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viernes, 16 de marzo de 2018

FIRMA: Apoyo a nuestros hermanos católicos perseguidos en China

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El cuerpo diplomático de la Santa Sede está pactando la entrega de la Iglesia Católica en China al Partido Comunista Chino. Una delegación vaticana liderada por el arzobispo Claudio María Celli a China, en nombre del Papa Francisco, pidió a los legítimos pastores de las diócesis de Shantou y Mindong que entregasen sus diócesis y sus rebaños a obispos ilegítimos nombrados por el gobierno comunista y en ruptura con la Santa Sede.

Este pacto recuerda la Ostpolitik de Mons. Agostino Casaroli, Secretario del Consejo para Asuntos Públicos del Vaticano bajo Pablo VI, quien, el día 7 de abril de 1974, aseverando que en la infeliz isla de Cuba, oprimida por el comunismo fidelcastrista, dijo: “los católicos son felices dentro del régimen socialista”.  Y continuaba Mons. Casaroli: “la Iglesia Católica cubana y su guía espiritual procuran siempre no crear ningún problema al régimen socialista que gobierna la isla”. Así, esta política de apaciguamiento a mediados de la Guerra Fría, supuso el abandono por parte del Vaticano, de la multitud de católicos que vivían bajo la opresión de regímenes comunistas.

Esas declaraciones del alto enviado vaticano — que coincidían con posicionamientos de otros Prelados colaboracionistas con el comunismo— provocaban sorpresas dolorosas y traumas morales para los católicos que seguían la inmutable doctrina social y económica enseñada por León XIII, Pío XI y Pío XII. Esta Ostpolitik, como quedó conocida, era fuente de perplejidades y angustias, y suscitaba en lo más íntimo de muchas almas el más cruel de los dramas. Pues, muy por encima de las cuestiones sociales y económicas, tocaban en lo que hay de más fundamental, vivo y tierno en el alma de un católico apostólico romano: su vinculación espiritual con el Vicario de Jesucristo.

La diplomacia de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas levantaba una duda supremamente embarazosa: ¿es lícito a los católicos no caminar en la dirección apuntada por la Santa Sede? ¿Es lícito cesar la resistencia al comunismo?

Aún en los años 70, tuvimos la alegría de constatar, en las gloriosas filas del episcopado chino, la resistencia intrépida del ilustre compatriota de V. Eminencia, el Emmo. Cardenal Paul Yü Pin, entonces arzobispo de Nanquín, y rector de la Universidad Católica de Taipei, Formosa. (Cfr. “The Herald of Freedom” de 15/2/74, en despacho del “Religious News Service”).

Declaró el Purpurado a la citada agencia (como hoy ratifica V. Eminencia), que sería una ilusión esperar que la China comunista modifique su política anti-religiosa.

Corrobora tal aseveración el propio presidente Xi Jinping, el cual acentuó en el XIX Congreso do PCC que “la cultura (…) debe ser aprovechada para la causa del socialismo de acuerdo con la orientación del marxismo”; y que a causa de ello la religión debe tener una “orientación china” y adaptarse a la sociedad socialista guiada por el partido. (“The Washington Post”, 18/10/2017).

Volviendo al Cardenal Yu Pin, hace cuarenta años él añadió: “Queremos permanecer fieles a los valores perennes de la justicia internacional enfatizó Mons. Yu Pin. (…) El Vaticano puede actuar de modo diverso, sin embargo no nos conmoveríamos mucho con ello. Pienso que es ilusoria la esperanza de que un diálogo con Pequín ayudaría a los cristianos del continente (chino). (…) El Vaticano nada está obteniendo para los cristianos de Europa Oriental. (…) Si el Vaticano no puede proteger la Religión, no tiene mucha razón para continuar en el asunto. (…) Queremos permanecer fieles a nuestro mandato, pero somos víctimas de la represión comunista. Bajo tal acercamiento (del Vaticano con la China comunista), nosotros perderíamos nuestra libertad. Como chinos, tenemos que luchar por nuestra libertad”.

A esas lúcidas y vigorosas observaciones, que recuerdan la “resistencia cara a cara” de San Pablo a San Pedro (Gálatas II, 11), el Prelado agregó la emocionante previsión: “Hay una Iglesia subterránea en China. La Iglesia en China sobrevivirá, como los primeros cristianos sobrevivieron en las catacumbas. Y eso podría significar un verdadero renacimiento cristiano para los chinos”.

Hoy, esta resistencia de la Iglesia Clandestina China es liderada por el Card. Joseph Zen Ze-kiun, Arzobispo Emérito de Hong-Kong, quien intentó frenar, sin éxito, el acuerdo entre el Vaticano y el Partido Comunista Chino, entregándole personalmente una misiva de los católicos chinos al Papa Francisco. Hoy, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira y más de veinte asociaciones católicas de todo el mundo quieren extenderle al Card. Zen una carta de apoyo en su defensa de los fieles católicos chinos. Firma tú también. 

