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lunes, 31 de agosto de 2026

Editorial: La neutralidad religiosa no existe

Abelardo de la Espriella ofreció disculpas por acto religioso durante su  posesión | AsuntosLegales.co

Tal y como habíamos advertido en nuestro editorial del pasado 24 de junio, no se puede ser proclamar a Cristo Rey y a la vez declararse leal a la Constitución Política de 1991, la cual fue concebida como instrumento ideológico para la secularización de la sociedad colombiana. Ya a menos de un mes de su posesión presidencial, Abelardo de la Espriella ha tenido que enfrentar esa contradicción, pues un juez le acaba de ordenar que pida disculpas públicas por “violar la neutralidad religiosa del Estado”, así como expedir una directiva presidencial para ordenar a todos los servidores públicos el abstenerse de actos semejantes.

No vamos a ahondar en la oposición esencial entre la agenda ideológica desplegada a partir de la Constitución y la restauración moral y espiritual de la nación colombiana. No se puede esperar que al mantener el tronco intacto, nos vayamos a librar de sus perniciosos frutos. Quisiéramos detenernos en lo que significa ese supuesto principio de la “neutralidad religiosa del Estado”, en virtud del cual se pretende expulsar a Cristo y a la virgen María de la esfera pública.

La idea de la “neutralidad religiosa del Estado” fue formulada por la Corte Constitucional, precisamente en la sentencia a partir de la cual se rechaza la Consagración Oficial de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Según la Corte, la neutralidad del Estado frente a todas las religiones es la única forma de garantizar la igualdad entre todas las religiones. Así, cualquier manifestación a favor o en contra de una confesión religiosa determinada, violaría la imparcialidad del Estado.

Para la Corte, la tal neutralidad no puede garantizarse con la participación, en igualdad de condiciones, en múltiples actos de diferentes confesiones religiosas, como la “oración multirreligiosa” llevada a cabo en la posesión presidencial, en la cual participaron un obispo y un presbítero católicos, un pastor protestante y un rabino judío:

Por ello no es de recibo el argumento, según el cual la norma impugnada mantendría una igualdad de oportunidades entre todas las religiones, porque en el futuro cualquiera de ellas podría obtener también una consagración oficial de similar naturaleza. Ese criterio desconoce, de un lado, que una consagración religiosa oficial presenta un cierto sentido de exclusividad debido al carácter orgánico que tienen las creencias religiosas, por lo cual no podría un Estado consagrarse oficialmente a varias confesiones religiosas sin incurrir en decisiones contradictorias. Pero, incluso si se aceptara  que esas múltiples consagraciones son posibles, el argumento no es válido porque parte de un supuesto equivocado: considera que el pluralismo del Estado colombiano en materia religiosa es el resultado de una especie de competencia entre todas las religiones por acceder a los privilegios del Estado, cuando lo cierto es que tal pluralismo supone y deriva de la neutralidad estatal en esta materia. Sólo de esa manera se garantiza la autonomía, la independencia y la igualdad de todas las confesiones religiosas. Por ello los poderes públicos no pueden hacer manifestaciones públicas en favor o en contra de alguna confesión religiosa. El país no puede ser consagrado, de manera oficial, a una determinada religión, incluso si ésta es la mayoritaria del pueblo, por cuanto los preceptos constitucionales confieren a las congregaciones religiosas la garantía de que su fe tiene igual valor ante el Estado, sin importar sus orígenes, tradiciones y contenido. (Corte Constitucional, C-350/94, 7)

En este punto, puede verse con claridad como la pretendida “neutralidad” del Estado salta de la “imparcialidad” a la total “neutralización”. No se admite siquiera la presencia simultánea de diferentes confesiones religiosas, que la Corte acusa como contradictoria, sino que se exige la extinción de toda presencia de lo religioso en el ámbito del poder público.

Nótese la gran deshonestidad de la Corte, pues al señalar que “una consagración religiosa oficial presenta un cierto sentido de exclusividad debido al carácter orgánico que tienen las creencias religiosas” está admitiendo que la fe no es simplemente una preferencia personal, como podría ser la elección de una carrera, la práctica de un deporte o el gusto en términos gastronómicos. La cuestión sobre Dios es también la cuestión sobre el hombre: Su naturaleza, su razón de ser, su propósito en este mundo, su destino último. No puede separarse la fe de la Moral, de la idea de lo que es bueno o malo para la vida del ser humano. O como dijo en su momento el jurista español, Juan Vásquez de Mella:

El Estado neutro y el maestro neutro son dos formas de la irracionalidad, pues el hombre normal afirma, niega o duda, porque piensa y no declara en huelga el entendimiento en presencia de la realidad que interroga. El Estado que se declara neutral en todas las cuestiones que más interesan al  hombre, diciendo que ignora la verdad en Religión o en Moral, y, por lo tanto, en los fundamentos del Derecho, es un Estado que se jubila a sí propio, declarándose inepto para gobernar. (Obras Completas, Vol. 2, Págs. 343-344)

La Corte acierta al reconocer que es absurdo que el Estado participe al mismo tiempo de diferentes oraciones o celebraciones de diferentes religiones. Pero debería admitir igualmente que es absurdo que el no participar en ninguna sea garantía alguna de neutralidad. Si otorgarle un lugar de honra a la Santísima Virgen en los actos públicos es una declaración práctica de Catolicismo, ¿Qué es el vaciamiento de Dios que pretende la Corte sino una declaración práctica del ateísmo?

