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jueves, 5 de enero de 2017

Las falsedades en el video de #LaDiferencia

LaDiferencia

A finales de diciembre, empezó a correr por Redes Sociales un video publicado por #LaDiferencia, un grupo que se hace llamar “cristiano”, criticando la oposición de católicos y protestantes a la agenda homosexual, y defendiendo “una versión diferente de iglesia y sociedad”, al gusto del lobby LGBT.

El video está hecho por protestantes y para protestantes, y por tal motivo es natural que abunde en errores graves y falsedades en contra del Evangelio y la Fe en Cristo. No obstante, frente a la posibilidad de que haya católicos que caigan en los engaños utilizados por el video, nos parece conveniente y necesario refutar los puntos principales con los que #LaDiferencia pretende “cristianizar” la Ideología de Género, y “satanizar” la defensa de la familia.

1. “No estamos de acuerdo en la forma como algunos cristianos y pastores señalan la homosexualidad como un pecado de mayor gravedad que los demás, contradiciendo lo que dice la Biblia: Para Dios todos los pecados revisten la misma gravedad y son igual de dañinos para la humanidad.”

Falso: El Catecismo de la Iglesia Católica, basándose en las escrituras, recuerda que hay pecados cuya “iniquidades tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos can los más severos castigos.” y son:

  1. El Homicidio voluntario o el asesinato (Gn 4, 10)
  2. Práctica de la homosexualidad o sodomía(Gn 18, 20; y 19,13)
  3. Opresión contra el pobre (Éx 3, 7-10)
  4. El Agravio al forastero, a la viuda y al huérfano (Éx 22, 20-22)
  5. La injusticia con el asalariado (Dt 24, 14-15; y Jue 5,4)

2. “No estamos de acuerdo, cómo señalan a los LBTI como terribles pecadores, cuando la Biblia dice claramente que todos somos pecadores, ningún ser humano se puede considerar santo o libre de pecado. El verdadero cristiano entiende que es pecador y no condena a su prójimo por pecar.”

Falso: Todos los hombres, con la excepción de la Santísima Vírgen María, hemos nacido heridos por el pecado original, por lo cua tendemos inevitablemente al pecado. Pero Cristo, al morir en la cruz, a pagado con su sangre el precio de nuestros pecados (Rm 3 ,21-26). Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. “La justificación no es solo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del  hombre” (Concilio de Trento: DS 1528).

Así, el hombre, nacido pecador, recibe el auxilio de Cristo para liberarse del pecado y recuperar la amistad con Dios. Esta justificación, que es de libre iniciativa de Dios, exige la respuesta libre del hombre, porque Dios creó al hombre a su imagen concediéndole, con la libertad, el poder de conocerle y amarle (Catecismo, 2002). El hombre tiene la libertad de cooperar con la gracia o rechazarla, “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Jn 14, 15),   pero el que rechaza convertirse, se condenará (Mt 13, 41-42).

3. “Sin importar si ustedes son homosexuales, lesbianas, transexuales o tienen dudas en su orientación sexual, ustedes son nuestro prójimo y como Dios los ama, y como envió a su hijo para que lo conocieran, nosotros también los amamos.”

Falso: El que ama a su prójimo no puede ser indiferente respecto de su salvación, y permanecer impasible cuando el hermano está en riesgo de condenarse por su obstinación en el pecado. Por eso dice Jesús

Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. (Mt 18, 15-17)

Por eso la Iglesia Católica ha insistido hasta la saciedad en señalar la perversidad intrínseca de los actos homosexuales y en invitar a los homosexuales a la castidad propia de los hijos de Dios (Catecismo 2357-2359). Los homosexuales que rechazan esta enseñanza van, por voluntad propia, camino de la condenación, y quienes les confirman en esta vía, lejos de amarles, se hacen corresponsables de su perdición.

4. “Después de batallar para encontrar respuesta a nuestras necesidades preguntas y vacios, nosotros encontramos en Dios lo que andábamos buscando, Él dio respuesta a nuestras más complejas preguntas, resolvió nuestros sentimientos más profundos, y nos recibió con brazos abiertos.”