Apoyo a nuestros hermanos católicos perseguidos en China

“Bienaventurados los que son perseguidos por amor a la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos!” (Mat. 5, 10); “si el mundo os odia, sabed que me odió a mí antes que a vosotros. Se fueseis del mundo, el mundo os amaría como siendo suyos. Como, empero, no sois del mundo, sino que del mundo os elegí, por eso el mundo os odia” (Ju. 15, 18-19).

Esas divinas palabras de Nuestro Señor Jesucristo expresan nuestra admiración a la única Iglesia Católica en la China, hoy bajo la bota comunista, y que tiene en V. Eminencia un egregio miembro y portavoz.

En efecto, causó asombro en el mundo católico la noticia de la visita de una delegación vaticana liderada por el arzobispo Claudio María Celli a China, quien, en nombre del Papa Francisco, pidió a los legítimos pastores de las diócesis de Shantou y Mindong que entregasen sus diócesis y sus rebaños a obispos ilegítimos nombrados por el gobierno comunista y en ruptura con la Santa Sede.

Como aterradora y amplificada repetición de las declaraciones de Mons. Casaroli en Cuba, llegaron las palabras de Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, conocido como cercano consejero del Santo Padre. Según el diario “La Stampa” de Turín, del día 2 de febrero, él declaró: “En este momento, los que mejor realizan la doctrina social de la Iglesia son los chinos (...) Los chinos buscan el bien común, subordinan las cosas al bien general“.

Ni una sola palabra sobre la persecución religiosa que el comunismo inflige a nuestros hermanos en la Fe, a los obispos, sacerdotes y fieles prisioneros, ni a la violación sistemática y universal de los derechos fundamentales del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

El drama de la actual situación de los católicos chinos es el de todos los fieles que desean perseverar delante del Leviatán comunista. Ayer como hoy, presionados por la diplomacia de la Santa Sede para que acepten un acuerdo inicuo con el régimen comunista, enfrentan un gravísimo problema de conciencia: ¿es lícito decir no a la Ostpolitik vaticana y continuar resistiendo al comunismo hasta el martirio si fuere necesario?

La solución para tal perplejidad ya fue enunciada por el eminente líder católico brasileño Prof. Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995), fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, e inspirador de TFPs y entidades afines en los diversos continentes. El documento (que sigue adjunto) es intitulado La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas — Para la TFP: ¿cesar la lucha? ¿o resistir? fue divulgado en todo el orbe.

En la referida Declaración de Resistencia, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira afirmaba (sin haber recibido ninguna objeción de Paulo VI o de sus sucesores) que para los católicos es no solamente lícito, sino hasta un deber imitar la actitud de resistencia del Apóstol San Pablo frente a San Pedro, primer Papa:

"Habiendo el primer Papa, San Pedro, tomado medidas disciplinarias referentes a la permanencia en el culto católico de prácticas remanentes de la antigua Sinagoga, San Pablo vio en esto un grave riesgo de confusión doctrinaria y de perjuicio para los fieles. Se levantó entonces y ´resistió cara a cara´ a San Pedro (Gal. II,11). Este no vio, en el lance fogoso e inspirado del Apóstol de los Gentiles, un acto de rebeldía, sino de unión y amor fraterno. Y, sabiendo bien en lo que era infalible y en lo que no lo era, cedió ante os argumentos de San Pablo. Los Santos son modelos de los católicos. En el sentido en que San Pablo resistió, nuestro estado es de resistencia.

Siendo así, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira y asociaciones autónomas y hermanadas de todo el mundo, así como los miles de católicos que unen sus firmas a este mensaje de apoyo moral:

1. Manifiestan a Vuestra Eminencia, a toda la Jerarquía, al clero y pueblo católico de la China, su admiración y su solidaridad moral, en esta hora en que urge erguir la resistencia ante el Moloch comunista y la Ostpolitik vaticana. Los obispos y sacerdotes de la perseguida Iglesia clandestina en China que ahora resisten, están siendo para el mundo entero un símbolo vivo del “buen pastor que da su vida por sus ovejas”.

2. Afirman que nutren aliento, fuerza y esperanza invencible del épico ejemplo de los actuales mártires que perseveran en China. Nuestras almas católicas aclaman estas nobles víctimas: “Tu gloria Jerusalem, tu laetitia Israel, tu honorificentia populi nostri” (Judith 15,10). Esos mártires constituyen la gloria de la Iglesia, la alegría de los fieles, la honra de los que continúan la lucha sacrosanta.

3. Elevan sus oraciones para que Nuestra Señora Emperatriz de la China con su desvelo de Madre socorra y dé ánimo a sus hijos chinos que luchan para mantenerse fieles a pesar de circunstancias tan cruelmente hostiles.

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