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martes, 4 de julio de 2017

Crucifixión y purificación eclesial, por Germán Mazuelo-Leytón

Reproducimos el artículo de Germán Mazuelo-Leytón publicado originalmente en el sitio web Adelante la Fe.

Resultado de imagen para Germán Mazuelo-LeytónDos noticias recientes nos sacuden. La primera tiene que ver con la acusación de delitos sexuales contra menores, hecha por la policía australiana al cardenal George Pell, Prefecto de la Secretaría de Asuntos Económicos de la Curia romana, y miembro del Consejo de nueve cardenales que ayudan a Francisco en la reforma de dicha Curia. El cardenal Pell, que ha rechazado enérgicamente, asumirá su defensa en Australia como se ha informado.

Por otra parte «la Policía de Italia ha irrumpido este miércoles en el apartamento del ex secretario del Cardenal Francesco Coccopalmerio, situado en el palacio del ex Santo Oficio, en el Vaticano, donde se desarrollaba una orgía gay con drogas , informan medios italianos.

Al localizar al propio prelado, los policías lo detuvieron y enviaron a la clínica Pío XI para ser desintoxicado. Actualmente se encuentra recluido en un convento en Italia.

La intervención de las fuerzas de seguridad se produjo a raíz de las quejas por la llegada constante de invitados a dicho apartamento. Asimismo, aparecieron sospechas respecto al coche de lujo con la placa de licencia de la Santa Sede que tenía dicho prelado.

El cardenal Coccopalmerio ocupa el cargo del presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos».[1]

¿Una orgía en el Vaticano? Parecería una narración de la Babilonia en todo su esplendor en vez de la Santa Sede, Católica, Apostólica y Romana.

I. Escándalos de la Iglesia actual

Noticias como las precedentes no son nuevas, en las últimas décadas hay una constante.

El Evangelio nos da una prueba, de que la Iglesia no debe ocultar los escándalos que dan algunos de sus hijos, tanto, para que todo el mundo comprenda la fragilidad de la naturaleza humana, que es capaz de traicionar hasta al mismo Dios, como, para entender que ser fiel a Cristo no es tarea fácil.

Por eso podía haber evitado transcribir la traición de Judas y su suicidio, pero prefirió que lo supieran todos.

Se colgó de un árbol el apóstol Judas acontecimiento que produjo sensación negativa y críticas malsanas, pero la Iglesia continuó vibrante sirviéndose del triste negocio como de una lección a aprender, se eligió a Matías en lugar de Judas y la aventura de la evangelización pasó a todos los países importantes del mundo.

El escándalo de Judas se disipó pronto, ya que el heroísmo de sus compañeros que dieron la vida por Jesús y su doctrina, impresionó más que la derrota de uno de los Doce Apóstoles.

Entre esos mil ciento sesenta y cinco millones de bautizados católicos actuales, nada de extrañar que existan almas ruines, espíritus cobardes, personas religiosas miserables, más llenas de vicios que de virtudes y que llevadas del atractivo de los 7 pecados capitales, sean capaces de las mayores monstruosidades, sujetos que han luchado por años contra sus propias debilidades y pasiones, y al fin se han hallado sin fuerzas para una regeneración completa.

Una negra aventura más en la Iglesia, un Judas más que se aparta tras un escándalo tremebundo, pero la Iglesia Cuerpo místico de Cristo, que ha encajado el golpe bajo, seguirá navegando serena bajo la acción poderosa del Espíritu Santo.

II. «Casta meretriz»

Es estremecedor escuchar que la Iglesia es una prostituta, una «iglesia pecadora», slogan más que fórmula, empleado por la progresía eclesial para justificar atrocidades. Hans Küng erróneamente ha repetido que la expresión meretriz casta ha sido «frecuentemente usada desde la época patrística».

Solamente San Ambrosio, el gran obispo de Milán, empleó la expresión «casta meretrix», meretriz casta, pero en otro contexto. El padre de la Iglesia y santo, hace una analogía de la Iglesia con la prostituta Rajab, que comenta así el cardenal Biffi:

«La expresión “casta meretrix” lejos de aludir a algo pecaminoso y reprobable, quiere indicar –no sólo en el adjetivo sino también en el sustantivo– la santidad de la Iglesia. Santidad que consiste tanto en la adhesión sin titubeos y sin incoherencias a Cristo su esposo (“casta”) como en la voluntad de la Iglesia de alcanzar a todos para llevar a todos a la salvación (“meretrix”)».