Esa es la deshonestidad, revestida de “neutralidad”, es la que ostentan los demandantes que atacan la realización de una oración en la posesión presidencial, a la vez que callaron cuando el presidente Petro tuvo en 2022 su “posesión espiritual” con rituales indígenas, o cuando la justicia se negó a exigir retractaciones al Presidente al blasfemar contra Jesús y María Magdalena.

No existe la neutralidad moral ni religiosa del Estado. Cada acción o decisión del Estado, cada ley expedida, cada acto de gobierno, emanan de una concepción metafísica de lo que es el ser humano y de lo que es bueno o malo según esa concepción. Detrás de la neutralización de la religión en la vida pública se esconde el propósito de sustituir los fundamentos metafísicos del orden social colombiano, por otros importados de la teología liberal: El non serviam (“no serviré”) que inauguró la rebelión de Lucifer ante Dios.

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viernes, 21 de agosto de 2026

De la “Constitución vivente” a la “Tradición viva”: La instauración del relativismo en la Iglesia

Dos nuevos informes del Sínodo: rechazo a la poligamia y escuchar el clamor  de los pobres y de la tierra – INFOVATICANA

A pesar del adagio Roma locuta causa finita, tras el decreto de excomunión expedido por la Congregación para la Doctrina de la Fe en contra de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, luego de las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio del 1 de Julio pasado, la controversia parece nunca terminar. A pesar de las declaraciones del Papa León XIV afirmando que “debemos seguir adelante”, como dejando atrás el asunto de los lefebvristas, el tema ha seguido vivo tanto en redes como en medios de comunicación.

Como parte de la discusión en las redes sociales se ha invocado a menudo un argumento que se pretende como la crítica definitiva, demoledora, de las posturas tradicionalistas. Se trata de una idea que pareciera gozar de una gran capacidad de persuasión entre los católicos, y sobre la cual conviene detenerse por las graves consecuencias que se derivan de la misma. Nos parece además importante analizar esta argumentación, dado que para los que hemos realizado algún activismo en el campo político, no nos es del todo ajeno: Se trata de un viejo conocido.

El argumento más o menos es el siguiente:

Los tradicionalistas, al afirmar que su desobediencia al papa es en realidad fidelidad a la tradición, están construyendo su propia idea de tradición, seleccionando qué quieren aceptar y qué quieren rechazar del magisterio de la Iglesia. La Tradición Apostólica no es aferrarse a formas inmutables, sino que es una tradición viva, interpretada por el magisterio de los Papas y los concilios. Pretender señalar contradicciones entre la tradición y el magisterio, es convertir la propia opinión en el criterio de interpretación de la tradición de la Iglesia.

Sorprende que haya católicos que caigan en esta clase de argumentos después de que ya hemos tenido que ver su aplicación el ámbito secular. El "magisterio vivo" suena muy parecido a la "Constitución viviente" con la que los tribunales constitucionales han venido a interpretar que el derecho a la vida significa legalizar el aborto y la eutanasia, que los artículos protegiendo a la familia como célula fundamental de la sociedad significan aprobar el "matrimonio" homosexual, que la Libertad Religiosa significa perseguir a la Iglesia, etc.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos en su artículo 4.1 dice: "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.", y la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2013 interpretó este artículo diciendo que Costa Rica debía legalizar el aborto. ¿Si considero que esta es una contradicción, estoy pretendiendo ser yo, y no la Corte, el intérprete legítimo del Pacto de San José?

La contradicción entre dos proposiciones no es una verdad de fe o moral, o una sentencia canónica, tampoco algo que dependa de la autoridad de una ley o un acto de una autoridad política, es un hecho que se determina por las reglas propias de la lógica. Pretender que sólo hay contradicción cuando la autoridad diga que la hay es subordinar la lógica y los fundamentos axiológicos de la razón a la autoridad, que por ello mismo dejaría de ser autoridad y se convierte en mero poder. La consecuencia inevitable de ese razonamiento es la instauración del relativismo absoluto, donde si la autoridad lo dice, un hombre se convierte en mujer, dos hombres pueden engendrar un niño, o Dios puede querer la diversidad de religiones.

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lunes, 17 de agosto de 2026

Es falso que Jesús se opusiera a la profesión militar o al uso de las armas

El jesuita Francisco de Roux, ex general de la Compañía de Jesús, y expresidente de la Comisión de la Verdad, ha dado una entrevista a la Revista Cambio, en la cual ha abordado numerosos temas de la política nacional, pero principalmente ha dirigido una crítica directa a la introducción de expresiones y manifestaciones religiosas en el discurso del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella. Aunque pueda criticarse el uso político de tales expresiones, no deja de ser paradójico que la crítica venga de quien ha sido tal vez el clérigo más políticamente activo de los últimos años. “Lo que puedo decir es que no estoy de acuerdo con la utilización de los símbolos religiosos, y además mal utilizados, para imponer una teoría política que puede ser legítima, pero que no debe mezclarse con Dios. La utilización de Dios en la política es lo más peligroso”, dice una sacerdote que ha detentado cargos de carácter político y que ha participado en política, precisamente como consecuencia de su pertenencia a una entidad religiosa, como la Compañía de Jesús.

