londoño .El país está inmerso en una crisis que no se había visto antes en su historia. Luego de la victoria del NO en el plebiscito del 2 de octubre, el gobierno se quitó la máscara, desconoció los resultados y se ha dedicado a imponer, con la complicidad del Congreso, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, la implementación de los acuerdos que la ciudadanía rechazó en las urnas. El país en su historia no ha sido ajeno a dictaduras y abusos de poder, pero en cada uno de esos episodios los sectores políticos, por puro institinto de supervivencia, se unían para rechazar al que amenazaba con erigirse en poder absoluto del Estado. Bolívar, Mosquera, Rafael Reyes, Rojas Pinilla, cada uno de ellos terminaron siendo depuestos cuando intentaron concentrar en sus manos todo el poder público y perpetuarse en el poder.

Hoy en día, gracias a la red de clientelismo que le ha permitido a Santos el control de todos los organismos del Estado, quienes debían oponerse a la violación de las reglas del juego, al desconocimiento arbitrario de los resultados electorales, al rediseño de la Constitución Política a la medida de las FARC, son quienes están trabajando activamente por la consumación de este golpe de Estado contra la ciudadanía. Con la validación del "Fast-track para la paz" se han confirmado los mayores temores de quienes invitábamos a votar NO el 2 de octubre. No sólo se ha aprobado la constitucionalización de los acuerdos, los acuerdos que el electorado rechazó, sino también la constitución de un tribunal omnipotente de jueces afines a la FARC, para absolverlas, pero con todas las competencias para condenar militares y civiles. Las propuestas de reformar el régimen electoral y de ampliar el periodo presidencial evidencian que el gobierno tiene el propósito de usar los poderes especiales que le dió el "Fast-track" para toda su agenda política.

Varios sectores políticos han convocado a una gran movilización nacional el próximo 1 de abril. Algunos han pretendido desprestigiarla alegando que el Uribismo no tiene autoridad moral para marchar contra la corrupción y los abusos de poder. Tal vez tengan razón, pero sería un error garrafal salir a marchar en nombre del Uribismo o dejar de salir por rechazarlo. El desconocimiento de las reglas de juego, de los resultados electorales, no es algo que afecte únicamente a los uribistas, sino que golpea por igual a los SI y a los del NO. Nadie se salva de la concentración desmedida del poder político, ni siquiera los santistas que alimentan al monstruo que luego los devorará. Nada más miope que aquel que votó SI y se alegra por que se desconozca la victoria del NO, sin ver que así abre la puerta a que su voto también sea desconocido en el futuro.

Por esta razón creemos sinceramente que la situación amerita nuestra movilización. En primer lugar, con la oración: vano es confiar en que el esfuerzo humano nos salvará de la guerra que libran los poderes del mundo contra el Señor y su Cristo. En segundo lugar: marchando para rechazar la violación de todo el régimen jurídico y la implementación a las malas de unos acuerdos que ya fueron rechazados en las urnas. No es por Uribe, no es por Ordóñez, es por nosotros mismos que no queremos un régimen como el venezolano que sólo ha traido miseria y anarquía contra sus propios habitantes.

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