«La Iglesia toma figura de la pecadora, porque también Cristo asumió el aspecto de pecador»[2].

Afirma San Pablo: Porque mi celo por vosotros es celo de Dios, como que a un solo esposo os he desposado, para presentaros cual casta virgen a Cristo (2 Cor. 11, 2).

A un solo Esposo: es decir, no os busco para mí, sino para Él. Bellísima expresión de fidelidad que hallamos también en boca del Bautista, cuando declara que no es el Esposo, sino simple amigo de Éste (Jn. 3, 28-30). Vemos también aquí, como en el Cantar de los Cantares, que no sólo la Iglesia en su conjunto (Ef. 5, 27 ss.; Ap. 19, 6 ss.), sino también cada alma es personalmente la esposa de Cristo (cf. 17, 14; 1 Co. 11, 3).

Por su origen histórico y por sus tendencias innatas, la Iglesia es santa y compuesta por pecadores[3], procede del pecado del mundo, pero Cristo la lavó y la convirtió de ramera en esposa, por eso en la Iglesia, desde el Papa hasta el último cristiano estará siempre presente la tensión entre la debilidad humana y la fuerza de Dios.

Para demostrarlo penetre uno dentro de sí mismo y pregúntese en qué han quedado todos sus propósitos de santidad, todas sus promesas de fidelidad a su testaruda promesa de perfección. No hay vida humana sin debilidades, sin imperfecciones, sin traiciones a Dios que son los pecados. Quien comete un pecado ya ha traicionado a Dios y se ha entregado con una prostituta en manos del Demonio.

¿Qué otra cosa significa el pecado, sino renunciar a su verdadero esposo que es Cristo, y entregarse con frenesí en los brazos del enemigo del hombre que es el diablo?

No nos extrañemos que a la Iglesia se le llame meretriz, pero tratemos de evitar que lo sea, ya que cada uno de nosotros en su interior la prostituye en cuanto somos Iglesia y la manchamos con la baba del pecado.

La Iglesia consciente de esa verdad ha buscado apasionadamente su purificación permanente, y mientras la Iglesia esté constituida por personas humanas es inevitable que exista el pecado. Con lo que se da la traición al esposo divino, es decir la prostitución.

III. Roma la ramera

San Juan en el Apocalipsis,[4] se refiere a la gran ramera.

«Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas y habló conmigo diciendo: “Ven acá; te mostraré el juicio de la ramera grande, la que está sentada sobre muchas aguas; con la que han fornicado los reyes de la tierra, embriagándose los moradores de la tierra con el vino de su prostitución”».

La gran ramera Babilonia es representante del mundo anticristiano (S. Agustín), en particular de la ciudad de Roma (S. Jerónimo).

En el Antiguo Testamento, los judíos consideraban a Babilonia como la encarnación de todos los males. Babilonia estaba arraigada en el mal, porque la Torre de Babel era el símbolo de la arrogancia humana, la soberbia y la rebelión contra Dios. En el año 586 A. C., los babilonios destruyeron Jerusalén y esclavizaron a sus hijos, llevándolos al exilio en Babilonia.

La nueva Babilonia es la Roma pagana –la bestia con siete cabezas y diez cuernos. Es llamada la gran Babilonia, porque superó con mucho los males cometidos por la Babilonia antigua y todas las demás babilonias (símbolo de todo lo que es malo.

Los diez cuernos de la Bestia representan a gobernantes paganos que piensan como la Bestia en lo que se refiere a la idolatría y el culto al emperador y por tanto comparten la autoridad de la Bestia. Ellos también perseguirán a la Iglesia, pero en vano –los fieles y los elegidos de Dios y el Cordero los vencerán, porque Él es Señor de señores y Rey de Reyes.[5]

Muchos hemos sido sacudidos con recientes actos y declaraciones pontificias, especialmente en lo referente a una agenda de promoción del falso ecumenismo y de una nueva doctrina sobre el matrimonio y el divorcio.

El Padre Paul Kramer escribió en 2004:

«El encuentro de oración que tuvo lugar en Asís es algo que merecía la venganza divina incluso si bien Dios, en Su misericordia, es todavía paciente. Pero Él manifestó Su ira en la forma de un destructivo terremoto poco después de que el Papa se reuniera con los paganos para orar juntos a su Dios, y para que ellos oraran a sus dioses.