En la misma entrevista, aprovecha para criticar la política de “Paz total” del gobierno Petro, defendiendo a su vez los acuerdos de la Habana. 

Me pareció muy bien cómo se llevó el acuerdo de La Habana y la forma como se desarrollaron las negociaciones. Había negociación y había guerra. Eran unos militares que trabajaban por la paz y estaban dirigidos por el gobierno que conducía la paz. En un punto se declaró el cese al fuego total y se procedió a concluir las negociaciones. Eso no se hizo con la llamada paz total. La paz total fue un error. Por eso los militares dejaron de actuar y se consolidaron empresas criminales en los territorios.

Se trata de una falsa oposición que ya hemos venido observando en boca de diferentes sectores políticos, que en las pasadas elecciones aprovechaban para cargar en contra del gobierno Petro, siendo que habían sido entusiastas defensores de los acuerdos de paz. Se quiere utilizar a Petro como chivo expiatorio al cual adjudicar la responsabilidad por la retoma del territorio nacional por parte de los grupos ilegales, y así limpiar de toda culpa a los Acuerdos de La Habana, verdaderos responsables de toda esta situación.

Los mismos que ahora critican la “paz total” de Petro, son los mismos que acusaron al gobierno Duque por “incumplir los acuerdos” y a ello le achacaban el aumento de la violencia. Con esas acusaciones pavimentaron el acceso de Gustavo Petro al poder, como si fuera el único que podía cumplir coherentemente con la agenda política firmada en La Habana. Fue en La Habana donde el gobierno Santos amnistió a los líderes de las FARC y detuvo la aspersión aérea de los cultivos ilícitos. Fue en La Habana donde se les concedió privilegios políticos al secretariado de las FARC, y se les creó un tribunal a la medida, la JEP, gracias al cual no han tenido que pagar por ninguno de sus crímenes. Fue en La Habana donde se creó el sistema de estímulos y beneficios para los criminales que Petro no hizo más que ampliar con la política de “paz total”.

Quisiéramos detenernos en una de las afirmaciones del P. de Roux:

CAMBIO: ¿Por qué le duele particularmente lo de “Cristo Rey”?

F.D.R: Porque Jesús se opuso completamente a lo militar. Jesús es la expresión de una manifestación del misterio de Dios que niega profundamente lo militar. Es la expresión de un Dios absolutamente desarmado.

La afirmación es simplemente falsa. No sólo no consta en ningún pasaje del Evangelio que Jesús se opusiera a la profesión militar. Por el contrario, Jesús alabó la fe del Centurión que identificó el poder de Jesucristo con el mando militar (Mt 8, 5-13), y a diferencia de la mujer adúltera, el publicano o los otros pecadores, Jesús no lo instó a abandonar la milicia, como tampoco lo hizo Juan el Bautista (Lc 3,14), ni San Pedro a la hora de bautizar al centurión Cornelio (Hch 10, 1-48).

San Pablo afirma que el militar “no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal.” (Rom 13, 4) y el propio Jesucristo así también se presentó en frente de Pilatos, al que le dijo “No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba” (Jn 19, 11), justo después de haberle dicho a Pedro “piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?” (Mt 26, 52). Jesús no sólo reconoce la legitimidad de la fuerza militar, sino que la autoridad política la usa en virtud de esa autoridad que proviene del mismo Dios. El príncipe tiene sus ejércitos como imagen de Dios que también tiene sus legiones de ángeles.

El mismo Jesús que dice, “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.” (Jn 14, 27), es el que dice "No creáis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la espada." (Mt 10, 34) Por eso dice Santo Tomás:

También quienes hacen la guerra justa intentan la paz. Por eso no contrarían a la paz, sino a la mala, la cual no vino el Señor a traer a la tierra (Mt 10,34). De ahí que San Agustín escriba en Ad Bonifacium: No se busca la paz para mover la guerra, sino que se infiere la guerra para conseguir la paz. Sé, pues, pacífico combatiendo, para que con la victoria aportes la utilidad de la paz a quienes combates. (II-II, q. 40. art. 1, r.3)

El irenismo anti-militarista es una caricatura del Evangelio, una deformación ideológica de la figura de Jesús que defiende una falsa paz, insostenible por su propia iniquidad. Eso es justamente lo que ha ocurrido en Colombia tras los Acuerdos de La Habana con las FARC, y lo que Petro expandió con su llamada “paz total”: Desarmar al Estado colombiano y permitir que los criminales campeen a sus anchas por el territorio, atacando a la población con total impunidad. Se trata de la demostración fáctica de uno de los argumentos de Francisco de Vitoria para fundamentar la licitud de la guerra:

Se prueba en sexto lugar, considerando que el fin de la guerra es la paz y la seguridad de la república, como dice San Agustín en el libro De verbis Domini y en la Epístola ad Bonifacium, y no podría haber esta seguridad si, con el temor de la guerra, no se contuviera a los enemigos de realizar injurias. Además sería completamente inicua la situación en la guerra si, invadiendo los enemigos la república sin justicia alguna, solamente fuese lícito rechazarlos para que no pasasen adelante y no se pudiese perseguirlos para castigarlos.