Falso: En esta frase se resume brevemente la espiritualidad subjetivista del protestantismo, y por ello mismo, su carácter engañoso. El Luteranismo, a través de la herejía del “libre examen” abrió las puertas al relativismo espiritual, de un “Dios” hecho al antojo de cada uno, y para satisfacer las necesidades subjetivas de cada quién. El hombre fue creado para conocer, amar y servir a Dios. No Dios para el hombre, sino el hombre para Dios. “Todo fue creado por Él y para Él” (Col 1, 16). El hombre debe conocer, amar y servir a Dios a través de la religión, “no la que cada uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e irrevocables como única y verdadera” (León XIII). Por eso, nadie puede decir que conoce a Dios si no es a través de Jesucristo (Jn 14, 6), y nade puede decir que conoce a Cristo si no es a través de la Iglesia Católica (Lucas 10, 16).

5. “A diferencia de algunos cristianos e iglesias, Dios no hace acepción de personas y un verdadero cristiano tampoco lo hace”.

Como señalamos antes, Cristo ha abierto el camino de la salvación para todos los hombres, pero sólo los que lo sigan, aceptando la gracia de Dios y convirtiéndose de sus pecados, pueden llegar a Dios. A los que se obstinan en el pecado, dice Cristo, “considéralo como un pagano o un publicano”. Al final “cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. (…)unos irán a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.” (Mt 25, 31-32. 46)

6.  “Dios ha trabajado en nuestra vida y en nuestro pecado de forma personal e íntima, no con leyes ni con estatutos. Jesús confrontó el pecado de forma personal e íntima.”

Falso: Cristo mismo anunció que “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.” (Mt 5, 17) Cristo vino a purificar y perfeccionar la ley revelada, que además de incompleta, había sido reducida por los fariseos al cumplimiento externo y visible de los preceptos. Todo el sermón de la montaña es una proclamación de la Ley Nueva, que Cristo como legislador supremo da a los hombre. Una ley de la gracia, en que Dios envía al hombre la fuerza para cumplirla, cumpliendo lo que dice el profeta “pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré” (Jer 31, 33).

Por eso el Catecismo de la Iglesia Catolica nos dice:

1953. La ley moral tiene en Cristo su plenitud y su unidad. Jesucristo es en persona el camino de la perfección. Es el fin de la Ley, porque sólo Él enseña y da la justicia de Dios: “Porque el fin de la ley es Cristo para justificación de todo creyente” (Rm 10, 4).

El Evangelio de Cristo es inseparable de la Ley Moral que Cristo vino a enseñar. Cierto es que la ley moral no se puede cumplir sin el apoyo de la gracia divina, sólo esta perfecciona al hombre. Las ley positiva del hombre no puede justificar al hombre por sí sóla, pero si lo puede hacer cuando coopera con la ley de la gracia, en vez de oponerse a ella permitiendo el mal y castigando el bien.

7. “Los blancos de sus ataques más fuertes [de Jesús], no fueron los pecadores, sino los líderes religiosos que se creían santos y mejores que los demás.”

Falso. Jesús vino a corregír a la humanidad, y a quienes corrigió con más severidad fue a los que cometían los peores pecados.  Jesús criticó con dureza a los fariseos, escribas y doctores de la ley, que habían pervertido la ley revelada, reduciéndola a preceptos puramente exteriores, preocupándose más por la pureza física que por la pureza del alma (Mt 15, 17-20).  Cristo enseña que los peores pecados no son los pecados corporales, sino los espirituales. Y el peor de todos, el orgullo, el pecado de Satanás, y que además es bandera del lobby LGBTI.

8. “Ustedes y nosotros somo ciudadanos, creemos que debemos tener los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas oportunidades de participación.”

Engañoso: El hombre no puede pretender derechos que van en contra de la ley de Dios. Nadie puede reclamar para sí el derecho de pecar.

9. “Creemos en la separación entre Iglesia y Estado porque la fe no debe ser impuesta, así como ningún modo de vida”

Falso: Esto es contrario a la Fe. La escritura dice con mucha claridad que toda autoridad política viene de Dios (Jn 19, 11; Rm 13, 1-4). Jesucristo es Rey, y reina sobre todas las realidades, temporales y espirituales (Mt 18, 28), y la realidad política no es ajena a su soberanía. La Doctrina de la Iglesia reconoce que los poderes político y eclesiáticos constituyen dos esferas “soberanas en su género” (León XII, Immortale Dei), pero entre las cuales se requiere una concordia mutua, de forma tal que el Estado no pretenda legislar en contra de la ley moral y de la Fe, pues de lo contrario perdería su autoridad pues “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29).

