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lunes, 6 de enero de 2014

¿Regresan las «Comunidades de Clase»?, por Germán Mazuelo-Leytón

Reproducimos el artículo de Germán Mazuelo-Leytón publicado originalmente en su blog en InfoCatólica.

Del 7 al 11 de enero, en Juazeiro do Norte, Estado de Ceará, Brasil, se reunirán los delegados de las Comunidades Eclesiales de Base de todas las jurisdicciones eclesiásticas del país continente. Desde la llegada a la silla de Pedro del nuevo Pontífice Francisco, las CEBs brasileñas especialmente, se encuentran en un proceso de «relanzamiento». Los organizadores prevén la asistencia de cuatro mil delegados para verificar un «nuevo pentecostés de las CEBs».

Originalmente las CEBs actuaron bajo el denominativo de «Iglesia del pueblo».  Posteriormente al recibir la aprobación de múltiples obispos y hasta la bendición de Conferencias Episcopales, promoviéndolas como «su principal opción pastoral», éstas fueron multiplicándose no solamente en el Brasil, su país de origen, sino también en toda América Latina y otras latitudes.

Dos esclarecedores documentos desvelaron completamente el accionar de las CEBs, brazo operativo de la Teología de la Liberación de corte marxista: «Las CEBs de las cuales mucho se habla y poco se conoce» del Prof. Plinio Correa de Oliveira, y la también «muy oportuna publicación por el episcopado mexicano de un excelente informe sobre la Iglesia del Pueblo», escrito por el Padre Boaventura Kloppenburg, OFM, Rector del Instituto Pastoral del CELAM, documento que «frenó la acción subversiva marxista en México», desarrollada en vísperas de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla.

¿Qué eran, qué son y qué pretenden ser las Comunidades Eclesiales de Base?

Uno de sus más preclaros exponentes, Leonardo Boff, en «Eclesiogénesis» teorizó su concepto de Iglesia partiendo de «la primitiva participación del pueblo cristiano del poder de la Iglesia», hasta llegar a la II Conferencia General del Episcopado en Medellín, tiempo en el que «la Iglesia aparecía obviamente como la ideología religiosa legitimadora del orden imperante» (pág. 58).

Entonces «todo comenzó a cambiar con la aparición de las “comunidades de base”. A partir de 1960, en efecto, aparecieron las condiciones históricas para una iglesia que nazca del pueblo. Frente a una Iglesia de cristiandad, encarnada en una clase hegemónica apareció una Iglesia popular, capaz de integrarse en la sociedad revolucionaria, una iglesia libertadora cuyas características son totalmente distintas y opuestas a la primera».

«En ella son los laicos quienes detentan el poder sagrado, depositado por el Espíritu Santo en la comunidad primitiva» (Reflexiones en torno a la Teología de la Liberación, P. Francois Francou, SJ), luego, la «Iglesia del Pueblo» es un repudio a la «Iglesia tradicional» como institución jerárquica y dogmática, que considera un «aburguesamiento del cristianismo». «Es la división, la misma división de la lucha de clases, una es la “Iglesia Popular”, pero yo como cristiano considero que es también la Iglesia verdadera, porque la otra, apoya a los explotadores, traiciona el Evangelio» (Ernesto Cardenal).

Según sus ideólogos, las CEBs nunca pretendieron ser eclesiales, «ellas fueron bautizadas con el nombre de Comunidades de Base, expresión inspirada en la terminología marxista, equivalente a soviets» (Mons. Miguel Balaguer, obispo de Tacuarembó, Uruguay), «actualmente todo es de arriba hacia abajo. ¿Por qué el pueblo no puede participar en la elección de sus párrocos, de los obispos y del Papa? ¿Por qué el Papa tiene que ser escogido apenas por algunos cardenales?» (P. Joseph Comblin, ideólogo de la Teología de la liberación y promotor de las CEBs.

Como preludio de Puebla, circuló una avalancha de aportes oficiales (de las Conferencias Episcopales), y«aportes a Puebla» no oficiales, en los que predominaban «tendencias secularizantes, desacralizantes, progresistas, modernistas, protestantes y marxistoides».

No obstante el terremoto enderezador de las tesis comuno-progresistas, en el discurso inaugural de Juan Pablo II en Puebla, el «Documento Final» de Puebla concluyó con una «lista de nueve signos de esperanza y de alegría de la Iglesia en América Latina» cuyo primer lugar ocuparon «las Comunidades Eclesiales de Base en comunión con sus Pastores». De tal forma que con Puebla las CEBs adquirieron carta de ciudadanía eclesial.

Pero fue recién en su visita al Brasil en 1980 que Juan Pablo II fue directamente enérgico con las politizadas Comunidades Eclesiales de Base:

Especialmente insistente resulta el riesgo de intromisión de lo político. Esa intromisión puede darse en la propia génesis y formación de las comunidades, cuando se crean no partiendo de una visión de Iglesia, sino con criterios y objetivos de ideología política. Tal intromisión, por otra parte, puede darse también bajo la forma de instrumentalización política de comunidades que habían nacido con perspectiva eclesial” (Mensaje a los líderes de las CEBs del Brasil).

En pleno auge de las CEBs, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Instrucción «Sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación» el 6 de agosto de 1984, sanciona que expresiones como«Iglesia de los pobres», «Iglesia del Pueblo», «Comunidades populares», llegan a significar comunidades de clase (cfr. IX, 10).

Joseph Comblin no deja dudas del leit motiv de sus CEBs:

En el plan original, las CEBs fueron concebidas para ser fermento, un factor de transformación social y económica. Si ellas se contentan con sólo hacer trabajo parroquial –catecismo para niños, preparación para la primera comunión, para el Bautismo, etc.- ellas pierden fuerza. Este tipo de trabajo no crea ningún problema, no lleva a nada. Para eso no es necesario que haya CEBs. que son la expresión socializada y politizada de la Iglesia.

Iniciado el Tercer Milenio, las CEBs fueron un puntal para el ascenso de algunos gobiernos en América Latina, ¿la perspectiva de las CEBs en la era del Papa Bergoglio, será totalmente eclesial o sociológica?

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