Se prueba, en séptimo lugar, porque esto conviene al fin y bien de todo el orbe. Porque el orbe no gozaría de felicidad y se vería sumido en la más pésima de las condiciones, si los tiranos, los ladrones y los raptores pudiesen impunemente hacer toda clase de injurias y oprimir a los buenos e inocentes, sin que fuese lícito a estos últimos concertarse para repeler sus agresiones. (De iure belli, 1)

No, no sólo no es verdad que Jesús se opusiera “completamente a lo militar”, sino que por el contrario el mismo vino a deshacer la mala paz, la falsa paz, la que da el mundo, que consiste en el concierto de los criminales. Por eso mismo, por la vinculación intrínseca que existe entre el ejercicio de las armas y el de la justicia, fue que los militares estuvieron entre los primeros paganos en reconocer a Cristo como Dios.

Si al P. de Roux le preocupa tanto el uso político del nombre de Dios, podría empezar aplicándose su propio consejo. y en su condición de religioso apartarse definitivamente de la vida política. Podría dejar de caricaturizar la imagen de Jesús como instrumento para defender la paz del mundo, y que a Colombia no ha traído más que el recrudecimiento de la guerra.

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martes, 17 de diciembre de 2024

Editorial: “Lo sagrado”, el nombre de una profanación

Las redes sociales hierven con la indignación de los fieles católicos al conocer que la Catedral Primada de Colombia, sede del Arzobispo de Bogotá, está siendo utilizada como escenario para la presentación de una obra de teatro. El espectáculo se titula “Lo sagrado” y el nombre no deja de estar cargado de ironía, pues la elección de la Catedral Primada como escenario representa justamente lo opuesto de la sacralidad: la profanación.

Desde un punto de vista puramente antropológico, la conciencia de lo sagrado está en la raíz, no sólo de toda religión, sino en sentido más amplio de toda concepción del mundo, de toda civilización. Lo sagrado no se entiende sin referencia a lo profano, pues es esa oposición, esa separación, lo que lo define. Lo sagrado lo es precisamente, porque está, reservado, separado del resto del mundo. Cuando se difumina la barrera que distingue el ámbito de lo sagrado del ámbito de lo profano, aquello simplemente deja de serlo, se desacraliza, es profanado.

El orden de lo sagrado puede manifestarse en todos los aspectos de la vida humana. Objetos, lugares, personas, tiempos. Un altar puede parecer una piedra o una mesa cualquiera, pero no lo es. A través del rito de dedicación, ha dejado de ser un objeto más y se ha convertido en signo de la manifestación de Dios en el mundo. Desde ese momento, la mesa del altar no admite ningún otro uso más que la celebración del sacrificio eucarístico. La patena y el cáliz pueden parecer piezas más de la vajilla, pero desde su consagración han quedado reservados de forma exclusiva para el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Para muchos, una iglesia puede parecer un simple auditorio, con una tarima y unas gradas, en el cual la gente va a escuchar a un speaker y atender a una performance, pero no lo es. Es un espacio que ha sido separado de toda la geografía circundante y se ha convertido en “casa de Dios y puerta del Cielo”.

“No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.” (Ex 3, 5) Fueron las palabras de Dios a Moisés, por lo que él “se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.” Quitarse las sandalias, cubrirse el rostro, descubrirse la cabeza o ponerse de rodillas, son diferentes formas de expresar la única actitud que puede tener el hombre ante el encuentro con lo sagrado: El temor reverencial. Lo sagrado no pertenece a nuestro orden, no es algo que esté bajo nuestro libre arbitrio, no se manosea. Ha sido elegido por Dios para comunicarse con el hombre, y por lo tanto le pertenece a Él más que a nosotros.

El acto de quitarse la sandalias, simboliza cómo el ámbito de lo sagrado obliga al hombre a prescindir de las consideraciones prágmáticas, de criterios mundanos como la eficiencia o la comodidad, y el contacto con la piel desnuda de los pies, semejante al descubrirse la cabeza al entrar en el templo, representa el reconocimiento de la miseria humana y la aceptación sin barreras de la manifestación divina. Por el contrario, profanar, contaminar los espacios sagrados con usos mundanos, totalmente ajenos al culto divino, no admite otra respuesta que la de Cristo:

Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. (Jn 2, 15-17)

La Iglesia no ha sido ajena al arte dramático. Durante la Edad Media se desarrollaron muchos tipos de dramas litúrgicos, en los que se representaban diferentes escenas de la vida sagrada, pero siempre de forma asociada al propio culto divino, siguiendo las formas que son propias a la reverencia propia del templo. Todavía hoy, el canto de la Pasión de Cristo a tres voces, o el acto del lavatorio de los pies en Jueves Santo, son momentos propios de la liturgia en los que se utiliza el drama como lenguaje para transmitir los acontecimientos que se recuerdan en esas fechas. Eso sin contar los múltiples actos de piedad popular, como la procesión con el Santo Sepulcro o la visita de los Reyes Magos, en los que se hacen verdaderas escenificaciones de cada misterio. Pero, insistimos, siempre, siempre, como parte de un acto público de adoración a Dios.