10. “Desde el Siglo XII hasta el XIX muchos Estados fueron gobernados por la religión y fue la época más oscura de la humanidad porque los líderes religiosos tergiversaron el mensaje del Evangelio condenando a los hombres de su tiempo a vivir una religión fundada en la mentira, lejos del verdadero amor de Dios.“

Falso: La mención del Siglo XII es absolutamente arbitraria. Desde la antigüedad, los hombres han reconocido que la potestad política no puede ser independiente de la potestad religiosa, y que todas las autoridades tienen un origen natural y divino. Antes del Cristianismo ambos poderes estaban concentrados en una misma autoridad (El César recibía culto en el Imperio Romano), pero Cristo dijo “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21), señalando que son dos potestades distintas.

Tras la caída del Imperio Romano, las naciones europeas se acogieron a la tutela bondadosa de la Iglesia Católica, reconociendo y protegiendo la Fe Cristiana como la Verdad que es. La “Edad Media” representó el esplendor de la civilización europea en todos sus aspectos. Dice León XIII:

Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer. Si la Europa cristiana domó las naciones bárbaras y las hizo pasar de la fiereza a la mansedumbre y de la superstición a la verdad; si rechazó victoriosa las invasiones musulmanas; si ha conservado el cetro de la civilización y se ha mantenido como maestra y guía del mundo en el descubrimiento y en la enseñanza de todo cuanto podía redundar en pro de la cultura humana; si ha procurado a los pueblos el bien de la verdadera libertad en sus más variadas formas; si con una sabia providencia ha creado tan numerosas y heroicas instituciones para aliviar las desgracias de los hombres, no hay que dudarlo: Europa tiene por todo ello una enorme deuda de gratitud con la religión, en la cual encontró siempre una inspiradora de sus grandes empresas y una eficaz auxiliadora en sus realizaciones. (Immortale Dei)

Si hay una época que puede ser considerada como la “época más oscura de la humanidad”, es está época moderna en que el pecado y el mal es promovido desde el Estado, la Fe Cristiana es perseguida por los gobiernos, y la corrupción se instala a sus anchas en todos los aspectos de la vida social. ¿No es impensable para el hombre contemporáneo la idea del político honesto? Pues la Cristiandad medieval fue prolífica en gobernantes no sólo honestos, sino justos y santos.

Esta Cristiandad fue fracturada por la herejía protestante que permitió al Estado establecer sus “iglesias nacionales” sujetas al poder político, abriendo la puerta al absolutismo soberanista, en que el Estado tiene el poder de legislar a espaldas de la moral, y pretendiendo que la ley no tenga otro fundamento que la voluntad del soberano. Este fue el gérmen del liberalismo, el marxismo y el fascismo, gestores en el siglo XX de los peores genocidios que haya visto la humanidad.

11. “No se puede ser cristiano y ser homofóbico al tiempo. Aunque muchos cristianos opinen diferente que  nosotros y muchas iglesias adopten posiciones homofóbicas y cierren sus puertas para las personas que integran la comunidad LGBTI, hay muchas iglesias que no lo hacen, muchas iglesias en donde ustedes son bienvenidos y amados.”

Falso: Nadie que advierta a los homosexuales sobre su peligro de condenarse y les invite a las conversión, está odiando a los homosexuales, y así mismo, nadie que convenza a los homosexuales de seguir en el pecado los está amando. Las puertas de la Iglesia siempre estarán abiertas para el pecador arrepentido que vuelve a casa.

A través de este video, LaDiferencia pretende presentar la aceptación de la ideología de género y de la homosexualidad como una cuestión de “amor al prójimo”. Como si fuera un deber moral de los cristianos ignorar la Palabra de Dios, avalar públicamente el pecado y la destrucción de la familia. Es cierto que el amor, la misericordia y el perdón de Dios son infinitos, pero condicionados al arrepentimiento y la fidelidad al Evangelio.

Bien decía Benedicto XVI que “la ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de tal. Con ella el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo”. Con este nuevo movimiento los “cristianos” LGBTI muestran que en lugar de querer que Dios gobierne sus vidas, buscan armar un discurso que legitime su deseo de gobernarse a sí mismos, y venderlo como “su fe”.

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