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jueves, 6 de octubre de 2016

La estrategia de Santos y los medios para la aprobación forzosa del acuerdo con las FARC

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El día de ayer 5 de octubre se llevó a cabo una reunión en el Palacio de Nariño, entre el gabinete de Juan Manuel Santos y la delegación del Centro Democrático para tratar de acordar las reformas que se harían al acuerdo entre el gobierno y las FARC que fue rechazado por los colombianos en el plebiscito del 2 de octubre. Luego de la reunión que tomó más de cinco horas, el presidente Santos salió a dar un mensaje de optimismo, “estamos muy cerca de lograr la paz. Una paz estable y duradera con un apoyo ciudadano más amplio”, mientras que el ex procurador, Alejandro Ordóñez se mostró más bien pesimista: “nos dijo que valoraría las propuestas que sean viables y razonables, lo cual pone esta discusión en un terreno muy deleznable”.

¿Por qué esta discrepancia? La explicación estaría en unas declaraciones hechas por Santos luego de reunirse con un grupo de pastores protestantes. Dijo que con ellos “identificamos que muchas de sus preocupaciones están en puntos que solo requieren aclaraciones”. Así es que ni siquiera hay acuerdo sobre el nivel de disenso, según el procurador Ordóñez “ese acuerdo no existe. Si hay cosas rescatables, serán para incluirlas en un nuevo acuerdo en el que las condiciones son las que surgieron en las votaciones del 2 de octubre. Las razones del NO son los inamovibles que nosotros tenemos y sobre los que se debe construir un nuevo acuerdo”, mientras que para Santos, lo que le hace falta al acuerdo para conseguir ese “apoyo ciudadano más amplio”, son meras “aclaraciones”.

En esto, las declaraciones de santos coincide con la columna escrita por Rodrigo Uprimny, el director de Dejusticia y lider jurídico del lobby gay y del aborto en Colombia, en la que plantea una serie de “tesis” sobre la renegociación. Uprimny, haciendo uso de una falacia “hombre de paja” desfigura la oposición al plebiscito, pretendiendo que “los promotores del NO en general dijeron que no se oponían a todo el acuerdo sino a puntos particulares” y a través de esta idea, asumir que “Los puntos del acuerdo de paz que no recibieron oposición clara por los voceros del NO durante los debates del plebiscito deberían entenderse todos aprobados”.

Bien es sabido que Uprimny ha acompañado al gobierno Santos en la defensa del acuerdo con las FARC, así como también representa una posición coincidente con el gobierno en los temas de aborto, eutanasia, “matrimonio” y adopción homosexual y “estado laico”. De la lectura de esta columna se percibe de forma transparente cuál va a hacer la estrategia del gobierno para revender el mismo acuerdo con otra cara.

La estrategia consiste en determinar qué se va a aceptar de las críticas al acuerdo y qué no. Lo que Uprimny llama “oposición clara” y Santos “propuestas viables y razonables” viene siendo lo mismo: Sólo aceptarán cambios menores al documento, ignorando de entrada las críticas más generales: Al mecanismo del plebiscito, a su implementación como materia constitucional y tratado especial, al Acto legislativo 01 de 2016, etc. Un ejemplo, que viene a la perfección lo da el mismo Uprimny cuando dice:

Y aunque suene un poco moralista o puramente académico, en esta búsqueda del pacto por la paz deberíamos asumir una ética comunicativa cercana a la defendida por algunos filósofos, pues en la campaña del plebiscito hubo mentiras y descalificaciones inaceptables en ambos lados. Deberíamos comprometernos a buscar acuerdos (sin negar nuestras diferencias), ser leales con los argumentos y evitar falsedades. Esto implica un pacto de honestidad intelectual o simplemente de orden en el debate, que conduzca a excluir temas que no tienen que ver con la paz y que crean mucho ruido y confusión entre los votantes, como sucedió con la llamada ideología de género, que nada tiene que ver con las negociaciones de paz.

De modo tal que, el llamado “enfoque de género” (mismo concepto con distinto nombre) que el acuerdo establece como principio esencial a lo largo de todo el texto, y por el cual buena parte de los cristianos católicos y protestantes rechazaron los acuerdos en el plebiscito, sigue siendo negado por los promotores del SI. Poco importa que la misma confirmación del enfoque ideológico de género venga directamente del jefe de la delegación de gobierno, Humberto de la Calle, ellos siguen negándolo. Algo similar ocurre con los otros puntos, contra los que existen reparos sustanciales, pero que son ignorados por Uprimny.

Esto da el tono de las negociaciones, y la estrategia que están emprendiendo los del SI, complementaria con tratar de forzar en la opinión pública la idea de que la campaña del NO estaba basada en mentiras, y la amenaza de Santos de acabar con el cese al fuego, para poner contra el tiempo a los negociadores. Reducir unilateralmente la oposición a los acuerdos, como si se tratase de corregir algunos aspectos secundarios, y presentar un acuerdo que sustancialmente sea igual al que se firmó el 26 de septiembre, pero con un maquillaje nuevo, y que parezca producto de un “nuevo consenso” con los sectores que votaron NO.

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