El signo de la Escala de Jacob nos parece apropiadísimo para una representación teatral sobre la Navidad. Jacob, Israel, ve en sueños una escalera que llega hasta el Cielo y los ángeles que suben y bajan por ella. Este signo es la promesa de que la compañía de Dios no se apartará del pueblo de Israel, y se cumple con la encarnación del Verbo: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» (Jn 1, 51) En la persona de Cristo lo humano y lo divino han quedado unidos, como un puente que une el Cielo y la Tierra, y de allí que no haya otro camino para llegar al Padre.

Sin embargo, nada de esto parece estar presente en las consideraciones de los promotores de la obra:

‘Lo Sagrado’ trata sobre un viaje que tiene un hombre a su interior, intentando encontrar su fe, su voz, y es un hombre que pudiera ser cualquiera de nosotros, intentando encontrar esa vocecita que le dé un impulso para seguir”, explicó Jimmy Rangel, director de la iniciativa artística.

“La puesta en escena es la escala de Jacob, eso es bíblico: el hombre que aspira a lo trascendente, que busca a Dios; y la navidad es, también, que Dios viene al encuentro del hombre. Es el gran misterio, Dios hecho hombre”, explicó monseñor Sergio Pulido, párroco de la Catedral Primada.

Bajo el influjo del Racionalismo, la herejía modernista niega la Revelación de Dios al hombre, y convierte las manifestaciones de lo sagrado en una mera expresión de una ‘conciencia religiosa’ que estaría en el fondo de todo ser humano. Todas las religiones no serían más que diferentes formas de expresar esa misma conciencia, y por lo mismo, estaríamos siempre ante una construcción socio-cultural. Es una manifestación del hombre que busca a Dios, no de Dios que sale al encuentro del hombre. “Lo sagrado” es producto, en este caso, de una elección arbitraria, una experiencia puramente subjetiva. Es el giro antropocéntrico de la teología, que muchos, entre ellos el Papa Benedicto XVI, han venido denunciando. De ahí que, tal y como puede apreciarse en los breves fragmentos de la obra en los videos que circulan en redes, el juego de luces, el movimiento de los actores y bailarines, está completamente disociado del espacio sagrado en el que se encuentran y el acto cultual que le es propio.

Como hemos dicho,  la Iglesia no ha sido ajena al arte dramático, pues al fin y al cabo los signos visibles y sensibles son un lenguaje mucho más elocuente que las palabras más escogidas. Tomar la custodia con el velo humeral en lugar que las manos desnudas, evitar dar la espalda al tabernáculo, mantener juntos el índice y pulgar para evitar soltar las partículas del corpus, comulgar de rodillas y en la boca en lugar de en la mano y de pie, son gestos visibles que proclaman de forma tácita que estamos ante el mismo Dios, mucho mejor que todas las catequesis y sermones acerca de la Eucaristía. Por más que se insista en los sermones sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristia, nadie lo creerá realmente si observa que los hechos desdicen las palabras y las sagradas formas pasan de mano en mano como una galleta cualquiera.

Por lo mismo, aunque la obra de teatro tenga un contenido absolutamente edificante y evangelizador, que no lo parece en absoluto, aunque efectivamente tratase sobre el misterio profético de la Escala de Jacob como anuncio de la venida de Cristo, todo esto es anulado por el estruendo ensordecedor del signo de mayor elocuencia: La desacralización, la profanación, la mundanización del lugar más sagrado de toda la Iglesia de Bogotá.

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jueves, 21 de diciembre de 2023

Editorial: Francisco vs. Francisco ¿Puede haber autoridad sin el principio de No Contradicción?

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La Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado una nueva Declaración titulada Fiducia supplicans, que ha sido ampliamente publicitada en los medios oficiales de la Iglesia, así como en los medios de comunicación seculares, debido a que ha abierto la puerta que hace apenas dos años había cerrado la misma congregación.

Responsum de la Congregación para la Doctrina de la Fe a un dubium sobre las bendiciones de las uniones de personas del mismo sexo, 15.03.2021

Declaración Fiducia supplicans sobre el sentido pastoral de las bendiciones, 18.12.2023

Por este motivo, no es lícito impartir una bendición a relaciones, o a parejas incluso estables, que implican una praxis sexual fuera del matrimonio (es decir, fuera de la unión indisoluble de un hombre y una mujer abierta, por sí misma, a la transmisión de la vida), como es el caso de las uniones entre personas del mismo sexo. La presencia en tales relaciones de elementos positivos, que en sí mismos son de apreciar y de valorar, todavía no es capaz de justificarlas y hacerlas objeto lícito de una bendición eclesial, porque tales elementos se encuentran al servicio de una unión no ordenada al designio de Dios.

Además, ya que las bendiciones sobre personas están en relación con los sacramentos, la bendición de las uniones homosexuales no puede ser considerada lícita, en cuanto sería en cierto modo una imitación o una analogía con la bendición nupcial, invocada sobre el hombre y la mujer que se unen en el sacramento del Matrimonio, ya que «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia».