El Primer Mandamiento dice: Tú no tendrás dioses extraños delante de Mí (Deut. 5, 7), sin embargo el Papa invitó a los paganos a venir y orar a sus ídolos. Y el ídolo de Buda fue colocado sobre el tabernáculo, el altar consagrado, en Asís. La iglesia fue así desacralizada, por este acto de adoración pagana, en el lugar que había sido dedicado y consagrado a Dios para el servicio sagrado, el servicio divino, del Sacrificio eterno de la Santa Misa, que es el único acto apto de adoración por el cual la Víctima divina es ofrecida a la Divinidad.

El Papa invitó a todos los practicantes de falsas religiones dentro de las sagradas premisas católicas a practicar todos los absurdos y abominaciones de los misterios de Babilonia, en el Lugar Santo».[6]

«Toda la furia del infierno será dejada caer sobre la tierra en orden a intentar destronar a Cristo el Rey e instalar a Satanás en Su lugar –ello será la culminación del “misterio de iniquidad” representado en la figura de la Torre de Babel — el apocalíptico “misterio de Babilonia”: La falsa “iglesia”, la “iglesia de herejía” y su “papa”»,[7] luciendo como un cordero ante el mundo, pero a menudo hablando como dragón.

IV. «Crucifixión eclesial».

Durante estos tiempos, cuando la Iglesia se está acercando a un período de purificación, a «una crucifixión eclesial» como el Siervo de Dios arzobispo Fulton Sheen previó, tenemos una gran responsabilidad, nada fácil por cierto, considerando el estado del mundo y de las muchas tormentas que sacuden a la Iglesia.

Todos estamos conscientes de la realidad de la división que se acrecienta cada día más dentro de la Iglesia actualmente.

Está anunciado en la Sagrada Escritura que una apostasía generalizada ha de preceder a la victoria definitiva del Reino de Cristo: Nadie os engañe en manera alguna, porque primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición (II Tes 2, 3).

Es decir, que la apostasía ha de preceder al hombre de iniquidad, como culminación del «misterio de iniquidad» y clima favorable a la desembozada aparición del inicuo. Nadie niega que la apostasía (Lc. 18, 8) ha comenzado ya, no sólo en los ambientes intelectuales, sino también en los populares, lo que Pio XI caracterizaba como el gran escándalo de nuestro tiempo. Lo peor es que los apóstatas en gran parte se queden dentro de la Iglesia (2 Tm. 3, 1-5; cf. 1 Jn. 2, 18 s.) e infecten a otros (cf. Ag. 2, 12 ss.; Ga. 5, 9).

«He aquí desde ahora la apostasía –dice S. Cirilo de Jerusalén– porque los hombres abandonan la verdadera fe de manera que confunden en Dios al Padre con el Hijo».[8]

El mundo está en un estado de apostasía, o más exactamente la apostasía ha invadido la Iglesia.

«En efecto, se debe principalmente a los católicos mundanos –liberales, modernistas, progresistas, socialistas, etc.: círculos cuadrados- que el «yugo suave y la carga ligera» de Cristo Rey se haya finalmente retirado de los hombros de los pueblos cristianos, y que éstos se hayan visto aplastados por los horrores del naturalismo moderno, en cualquiera de sus espantosas derivaciones».[9]

Dada la fuerza de nuestras inclinaciones hacia el pecado, la lucha ha de ser permanente, a fin de que nos mantengamos a flote en nuestra dignidad y si hemos sido derrotados, consigamos inmediatamente la regeneración que nos libra de nuestra prostitución para convertirnos de nuevo en imágenes de Dios.

Germán Mazuelo-Leytón


[1] https://actualidad.rt.com/actualidad/242889-policia-interrumpe-orgia-gay-drogas

[2] SAN AMBROSIO, Comentario al Evangelio de San Lucas VI, 21.

[3] BENEDICTO XVI.

[4] APOCALIPSIS cap. 17.

[5] SHAMON, P. ALBERT JOSEPH MARY, Apocalipsis el libro para estos tiempos.

[6] KRAMER, P. PAUL, La Abominación: La desacralización de Fátima. Fatima Crusader, 75.

[7] KRAMER, P. PAUL, The Third Secret Reveals the Great Chastisement. Fatima Crusader, 77.

[8] Cf.: STRAUBINGER, Mons. JUAN, Comentarios.

[9] IRABURU, JOSÉ MARÍA, De Cristo o del mundo.

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