En el horizonte aquí delineado se coloca la posibilidad de bendiciones de parejas en situaciones irregulares y de parejas del mismo sexo, (…). En estos casos, se imparte una bendición que no sólo tiene un valor ascendente, sino que es también la invocación de una bendición descendente del mismo Dios sobre aquellos que, reconociéndose desamparados y necesitados de su ayuda, no pretenden la legitimidad de su propio status, sino que ruegan que todo lo que hay de verdadero, bueno y humanamente válido en sus vidas y relaciones, sea investido, santificado y elevado por la presencia del Espíritu Santo. Estas formas de bendición expresan una súplica a Dios para que conceda aquellas ayudas que provienen de los impulsos de su Espíritu – que la teología clásica llama “gracias actuales” – para que las relaciones humanas puedan madurar y crecer en la fidelidad al mensaje del Evangelio, liberarse de sus imperfecciones y fragilidades y expresarse en la dimensión siempre más grande del amor divino.

El Sumo Pontífice Francisco, en el curso de una Audiencia concedida al suscrito Secretario de esta Congregación, ha sido informado y ha dado su asentimiento a la publicación del ya mencionado Responsum ad dubium, con la Nota explicativa adjunta.

Ex Audientia Die 18 diciembre 2023

Francisco

Ya previamente dijimos que la extensión de una sentencia de la Corte Constitucional es directamente proporcional a la iniquidad en ella contenida. Algo similar ocurre con los documentos magisteriales: Su extensión es directamente proporcional a la distancia que le separa de la Fe Católica. Este nuevo documento es extenso precisamente porque insiste ad náuseam en que no hace lo que precisamente sí hace: Contradecir abierta y directamente la Responsa emitida por la Congregación en 2021.

En 2021 la CDF había dejado claro que cualquier elemento positivo que puedan aparentar tales uniones está al servicio de una unión desordenada, pecaminosa, y por ende no puede ser objeto de bendición alguna. Hoy, el Card. Víctor Manuel Fernández dice todo lo contrario, que a pesar de lo irregular de tales situaciones, hay elementos “verdaderos, buenos y válidos” en tales relaciones que pueden ser objeto de la gracia. Ambos documentos fueron publicados con el aval del Papa Francisco, ambos son ejercidos en su nombre, con su autoridad.

”Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir.” (Mt 12, 25.) ¿Qué no decir de una cabeza dividida contra sí misma? Francisco ha contradicho la doctrina y el magisterio de los pontífices anteriores de tantas formas, que ya no causa ninguna sorpresa. Contradijo abiertamente a Juan Pablo II en Amoris Laetitia, contradijo abiertamente a Benedicto XVI con Traditionis Custodes, y contradijo el Catecismo de la Iglesia Católica al alterarlo en relación a la pena de muerte. Ahora Francisco se contradice a sí mismo y desdice lo que él mismo había dicho en 2021, para decir justamente lo contrario.

En los Estados seculares, el partido que gana las elecciones llega a cambiarlo todo y a contradecir todo lo hecho y dicho por el otro partido, culpable de la situación del país, porque su autoridad se basa en la violencia del número y la voluntad desatada de los electores, no en la fidelidad a la Tradición Apostólica. Pero aún en esos gobiernos seculares, un presidente que contradice lo que él mismo ya había dicho y hecho siembra fuertes dudas acerca de su capacidad psicológica para ejercer la autoridad. De contradecir a los fundamentos teológicos de la propia autoridad, hemos pasado a contradecir a los fundamentos mismos de la lógica, como lo es el principio de no contradicción. ¿Dónde queda la infalibilidad pontificia en este punto?

Los alemanes, por ejemplo, de rebeldes se han convertido en profetas. Después de las múltiples advertencias y llamados de atención por parte del Card. Ladaria y el Card. Parolin cuando autorizaron tales bendiciones en contra de Roma, han quedado revalidados por este nuevo documento. El mensaje no podría ser más claro: Continúen avanzando por la vía de los hechos consumados, ordenen sacerdotisas, casen homosexuales, eliminen el celibato, que Roma les seguirá.

Por lo pronto, los obispos de Kazajistán, Malawi, Nigeria, Togo, Zambia, Ukrania han rechazado el documento y han dicho que en sus jurisdicciones no se permitirán tales bendiciones. La Confraternidad Británica de Clérigos Católicos que agrupa a más de 500 presbíteros y diáconos en Inglaterra, Gales y Escocia ha declarado que tales bendiciones son inadmisibles teológica y pastoralmente.

No es para menos. El daño en las almas de los feligreses, que ven cómo todo lo que siempre han creído queda borrado de un plumazo, es de tal grado que cualquier silencio por parte de los pastores es complicidad. Y después de la salus animarum, el segundo peor damnificado es la propia autoridad pontificia, y por asociación, la de todo prelado. ¿Qué credibilidad va a tener el obispo que sale a decir que lo que dijo ayer no era válido pero lo que dice hoy sí lo es?

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jueves, 22 de septiembre de 2022

Editorial: El Catolicismo contra el Rosario de hombres

"cum ergo venerit dominus vineæ quid faciet agricolis illis; ajunt illi malos male perdet et vineam locabit aliis agricolis qui reddant ei fructum temporibus suis." Mt. 21, 40-41.

El diario El Catolicismo, órgano oficioso de la Arquidiócesis de Bogotá, ha publicado un Editorial en el cual critica la iniciativa de convocar al rezo público del santo rosario a modo de protesta contra la persecusión anticristiana impulsada por gobiernos como el de Claudia López en la alcaldía de Bogotá, autor intelectual del cierre del oratorio en el aeropuerto El Dorado, o el nacional de Gustavo Petro que amenaza por cerrar la capilla del Congreso de la República. El articulo, que recuerda a una reciente publicación del medio estadounidense The Atlantic que comparaba la camándula de los católicos con el rifle de asalto AR-15, pretende alertar sobre una tendencia nociva en la movilización política del laicado católico, pero termina convirtiéndose en síntoma autoevidente de la necesidad de tal movilización, dada la orfandad del pueblo católico por la negligencia palpable del clero, que reniega de aquello que ha prometido mantener y transmitir.

“Convirtieron el Rosario en un arma de protesta”, dijo recientemente un prelado, viendo las imágenes de unas personas situadas en la calle para protestar contra algo que no era de su agrado. Y es cierto. Se ha convertido en una especie de hábito el que algunos católicos se agrupen ante instituciones, clínicas, edificios estatales y, camándula en mano, expresen su protesta por una u otra cuestión. Aunque hay que reconocer la valentía de situarse en la calle para levantar la voz de protesta cuando hay ofensas a la religión y a la Iglesia, cabe preguntarse si una oración como la del Rosario fue diseñada para tal fin, pero, sobre todo, si esos plantones generan a la larga algo positivo o una mayor repelencia con la fe y la Iglesia.

Parece olvidar el anónimo prelado, citado por el medio, que la analogía bélica con la vida cristiana es utilizada desde el mismo San Pablo: "Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos." (Ef. 6, 17-18.) Si les repugna a los prelados que los católicos tomen el rosario como arma, es porque han olvidado que “la vida del hombre en la tierra es milicia” (Job 7, 1.) y les preocupa el agrado o desagrado del Mundo que la gloria de Dios (Jn 5, 44.). En efecto, si Cristo se hubiera preocupado jamás por la repelencia que sus palabras pudieran causar en el público, no habría dicho una sola, ni habría hecho milagros en sábado, y, en fín, habría hecho todo lo posible por evitar su crucifixión. Los apóstoles habrían callado la resurrección de Cristo, dada la repelencia del Sanedrín, Pablo habría callado la predicación ante la repelencia de los atenienses, y el Evangelio, en resumen, habríase extinguido ante la repelencia producida en las autoridades romanas.

El editorial parece reconocer que el enmudecimiento acomodaticio del clero sólo ha producido repelencia por parte de los fieles laicos, que de un momento a otro se han visto pastoreados por mercenarios. “Hoy en día se ha visto un despertar notable de los laicos para ser la voz de protesta de la Iglesia pues a veces consideran las intervenciones de los pastores muy genéricas y diplomáticas, sin efectos reales sobre ciertos problemas por solucionar.” pero acto seguido nos da justamente la razón de tal abandono de funciones por parte de los pastores: “Sin embargo, pareciera que hoy en día la Iglesia tiene que ser la abanderada del diálogo en todo momento, pero sobre todo en cuestiones problemáticas que causan tensiones”.

¡Omnipotente mantra del “diálogo”, que habría salvado a Cristo de la crucifixión y librado a los Apóstoles del martirio! ¡Qué lástima que en la primitiva Iglesia apostólica no hubiesen conocido su poder disolvente (¿Cuántas veces aparece la palabra en el Evangelio?)! Gracias al novísimo descubrimiento del diálogo podemos lograr que el Evangelio y el antievangelio se  sintetizen en un nuevo paradigma que no sea una cosa ni la otra pero que parezca ambas a la vez. ¡Tarde llegaron a la Iglesia los apóstoles Hegel y Habermas a enseñarnos que el diálogo exige la determinación mutua de las partes dialogantes, y exige por lo tanto la disposición a la indeterminación permanente (pues las verdades no se dialogan)!

El diálogo es la antítesis de la evangelización. Los Hechos de los Apóstoles dan cuenta de las múltiples conversaciones que tuvieron al predicar el Evangelio. El corpus riquísimo de los apologetas no es más que la compliación de las discusiones que sostuvieron contra aquellos que sentían “repelencia con la fe y la Iglesia”. Empero, nunca ninguno de ellos renunció a afirmar la verdad del Evangelio y la necesidad de la Fe católica para la salvación de las almas, ni cambiar sus palabras por miedo al rechazo y la repelencia.

Podrá creer el lector que me excedo al oponer el espíritu de diálogo con la evangelización, y presumir en el editorialista tal negación del mandato evangélico. Afortunadamente, a confesión de parte, relevo de prueba, y no es sino escuchar al mismo autor para verificar tal antonimia (negrillas nuestras):

Por eso, insistimos, el diálogo para crear, fortalecer o sanar vínculos de la fe y la sociedad, o la fe y las instituciones, o la fe y el Estado, debe ser la herramienta –no arma- para lograr acuerdos benéficos para que los creyentes puedan vivir su fe en medio de la sociedad sin mayores inconvenientes. La Iglesia toda debe ser conciente de que estamos en un mundo cambiante y que se hace necesario encontrar las formas adecuadas para continuar su misión en todas partes. En Colombia, la Constitución y las leyes admiten y protegen los derechos religiosos de las personas y en ese marco hay que actuar.

Así como lo leen: No se trata de que los católicos pretendan que toda la sociedad colombiana vuelva al seno de la Iglesia, "que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre." (Flp. 2, 11), se trata de que nos acomodemos a ser un ingrediente más del decorado multirreligioso del “Estado laico”, una alternativa más en el menú de la Libertad Religiosa. Estamos en un mundo cambiante, y ya no son los tiempos en que la Iglesia guiaba al mundo, sino que ahora la Iglesia ha de dejarse guiar por el Mundo. Se trata de dejar que el mundo cambie y “progrese” en su carrera precipitada al abismo, si así lo pide la Constitución y la ley, mientras nos dejen tranquilos vivir “nuestra fe” (en minúscula claro, porque el posesivo indica que no es la virtud teologal de ‘la Fe’, sino una mera opción particular) sin “inconvenientes” (imposible leerlo sin la voz del personaje de Thomas Cromwell en Un hombre para la eternidad).

Que el Estado permita el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, mientras nos dejen celebrar nuestro matrimonio religioso. Que legalicen el aborto, pero que no lo obligen a los médicos y hospitales católicos. Que eliminen toda expresión pública y oficial de la Fe católica, que ordenen el cierre de las Iglesias y pretendan dictar la forma en que se ha de celebrar el rito y repartir los sacramentos (Duque fecit),  pero eso sí (¡horror!) que no le vayan a cobrar impuestos al clero. No es fortuito que el editorial reproduzca la línea marcada previamente por lo medios estadounidenses: Estamos ante la vieja heterodoxia del Americanismo contra la que advirtió León XIII:

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a la sabiduría católica a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe acercarse un poco más a la humanidad de este siglo ya maduro, aflojar su antigua severidad y hacer algunas concesiones a los gustos y opiniones recientemente introducidas entre los pueblos. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas que conforman el "depósito de la fe". Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar las voluntades de aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos de la doctrina como si fueran de menor importancia, o moderarlos de tal manera que no conservarían el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado. (…) No puede en absoluto considerarse como carente de culpa el silencio con el que ciertos principios de la doctrina católica son intencionalmente omitidos y oscurecidos con un cierto olvido. Pues uno y el mismo es el Autor y Maestro de todas estas verdades que son abrazadas por la disciplina cristiana: «el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre» (Jn 1,18). Estas verdades son adecuadas para todos los tiempos y todas las naciones, como se ve claramente por las palabras de Nuestro Señor a sus apóstoles: «Id, pues, y enseñad a todas las naciones; enseñándoles a observar todo lo que os he mandado, y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19). Testem Benevolentiae Nostrae.

Pues, sin oposición por parte de la Constitución del Estado, sin impedimento alguno por parte de la ley, defendida contra la violencia por le derecho común y por la justicia de los tribunales, le ha sido dada a vuestra Iglesia una facultad de vivir segura y desenvolverse sin obstáculos. Pero, aun siendo todo esto verdad, se evitará creer erróneamente, como alguno podría hacerlo partiendo de ello, que el modelo ideal de la situación de la Iglesia hubiera de buscarse en Norteamérica o que universalmente es lícito o conveniente que lo político y lo religioso estén disociados y separados, al estilo norteamericano. Pues que el catolicismo se halle incólume entre vosotros, que incluso se desarrolle prósperamente, todo esto debe atribuirse exclusivamente a la fecundidad de que la Iglesia fue dotada por Dios y a que, si nada se le opone, si no encuentra impedimentos, ella sola, espontáneamente, brota y se desarrolla; aunque indudablemente dará más y mejores frutos si, además de la libertad, goza del favor de las leyes y de la protección del poder público. Loginqua Oceani.

Hay otros liberales algo más moderados, pero no por esto más consecuentes consigo mismos; estos liberales afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, pero no la vida y la conducta del Estado; es lícito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar sin tenerlos en cuenta para nada. De esta noble afirmación brota la perniciosa consecuencia de que es necesaria la separación entre la Iglesia y el Estado. Es fácil de comprender el absurdo error de estas afirmaciones. Libertas Praestantissimum.

El Americanismo, versión sibilina y disimulada del Liberalismo de tercer grado, pretende que la Iglesia abrace la libertad liberal de cultos, y abandone su pretensión acerca de la Constitución católica de los Estados; que ante el temor del laicismo agresivo, que proscribe toda religión, abracemos la “laicidad” positiva, que promueve la pluralidad de religiones. Es ese mismo Americanismo el que se ha implantado en Colombia con la Constitución de 1991 como proyecto político neutralizador del Catolicismo en la sociedad colombiana, y que, como lo evidencia el artículo, se ha instalado en el clero colombiano para convencerlo de la Fe no es lucha sino tranquilidad, y no hay que alborotar el avispero mientras nos dejen facturar en paz.

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